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Críticas

01 PM | 14 Oct

EL ELEMENTO DEL CRIMEN

El elemento del crimen


Dinamarca, 1984. 104m. C.
D.: Lars von Trier P.: Per Holst G.: Niels Vørsel & Lars von Trier I.: Michael Elphick, Esmond Knight, Me Me Lai, Jerold Wells

La ópera prima de Lars von Trier comienza con una serie de imágenes que nos sitúan en El Cairo. Tras éstas, un plano fijo nos muestra a un terapeuta que habla directamente a cámara, dirigiéndose al protagonista del film, el detective Fisher. La voz de éste se escucha en off con un profundo tono grave, como un sonido escuchado en el interior de nuestra cabeza. confirmándonos que estamos viendo a través de sus ojos. Cuando el terapeuta decide hipnotizar a Fisher para descubrir qué es lo que pasó en su último caso, la búsqueda de un asesino que descuartiza a niños que trabajan vendiendo lotería en una anónima localidad europea, comenzando una cuenta atrás, sumerge a Fisher en su propia consciencia, a la búsqueda de esos recuerdos alterados, y a nosotros con él. Por tanto, a partir de ese punto, el relato que se nos contará no tiene que ser necesariamente la verdad de lo que ocurrió, sino la interpretación que el protagonista hace de esos hechos, los cuales pueden ser facilmente manipulados. De hecho, a lo largo del metraje escuchamos varias veces la voz en off del terapeuta dudando de lo que está escuchando: a veces, le dice a Fisher que está divagando y otras le pregunta si realmente tal personaje dijo tal frase.

Este punto de vista subjetivo está directamente relacionado con las pesquisas detectivescas de Fisher, quien hace uso del método llamado «el elemento del crimen» para encontrar al asesino. Dicho método, elaborado por Osborne, el antiguo mentor de Fisher, consiste en reconstruir los últimos pasos y acciones del criminal para lograr comprender su manera de pensar: un periplo físico en busca de un objetivo psicológico. El elemento del crimen se convierte así en una espiral introspectiva en la que vamos descendiendo hasta quedar encerrados en un callejón sin salida (primero, nos metemos en la mente de Fisher; a continuación, éste se mete en la mente del asesino; después…), contrastando esa perspectiva mental con la fisididad de los entornos que se nos muestran a través de ella.

Es de esta manera por la cual El elemento del crimen adquiere un tono onírico, casi surrealista, potenciado por la intensamente formalista puesta en escena de Von Trier, quien retrata las acciones de sus personajes y su colocación en los espacios como si formaran parte de una pesadillesca ensoñación: los travellings que recogen a los personajes estáticos, casi fusionados con el entorno como si fueran tableaux vivantes; la obsesiva utilización de las cámaras lentas; los saltos entre secuencias, dando a éstas una forma independiente, autoconclusiva; los extraños diálogos, como si el mensaje nos llegara sólo parcialmente y parte de la información se hubiera perdido en los recovecos de la memoria. Los ballardianos escenarios redondean la adscripción fantástica del film, catalogable en los parámetros de la ciencia-ficción, mostrándonos un mundo apocalíptico, en el que el hombre se mueve entre las ruinas y los desechos de una civilización anterior, ahora permanentemente castigado por una lluvia de tintes ácidos. La penetrante iluminación amarilla de la fotografía cubre de óxido las imágenes, dándoles una herrumbrosa tonalidad industrial, propia de un mundo muerto y en descomposición.

El elemento del crimen utiliza los lugares comunes del cine negro para recrearlos a través de una mirada cerebral, propia del cine de arte y ensayo. Y es de esa mirada intelectual la que ofrece lo peor y lo mejor de la película: por un lado, el resultado es inevitablemente petulante y no poco fastidioso en ocasiones; pero, a la vez, resulta una experiencia fascinante que lega un buen puñado de poderosas imágenes: los caballos sumergidos en un oscuro lago; el plano aéreo que sigue a un helicóptero mientras en tierra se busca un cadáver; las víctimas intentando escapar del asesino rompiendo los cristales de las ventanas, recogido por una grúa en retroceso. El elemento del crimen consigue irritar y ensimismar a partes iguales, suponiendo, por tanto, una perfecta carta de presentación de las constantes que regirán la carrera de un director que siempre se moverá entre las adhesiones más entusiastas y el rechazo más enérgico.

