Críticas

11 AM | 13 Feb

LEVIATAN

Dios y el Diablo en la tierra del vodka

leviathan-cartel

Incompetencia profesional, corrupción, presidentes que se perpetúan saltando desde el comité central a un partido supuestamente democrático, abuso de poder, censura y violación repetida de derechos humanos, infiltración de mafias en cuerpos del estado, connivencia de gobierno conlobbies, estados fallidos… la evolución es desesperanzadora y escalofriante y parece ser una realidad en buena parte de los países de la órbita soviética (o en buena parte del territorio de muchos de ellos), de países “europeos” a Asia Central. No somos el mejor modelo a seguir (gracias a políticas abanderadas desde el Gobierno y el Ministerio del Interior, con la ley mordaza, la falta de transparencia en los centros de extranjería y las devoluciones en caliente); pero como mínimo, hasta ahora, podemos escribir estas líneas, tuitear o manifestarnos sin miedo a que alguien nos espere frente a nuestra casa, nos meta en un coche y nos haga desaparecer…  En los últimos meses el cine nos ha dado la oportunidad de contemplar esta realidad en no menos terribles historias de diversa nacionalidad. La kazakaHarmony Lessons (Uroki garmonii, E. Balgazin, 2013), la ucraniana The Tribe (Plemya, M.Slaboshpitsky, 2014) o la rusaThe Major (Mayor, Y. Bykov, 2013). En todas ellas se mostraban diversos aspectos de lo citada anteriormente.Harmony Lessons ponía en evidencia cómo las mafias se infiltraban en los institutos y modelaban a los jóvenes, a la futura sociedad, según sus intereses, rompiendo el alma de quienes se quisieran oponer. Con algún pasaje de desconcertante poesía, era un brutal muestra de una terrible realidad y para mi gusto superaba a la multipremiadaThe Tribe. Esta por su parte, reflejaba también cómo la corrupción y la maldad anidaban desde las edades más jóvenes en Rumanía. En este caso el protagonista se adapta pronto a la violencia y al patrón mafioso existente en un internado para sordomudos en el que impera la extorsión, el contrabando, el proxenetismo, la prostitución y, por encima de todo, la violencia. La rusa The Major sería un borrador de Leviathan, con el enfrentamiento entre un obrero contra el cuerpo policial y la ocultación por parte de alcalde y policía de los motivos del conflicto y del curso del mismo; desafortunadamente la cinta se hundía en su torpe intento de emular el estilo de thriller occidental.

Leviathan, con menos cadáveres y tiroteos, reproduce buena parte del esquema argumental de The Major, con mucho mejor fortuna gracias a una puesta en escena y una planificación exquisitas. Se abre con imágenes en penumbra de una costa rocosa antes del amanecer. Las olas rompen con fuerza y aquí y allí se nos permite observar restos de construcciones o estructuras de barcos. Si la Naturaleza es de una belleza amenazadora, la presencia humana es caduca. En este contexto se nos presenta a  Kolya, mecánico de automóviles, enfrentado al alcalde que maquina un proceso de desahucio ilegal para utilizar el terreno con fines lucrativos. Con calma, evitando subrayados, trabajando el fuera de campo y la elipsis, se nos presenta a los otros personajes del conflicto. A su actual esposa, obrera de la conservera local, harta de conflicto y rechazada abiertamente por el hijo de Kolya; a Dimitri, amigo de Kolya, abogado moscovita que viene confiado de su poder para derrotar al corrupto alcalde mediante un chantaje; y, por fin, al propio alcalde, un alcohólico obeso, despótico e inseguro de sus métodos mafiosos ante los ojos de Dios pero prepotente ante los conciudadanos o trabajadores a los que trata de súbditos. La implacable dirección nos presenta a todos y cada uno de los personajes de modo certero, sin una palabra o un plano de más, con la suficiente precisión para entender, progresivamente, los motivos que les mueven.

