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Sección : Poesía

Ángel González

 

Cuando un poeta se muere sus versos se llena de luces extrañas, se iluminan igual que el fuego de San Telmo ilumina los barcos en la “calma chicha” del inmenso océano.

Y en esa ya permanente soledad, y en esa ya irreversible distancia, se escucha el lento chapoteo de una barca cuyos remos mueve la parca con gesto de ganancia. Pero el poeta vive en sus poemas después de muerto (lo que nos queda) y vive para siempre en la definitiva rúbrica de sus sueños.

Todos sus poemas son el poeta (tal vez todos los poetas sean un único poema), pero hay algunos poemas en los que su presencia es más desnuda, más descarnada; se hace más visible su tiempo, su memoria, su compromiso, su ironía y su desasosiego.

De entre toda la importante obra poética de Ángel González, he escogido un itinerario corto por cinco poemas que, a mi parecer, nos aproximan a su perfil de poeta-hombre o viceversa.
                                                 ANTONIO HERRANZ

 

De ÁSPERO MUNDO

 

Para que yo me llame Ángel González,

para que mi ser pese sobre el suelo,

fue necesario un ancho espacio

y un largo tiempo:

hombres de todo mar y toda tierra,

fértiles vientres de mujer, y cuerpos

y más cuerpos, fundiéndose incesantes

en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron

con su cambiante luz, su vario cielo,

el viaje milenario de mi carne

trepando por los siglos y los huesos.

De su pasaje lento y doloroso

de su huida hasta el fin, sobreviviendo

naufragios, aferrándose

al último suspiro de los muertos,

yo no soy más que el resultado, el fruto,

lo que queda, podrido, entre los restos;

esto que veis aquí,

tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste

a su ruina que lucha contra el viento,

que avanza por caminos que no llevan

a ningún sitio. El éxito

de todos los fracasos. La enloquecida

fuerza del desaliento…

 

(Identidad consciente. Herencia y estirpe con nombre y apellidos. Memoria oculta de la que el hombre aprende. Viaje imaginario hasta reconocerse. Se percibe lo sublime en el justo momento de la aceptación. Hijo del limo.)

 

De SIN EPERANZA / CON CONVENCIEMIENTO

 

YO MISMO

 

Yo mismo

me encontré frente a mí en una encrucijada.

Vi en mi rostro

una obstinada expresión, y dureza

en los ojos, como

un hombre decidido a cualquier cosa.

 

El camino era estrecho, y me dije:

“Apártate, déjame

paso,

pues tengo que llegar hasta tal sitio”.

 

Pero yo no era fuerte y mi enemigo

me cayó encima con todo el peso de mi carne,

y quedé derrotado en la cuneta.

 

Sucedió de tal modo, y nunca pude

llegar a aquel lugar, y desde entonces

mi cuerpo marcha solo, equivocándose,

torciendo los designios que yo trazo.

 

(Lucha interior, herida siempre abierta. El enemigo siempre somos nosotros mismos. No llegar llegando para sobrevivir. La encrucijada de toda disyuntiva se hace transparente humanidad. El error no lleva necesariamente a la derrota.)

3. De TRATADO DE URBANISMO

 

CIUDAD CERO

 

Una revolución.

Luego una guerra.

En aquellos dos años -que eran

la quinta parte de toda mi vida-,

yo había experimentado sensaciones distintas.

Imaginé más tarde

lo que es la lucha en calidad de hombre.

Pero como tal niño,

la guerra, par mí, era tan sólo:

suspensión de las clases escolares,

Isabelita en bragas en el sótano,

cementerios de coches, pisos

abandonados, hambre indefinible,

sangre descubierta

en la tierra o las losas de la calle,

un terror que duraba

lo que el frágil rumor de los cristales

después de la explosión,

y el casi incomprensible

dolor de los adultos,

sus lágrimas, su miedo,

su ira sofocada,

que, por algún resquicio,

entraban en mi alma

para desvanecerse luego, pronto,

ante uno de los muchos

prodigios cotidianos: el hallazgo

de una bala aún caliente

el incendio

de un edificio próximo,

los restos de un saqueo

-papeles y retratos

en medio de la calle…

Todo pasó,

todo es borroso ahora, todo

menos eso que apenas percibía

en aquel tiempo

y que, años más tarde,

resurgió en mi interior, ya para siempre:

este miedo difuso,

esta ira repentina,

estas imprevisibles

y verdaderas ganas de llorar.

 

(El punto de partida. Estigma de la experiencia en la ciudad cero de la muerte. Tragedia extraordinaria de la vida. Los ojos recogen los prodigios, los ojos se anegan en el llanto. El poeta y su memoria en una dolorosa unidad indestructible.)

 

4. De BREVES ACOTACIONES / PARA UNA BIOGRAFÍA

 

MERIENDO ALGUNAS TARDES

 

Meriendo algunas tardes:

no todas tienen pulpa comestible.

 

Si estoy junto al mar

muerdo primero los acantilados,

luego las nubes cárdenas y el cielo

-escupo las gaviotas-,

y para postre dejo a las bañistas

jugando a la pelota y despeinadas.

 

Si estoy en la ciudad

meriendo tarde a secas:

mastico lentamente los minutos

-tras haberles quitado las espinas-

y cuando se me acaban

me voy rumiando sombras,

rememorando el tiempo devorado

con un acre sabor a nada en la garganta.