de EL blog DE int

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09 PM | 08 Oct

El extraño amor de Martha Ivers

Tres amigos de la infancia, Martha, Walter y Sam, comparten un terrible secreto. Con el paso del tiempo, la ambiciosa Martha (Stanwyck) y el pusilánime Walter (Douglas) se han casado: ella es una brillante y fría empresaria, y él es el fiscal del distrito; una combinación perfecta para dominar a su antojo la ciudad de Iverstown. Pero el inesperado regreso de Sam (Heflin) a la ciudad, después de muchos años de ausencia, perturba profundamente la vida de la pareja.

Huérfana desde la infancia, Martha es adoptada por su rica tía quien intentará por todos los medios que olvide todos los buenos recuerdos de su padre y su vida anterior. Una noche tormentosa su tía la descubre intentando huir con Sam Masterson quien se marcha de la casa y estalla una terrible discusión entre Martha y su tía. Martha golpea a su tía con un bastón provocando que caiga por las escaleras y muera. Walter O’Neill es testigo y guiado por su ambicioso y oportunista padre decide testificar que un desconocido mató a la mujer.

El extraño amor de Martha Ivers posee un argumento muy compacto; construido sobre las bases del melodrama característico de la serie negra: unos personajes oscuros, un crudo retrato de un peldaño de la sociedad, una mirada pesimista de la vida, un mundo corrupto lleno de sombras y recuerdos que amargan la existencia de las personas… En este sentido la trama se apoya en el factor casual al servicio de las reacciones de los personajes, para esbozar una historia azarosa cubierta de una intriga que se mantiene durante gran parte del desarrollo.

La puesta en escena de este título se muestra efectiva. El ruso Lewis Milestone trabaja con un uso de la cámara enfocado por encima de todo a otorgar mayor importancia al diálogo que a la estética del film. Esta prioridad provocará que la cámara se limite a grabar plácidamente las conversaciones entre los personajes fijando una posición demasiado estática exenta de cualquier creatividad.

 

Respecto a la fotografía de Victor Milner hay que destacar el empleo de la noche y de las malas condiciones climatológicas para crear un ambiente de sordidez. Kirk Douglas sabemos que fue un actor de categoría excepcional, pero aun así sorprende la calidad de este su primer trabajo. Creíble y francamente bien. Lo mismo que Van Heflin y Lizabett Scott (esta última merece ser rescatada de esos olvidos injustos que tanto abundan en el mundo del cine). Y hablando de olvidos, no lo hagan de Judith Anderson, la «odiadísima» ama de llaves de Rebeca, en otro papel cortado por el mismo patrón.

Como detalle cabe mencionar la participación de la poco afortunada Lizabeth Scoot que no gozaría de mucha suerte a lo largo de su trayectoria por el cine. La música de Miklos Rozsa resulta modélica en la utilización de leimotivs para caracterizar a personajes y situaciones, así como en la magnífica labor de combinar animadas partituras de jazz que consiguen enfervorizar el carácter de la historia.

Punto y aparte para Bárbara, actriz que sabe, enamorarnos (La mujer milagro), perdernos (Perdición) o como aquí, sorprendernos con veleidades pasionales y carencia de los más mínimos principios vitales. Al referirnos a ella como “nuestra” Barbara siento que estoy formando parte de un círculo de privilegiados, de un club de fans de una actriz que, a pesar de lo que diga el calendario, sigue existiendo…

En definitiva, este título es un notable largometraje que aúna la virtud de entrelazar una gran historia con un elenco de actores realmente maravilloso.

DEL DIARIO DE UN CINÉFILO CLÁSICO

 

 

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09 PM | 30 Sep

LOS PASOS DOBLES

“Los pasos dobles”: Cuando la imagen se vacía de sentido

[Ganó la Concha de Oro en San Sebastián con su dosis de polémica, e inmediatamente ha llegado a la cartelera española. “Los pasos dobles” es una película difícil y experimental, laberíntica y radical, críptica e incluso se podría decir que vacía y errática, a medio camino entre el documental y la ficción. Como consecuencia, esta propuesta de Isaki Lacuesta termina siendo mucho más minoritario e inaccesible que la estupenda y fresca “La leyenda del tiempo” o que la oscura y reivindicativa “Los condenados”, sus dos mejores trabajos sin duda. Ahora, Lacuesta nos da una de esas películas en las que el espectador no deja de preguntarse por lo que nos quiere decir con tanta metáfora y paralelismo conceptual, con tanto ir y venir en los tiempos e historias, con tanta reencarnación e impostor de identidad.