Si durante unos instantes creemos en que el plan de Dimitri va a funcionar no tardamos en entender que  están pidiendo un imposible. Kolya reivindica sus derechos sobre una casa y un terreno que son ancestralmente suyos; pero es, simplemente, un pobre diablo, tan dado al vodka como todos los demás y que no atiende a razones. Su pareja es el nudo del conflicto dramático, atrapada entre la lealtad a su marido y su deseo de huir de la pesadilla en que están sumidos. Dimitri, tras su capa de eficiencia, demuestra vanidad y un gran desconocimiento de la realidad rusa, más allá de las calles y la modernidad moscovitas. El alcalde, ogro implacable, es presentado en sus conversaciones con el Pope, no sólo como un hipócrita sino realmente como un personaje monstruoso al que sin embargo otros poderes superiores pueden manipular. Si Harmony Lessons impactaba por su denuncia  del sistema mediante las escenas de violencia, Leviathan va mucho más allá porque describe perfectamente cómo el sistema puede pervivir, puede crecer, con la combinación de ignorantes, personajes que parecen ajenos a la realidad, poderosos y débiles. Leviathan es el sistema y es, como cita un pope, una criatura a la que no se puede vencer o frenar.

leviathan-1

Sin embargo, Zvyagintsev no se limita a tan detallada descripción de personajes y va afortunadamente más allá de lo que hacen numerosas obras de denuncia. La puesta en escena mantiene la tensión del primer al último plano con una sensación de inminente catástrofe, de arranque de violencia, que no tendrá lugar más que en dos o tres situaciones y que es narrado fuera de campo o a cierta distancia. La tensa conversación entre los dos contendientes, totalmente borrachos, en el patio de Kolya, el picnic que sigue la tradición bañado en vodka y  en el que se reparten subfusiles o el ataque a Dimitri, contemplado desde el exterior del vehículo, son excelentes ejemplos de ello.

Con la tragedia cerca de su final, el alcalde, el personaje más siniestro pero también el más complejo, comenta “Dios lo ve todo”. Como Vito Corleone, se aferra a la tradición, a la familia y a la religión, pese a desarrollar sus oscuras y bárbaras maquinaciones. Quizás estaría más tranquilo si recibiera algún castigo. Pero esta desazón forma parte de él y del mundo en el que vive, dónde un diablo como él ha podido medrar y campar a sus anchas. Es cierto, Dios lo ve todo pero no hace nada por evitarlo. La religión ya no es el opio del pueblo. El vodka es más accesible.

Cerrando un círculo, Leviathan concluye en lúgubre tranquilidad. Los restos de barcos, el esqueleto de la ballena, siguen en su lugar, varados, como toda esperanza de cambio…

P.S. En el momento de escribir estas líneas, el rublo se devalúa y numerosos analistas dan a entender que la crisis del petróleo se orienta a la caída de Putin. Este, por su parte, alerta de las injerencias exteriores a la par que asegura la cárcel para sus rivales políticos. Tomemos nota.

Compártelo:
12 PM | 06 Feb

SHAKESPEARE: EL GUIONISTA INVISIBLE

descarga (2) EL GUINISTA INVISIBLE

Los profesores de comunicación audiovisual Jordi Balló y Xavier Pérez han presentado su último libro El mundo, un escenario. Shakespeare: el guionista invisibledonde realizan un análisis de la «decisiva» aportación de William Shakespeare a la ficción contemporánea, especialmente en cine y series televisivas.Ambos son profesores de la UPF. Xavier Pérez es experto en narrativa y crítica cinematográfica y televisiva, y Jordi Balló en cine expuesto, narrativa fílmica y documental de creación. Balló es el director académico del Máster en Documental de Creación de la UPF Barcelona School of Management. Este es el tercer trabajo que realizan conjuntamente tras libros ya clásicos sobre el funcionamiento de la ficción audiovisual como La semilla inmortal a Yo ya he estado aquí.Los autores evocan la influencia de Shakespeare en la ficción audiovisual contemporánea. Los iniciosin medias res, la coralidad de personajes y situaciones, la síntesis de tragedia y comedia, la dramatización de la naturaleza, los diálogos adversativos o el paroxismo de la violencia son recursos que el teatro de Shakespeare ya experimentó. ‘La ficción contemporánea los sigue adoptando y remodelando de una manera particularmente insistente, tal vez porque en estos momentos se ha hecho más visible que el mundo camina hacia su constante autorrepresentación’, argumentan.  De Juego de tronos a El caballo de Turín, de Funny Games a Breaking Bad, de El amigo de mi amiga a The Big Bang Theory, entre otros muchos ejemplos, Balló y Pérez identifican nexos, desgranan incidencias y saltan con absoluta elegancia por encima de tiempos y épocas, con el fin de mostrar un entramado de relaciones significativas.
Breaking Bad y Dexter son algunas de las series que representan mejor el uso de los protagonistas malignos, así como la concepción de las batallas de Juego de Tronos, y los monólogos y las traiciones en House of Cards, todas ellas con la idea de que el mundo es un poder corrupto. «Es un camino de ida y vuelta que hemos tratado que sea productivo e interesante para conocer mejor el mundo audiovisual contemporáneo», manifiesta Jordi Balló, que ha asegurado que estos procedimientos shakesperianos continúan vivos y son más potentes en el siglo XXI que en el siglo XX.