 

(Calma y desasosiego. A la luz ambigua de la tarde, en la hora violeta, cuando se siente hambre de ser y el alimento es un simple ejercicio de autoestima. Sarcástico mantel donde se sirve como un plato frío la existencia.)

 

 

 

 

 

 

5. De POESÍAS SIN SENTIDO

 

DATO BIOGRÁFICO

 

Cuando estoy en Madrid

las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las

noches.

La luz no las anima a salir de sus escondrijos,

y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por

mi dormitorio.

lugar hacia el que

-por oscuras razones-

se sienten irresistiblemente atraídas.

Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente

de la república.

y yo me pregunto :

¿en qué país se creen que viven?,

estas cucarachas no leen los periódicos.

 

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache

y baile tangos hasta la madrugada,

para así practicar sin riesgo alguno

su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas

por las anchas baldosas de mi alcoba.

 

A veces las complazco,

no porque tenga en cuenta sus deseos,

sino porque me siento irresistiblemente atraído,

por oscuras razones,

hacia ciertos lugares muy mal iluminados

en los que me demoro sin plan preconcebido

hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

 

Ya de regreso a casa,

cuando me cruzo con sus pequeños cuerpos que se evaden

con torpeza y con miedo

hacia las grietas sombrías donde moran,

les deseo buenas noches a destiempo

-pero de corazón, sinceramente-,

reconociendo en mí su incertidumbre,

su inoportunidad,

su fotofobia,

y otras muchas tendencias y actitudes

que -lamento decirlo-

hablan poco a favor de esos ortópteros.

 

(Quiere ser lo que dice. Quiere nombrar para resucitarse. En la similitud un resto de esperanza, en la confesión un resto de conciencia maltratada. Desde lo oscuro y en lo oscuro la ironía se enciende y nos redime. Metamorfosis.)

(Antonio Herranz)

Febrero 2008

 

(Nota: Estos poemas de Ángel González están en su antología “Palabra sobre Palabra”, publicada en la Editorial Seix Barral.)

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Código de Conducta (Fragmentos) Antonio Herranz

Una nada
fuimos, somos, seremos
siempre, floreciendo:
rosa de nada,
de Nadie rosa.

PAUL CELAN
Otros ecos habitan el jardín…
                                                       
                                                                      T.S. ELIOT

Aquí la piedra es manantial

que fluye de la memoria de los nombres.

Es calle hacia el conocimiento,

recuerdos de una ingenuidad lejana.

Es inmóvil muralla en movimiento.

Cubo infinito lleno de suspiros.

Piedra cómplice horadada de círculos de sangre.

…………………………………………….

A la luz del día

nuestros muros se encienden,

y nos redime el tiempo.

El hacer y el deshacer del tiempo:

su colmena de sueños renovados,

su cieno donde se larva el instante,

sus ventanas cerradas a la hora de la confusión.

Amen.

……………………………………………….

 

Aquí la piedra huele a orines y se hace humana,

y entre sus grietas crece el moho de la historia.

Este lugar no existe,

pero nosotros somos sus fantasmas

buscando un destino con ambición y esperanza.

Sentimos que la noche nos habla,

lo único capaz de sujetarnos.

……………………………………………………

 

Sobre la almohada, entre anzuelos azules,

el ansia de vivir.

Y la verdad no alcanza al sentir del héroe,

tranquilo en su indolencia.

Qué nos queda del ímpetu sagrado

de recomponer los cuerpos maltratados,

de masticar sombras mientras se palpa

la perversa simetría del amor.

………………………………………………

 

Rueda el día sin carisma

desde las cumbres desgastadas.

Surgen luces homónimas

y en los hombres renace

el viejo deseo de acariciar

el cielo con sus torres huecas.

¿Por qué, si no falta el delirio,

tiene el porvenir tan oscuro horizonte?

………………………………………………

 

Con un aullido constante, vertical,

quiere el deseo encontrar su réplica,

quiere el pensamientos un ideal que calme

el abultado vientre del naufragio.

Se endurece la flor blanca del magnolio,

como nosotros, fábrica de dioses,

envueltos en brumas y en arena deshechos,

donde alguien escribe, aunque de nada sirva,

lo que pudimos ser y ya no somos.

………………………………………………….

 

Mutó la pasión como un cisne inventado

en medio del estanque de los años.

Poco a poco bebimos en el cuenco del olvido.

No eran aguas tranquilas para asomarse

ni para ver la realidad como espejo indiferente.

Pero miramos una, dos, mil veces…

como si la vida más tarde pudiera repetirse.

………………………………………………………

Bajo las piedras

se oye el rumor del tiempo,

acerco mi oído desafecto

y escucho a todos los que en mí han sido.

Piel de musgo que acaricia

con su aliento mi verso,

pues sólo la palabra esculpe,

donde la responsabilidad comienza,

la madera noble de la imaginación.

……………………………………………………….

 

En las fisuras del alma, en sus heridas,

en sus largos pasillos, en sus rincones,

en su lineal crepúsculo hacia la noche,

se encienden balizas de indulgencia

para cortar el paso a la autocompasión.

……………………………………………………….

 

 

Con el día escorado hacia poniente,

tengo a la tarde deshecha entre mis manos,

como esos pájaros que intuyen

corrientes favorables y huyen

del abrigo de la piedra,

rozando con alas cenicientas

el infierno y la gloria del mundo.

Así surge de mí como herida de insomnio,

la promesa más honda para amar lo inútil.

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