Se nos recuerda cómo François Augiéras, un enigmático pintor del siglo XX, sepultó sus murales en un búnker militar en el desierto africano, para preservarlo de una humanidad que entonces aún no sabía valorar el arte. Ahora, un grupo expedicionario trata de localizar esa cueva mientras otro de bandidos se emplea en el robo y el engaño, y un pintor –Miquel Barceló– trabaja en unas pinturas y nos ofrece en voz alta sus reflexiones sobre el arte. ¿Qué tienen en común estas múltiples historias? Nunca sabremos quién es o quién fue Augiéras, si su espíritu artístico o de libertad ha permanecido en sus replicantes o si estos se apropiaron simplemente de su nombre. Misterio y secreto, búsqueda e insatisfacción, lo efímero y el carácter de pervivencia de lo creado (de la obra de arte), y de fondo la necesidad de encontrar algo que llene y dé una identidad… aparte de la voluntad del director por reconstruir el Mito y recrear la realidad.

No sabemos bien si Lacuesta y Barceló quieren simplemente lanzar sobre la pantalla imágenes e ideas sugerentes sobre la esencia del arte, o si su pretensión va más allá y desean hablar de la libertad de ese espíritu que reclamaría avanzar sin caminos marcados ni leyes restrictivas. Por momentos, parece que abogan por la ruptura total de límites para la expresividad, y en otros más bien tratan sobre la impostura y la falsedad de la que muchos hacen gala. Confusión narrativa para un guión más que dudoso, o al menos poca claridad para hacerse entender por el espectador, al que exigen demasiado… y al que dan tan poco. Porque no hay emociones ni personajes dotados de humanidad en la cinta, como tampoco historias o imágenes que inviten a la contemplación. El espectador de “Los pasos dobles” sólo encontrará reflexiones y conceptos, más bien oscuros que claros, y una voluntad de vincular lo primitivo-indigenista -junto a la superstición, el acertijo infantil o lo primario y salvaje- con lo artístico… según Lacuesta/Barceló por ser reflejo de un alma más libre y menos convencional.

Queda claro que no es una película para todos los públicos sino únicamente para los muy cinéfilos, para aquellos que busquen la metáfora y que contemplen la imagen como expresión del concepto más abstracto. Ciertamente, la fotografía captura el misterio del desierto y de los pueblos indígenas, mientras que la planificación responde al oficio ya demostrado antes por el director. Pero la cinta nos llega como una amalgama de episodios erráticos y parsimoniosos… y quizá pretenciosos, donde cabe todo tipo de música (desde el spaghetti-western al pasodoble) y de exégesis interpretativa. Una originalidad que al director le valió la Concha de Oro pero que al espectador le deja un poco aburrido y cansado, frío y perplejo, y casi tan vacío como esa fosa encontrada por los exploradores, con la ausencia de certezas que parece desprenderse de unas imágenes y personajes faltos de sentido y humanidad.

Calificación: 5/10

Imagen de previsualización de YouTube

del blog La mirada de Ulises, JULIO R.CHICO

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05 PM | 23 Sep

Iluminacion íntima

Crítica decine21.com

estrella
6
Bienvenidos al campo
Bienvenidos al campo

Petr es un músico que acude con su mujer desde la ciudad a un pueblecito donde se ha de celebrar un concierto. Allí se reencontrará con Bambas, un antiguo amigo que vive en el campo junto a toda su familia y que les acoge en su hogar. Las diferencias entre la ciudad y el campo se hacen presentes desde el principio, y chocarán los modos de vida de cada uno.