Compártelo:
11 AM | 31 Ene

EL ULTIMO VERANO

¿Quién sabe?

A pesar del convencionalismo que desprende un título como El último verano, frente al mucho más sugestivo 36 vues du Pic Saint Loup (36 vistas del pico de Saint Loup),  tiene un inconfundible aroma melancólico un tanto naif que sin hacer auténtica justicia al filme en cuestión transmite una serie de sensaciones muy reconocibles que podemos llegar a extrapolar al último trabajo de Jacques Rivette. Las noticias no son demasiado halagüeñas, la salud del mítico superviviente de la Nouvelle Vague, ya el único que queda junto a Godard, está muy deteriorada, por lo que esta realización, que nos llega con dos años de retraso, podría convertirse por desgracia en la última pieza de su fascinante filmografía.

El ultimo verano es ante todo una hermosa lección moral por parte de un artista que sigue respetando y admirando el medio en que se expresa. No hay lugar en esta película para elementos innecesarios o subrayados. Cada plano que sucede al anterior es de una pureza y una sencillez sobrecogedoras dignas del más sabio de los maestros. Como buen ilustrador de fantasías, Rivette sabe colocar la cámara en el lugar certero para crear su inigualable representación cinematográfica. Todos los movimientos de cámara, suaves y precisos, la composición de los encuadres o la delicadeza de la trama que los personajes poco a poco van desdeñando, en este punto de su obra son casi milagrosos, pues han alcanzado tal grado de pureza y espontaneidad que no pueden más que sobrecogernos en la butaca del cine. Rivette lleva, como siempre, sus investigaciones expositivas al terreno de la más significativa y maravillosa ficción. Al director de Paris nous appartient (1961) nunca le ha interesado la realidad como tal, siempre ha sido un investigador de las diversas formas representativas con que dicha realidad podía plasmarse. El cineasta nunca ha sido un cronista de su tiempo sino una suerte de moderno mago Méliès a quien lo último que le preocupa es que el espectador descubra sus trucos.

 

Estamos frente a una delicada y breve pieza de cámara que parece chocar de inmediato con las grandes obras características del realizador, de inmensas duraciones (con la reveladora Out 1, noli me tangere (1971) y sus más de doce horas a la cabeza), de las que de alguna forma esta película parece una olvidada pieza recortada en la sala de montaje que ha sido recuperada. Nada más lejos de la realidad. El maestro Rivette frente a la forzosa proximidad de la muerte se sitúa con una lucidez admirable, una vez más, frente a un cine que siempre ha preferido ignorarlo para elaborar uno de los títulos más sugestivos de los últimos años sobre su propio oficio como organizador de historias. Los complejos laberintos, que ocultaban herméticas conspiraciones, dan paso a un conmovedor juego de espejos situado en la pista de un circo de provincias. Un escenario lleno de imaginación en el que importan mucho más los gestos que las palabras. Un espacio, en que el que actúa un grupo de humildes artistas, y en el que descubrimos las huellas de una trágica historia del pasado sobre la que se vuelve en diferentes ocasiones pero que acaba convertida en un elemento secundario frente a la serena madurez narrativa del director y los propios intérpretes. Y es que, sin duda, buena parte del corazón de la pieza se encuentra en unos actores en estado de gracia: Jane Birkin, que continúa con su sempiterno aspecto de adolescente desgarbada, pero con el rostro cubierto ya de significativas y atractivas arrugas, y Sergio Castellito, como imprevisto maestro de ceremonias. La recuperación de los dos intérpretes tiene por supuesto mucho de despedida. Rivette regresa a los escenarios donde registró la magistral La bella mentirosa (La belle noiseuse, 1991) y convierte al director de teatro, obsesionado con encontrar una obra perdida de Goldoni, en un errante personaje anónimo con el que intenta trazar el luminoso último verano de sus personajes.