Película minimalista, que sabe hacer un buen uso de la música para estructurar la trama, un conjunto de estampas de la vida cotidiana. Ivan Passer, que forma parte de la nueva ola checa, dirigía su primer largometraje, que se alzó con dos premios de la Sociedad Nacional de Críticos; curiosamente, el cineasta se estableció poco después en Estados Unidos y no volvería a rodar en su país. Contado de una manera amena, divertida, y en ocasiones, melancólica, destaca en el film la fresca hermosura de Vera Kresadlová, entonces esposa de Milos Forman, en escenas como la de su flirteo con el tonto del pueblo, o cuando mata el tiempo con un gato.

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11 PM | 16 Sep

Chantal Akerman (1950-2015), cine hecho de piel y tiempo

Ecléctica, íntima y rebelde: Chantal Akerman (1950-2015) desafió la norma e influyó en los cines feministas y experimentales

Fernando Chaves Espinach. 18 octubre, 2015

«Jeanne Dielman, Quai du Commerce, 23 1080 Bruselas» fue la película más influyentes de Chantal Akerman (1950-2015), protagonizada por Delphine Seyrig.

Chantal Akerman, la cineasta belga recién , tenía 18 años cuando realizó su primera película. El cortometraje Saute ma ville (1968) nos muestra a una joven, ella misma, llegando a su cocina, el más tradicional de los ambientes. Pronto, el talante combativo que haría de Akerman una de las directoras más influyentes de su generación se apodera de la pantalla. Revienta.

News from Home (1976) es una de las películas más conocidas de Chantal Akerman, filmada en Nueva York.
News from Home (1976) es una de las películas más conocidas de Chantal Akerman, filmada en Nueva York.

En su debut, Akerman destroza cada ritual de la cocina, poco a poco, con un ritmo cómico que evoca a Jacques Tati y a Charles Chaplin. Es una mujer, una mujer joven, una mujer cineasta; desde esa primera cinta, Akerman anunció una obra consagrada a romper la norma e inventarse su propio lenguaje, no siempre claro, pocas veces fácil y menos aún popular.

Chantal Akerman (1950-2015) hizo con las reglas del cine lo que hace con la cocina en Saute ma ville : destruir, romper, desordenar, hacer de nuevo –un “rechazo de la domesticidad”, escribe Michael Koresky–.

Akerman lo hizo 40 veces más, a lo largo de una fructífera trayectoria , pionera en el cine feminista y experimental, preocupada por la geografía, la sexualidad y la identidad. Su estilo, marcado por tomas largas y reiteración, resuena en la obra de cineastas experimentales desde los años 70.

En La chambre (La habitación, 1972), cuando la vemos acostada en su cama, mirándonos, no está exhibiéndose, sino retándonos: esta es su intimidad, rebelde, propia, muy propia, ocupando su espacio, moviéndose a su ritmo, haciendo su cine.

Voz viva. La ingobernable realizadora contó muchas veces que su inspiración para hacer cine fue Pierrot, le fou (1965), una de las obras maestras de Jean-Luc Godard que marcaron los años 60 y dieron un vuelco al cine.

La voluntad transgresora y salpicada de color de la película de Godard, repleta de referencias cruzadas a la historia del arte y de la cinematografía, inspiró en Akerman un interés por la violencia contenida en lo cotidiano, así como en esa materia prima del cine: el tiempo.

Akerman tenía 25 años cuando realizó la que quizás sea su obra más influyente: Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles . Por tres horas, vemos a una mujer (Delphine Seyrig) realizar labores domésticas con lentitud exasperante. Prepara la comida, limpia, recibe a hombres que le pagan por sexo, habita el espacio. Ese remolino de repeticiones aumenta en intensidad hasta un clímax brutal, violenta clausura de la vida burguesa.

Con Jeanne Dielman , Akerman se confirmó como pionera del cine feminista. “Hay cineastas que son buenos, cineastas que son grandiosos, cineastas que están en la historia del cine y, luego, hay unos poco cineastas que cambian la historia del cine”, dijo Nicola Mazzanti, quien dirige el Real Archivo Fílmico de Bélgica.

A propósito de una de las películas más prominentes de Akerman, la directora Claire Denis comenta en Libération algo que podría extenderse a toda la filmografía de la belga: “ Je, tu, il, elle ( Yo, tú, él, ella , 1976) es un filme único, para mí. Es extremadamente fuerte porque está hecho con su carne, su piel, su vida”.

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