Observados por el imponente, y hermoso, pico de Saint Loup los artistas deben luchar para que el espectáculo no se detenga y que la fantasía se mantenga tan viva como siempre. No es por supuesto tarea sencilla y menos en el año 2011, por eso frente al Vete a saber de hace ya una década, Vittorio, el personaje de Castellito, para cerrar esta pequeña obra maestra, deja escapar un profético «¿Quién sabe?». Lúcidas palabras que tal vez puedan servir de epitafio para una de las más coherentes y valiosas trayectorias del cine moderno.

Ramon Alfonso

Compártelo:
08 PM | 17 Ene

La peli de recha

Si nos acercapetit indiemos a las críticas que se realizan en filmaffinity, (colaboramos en alguna ocasión con el nombre de felas), veremos que en la mayor parte de ellas tiene puntuaciones muy bajas. A mí me gustó desde el primer momento que la ví, quizás por conocer el canódromo de la Meridiana, sorprenderme el concurso de pájaros, su música, o sencillamente porque me creo la historia y me gusta cómo se cuenta. Lo cierto que es que en el bar todos la puntuamos con un 8, excepto aquellos que pensaban de la misma más o menos lo siguiente:

“Es la primera vez que me asomo al balcón del particular universo del director catalán Marc Recha, el cual se ha labrado una todavía pequeña filmografía lejos de modas y convencionalismos y apostando por la creación de un estilo propio y original. Desconozco pues el carácter la de la totalidad de su obra aunque después de ver su película “Petit indi” puedo hacerme una idea de por dónde van los tiros. Recha compone un relato minimalista con pretensiones de fábula urbana, a las que no son ajenas la presencia de los animales y la naturaleza en general, marco perpetuo en el cual se mueven los personajes. Lo malo es que la idea da como mucho para un cortometraje, y el empeño en alargarla para transformarla en un largo no solo la malogra sino que convierte a “Petit indi” en una sucesión de planos, de escenas incluso, totalmente vacías, huecas, prescindibles en definitiva. Y es que una cosa es apostar por un tipo de cine arriesgado, alejado de los gustos comerciales y otra es despachar productos dignos de llenar el espacio sobrante en el video de una boda familiar.”

Lo cierto es que la peli tenía debía cumplir también en el día de ayer algunos objetivos: comprobar que la Barcelona oficial no tiene nada que ver con el barrio de Vallbona, donde se desarrolla la historia, que hoy incluso tiene las señas de pasar las vías del AVE, que allí los partidos clásicos independentistas tienen pocas posibilidades de ser mayoritarios.

Marc Recha ha ido creando para su hijo Roc episodio a episodio, día a día, camino de la escuela,  una bella y poética declaración de amor paternal. Un día perfecte per volar (Un día perfecto para volar) El filme nace del empeño del cineasta por realzar la complicidad que se ha creado a lo largo de años entre un niño, su hijo, y su padre. Lo que se gestó como una historia íntima, sin pretensiones industriales, libre y espontánea, rodada en cinco días en un entorno muy familiar, se ha convertido en un filme que es todo un homenaje a la paternidad deseada y constructiva.

Marc Recha, ha ido inventando para su hijo un cuento de un gigante que siempre tiene hambre y que vive en un castillo cerca de un bosque con árboles que hablan, setas mágicas y un conejo blanco de orejas rojas. Los circuitos comerciales no aguantan estas propuestas pero nosotros en cuanto podamos y la encontremos lista para proyectar la pondremos. Afortunadamente estamos fueras de esos perniciosos circuitos.

FELIX

Compártelo: