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VIGENCIA EN ROUSSEAU
Félix Alonso
Un amigo del PSUC me regaló en Barcelona “Las confesiones” y desde entonces (demasiados años) ha sido uno de mis libros de cabecera. “Quiero mostrar a mis semejantes un hombre en toda la verdad de la naturaleza…” decía a los inicios delo libro, no he conocido a nadie capaz de hacer del lector juez de los hechos de una vida. Ahora se está celebrando el trescientos aniversario de su nacimiento en diversas universidades y haciendo estudios sobre el peculiar ginebrino. El pasado día 10 invité a los amigos del colectivo a la conferencia que Rafael Fraguas impartía en el Ateneo de Madrid, que se ha sumado a las conmemoraciones, con el título sugerente de: “vigencia del pensamiento de Rousseau”.
Además de ser uno de los personajes apasionantes que han modificado la historia del pensamiento y ha influido en pensadores tan importantes como Marx y Kant, me sorprendió Rafael, muy secundado por Juan Carlos Monedero, por situarle como precursor intelectual del conocido movimiento 15-M, y lo hizo poniendo en valor actual el concepto de “voluntad general” que utilizó Rousseau en su libro “el contrato social”, que fue decisivo para el fundamento de la idea de democracia. Cuando los jóvenes decían que los políticos no les representan (yo creo como Savater que nos representan demasiado) estaban reivindicando, quizás sin saberlo, ese concepto, que se resumiría en dar todo a favor de la comunidad y por consiguiente no perder la capacidad crítica de ser libres.
El “colectivo Rousseau”, fue creado (hace quince años) con la pretensión de profundizar en la democracia y en los valores medioambientales, pensábamos que era necesaria una segunda Ilustración cuando empezábamos a ver numerosos nubarrones neoliberales. Sabíamos del discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, y el discurso sobre las artes que ganó el concurso en Dijon, y en eso nos hemos esforzado, manteniendo siempre propuestas culturales al margen de los mass-media y tratando de influir en la vida política cercana. Hemos tenido en este tiempo un éxito relativo, siempre confortable cuando algunos que nos critican utilizan el mismo lenguaje que el fundador de La Falange en el teatro de la Comedia presentó los puntos fundamentales de su doctrina: “Cuando en marzo de 1.792, un nombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó el contrato social…” No hay nada mejor que el aullido para corroborar que hemos sacado buenas notas.
Repsol: En petróleo, nadie es inocente.
Alejandro Brocato Cardoso
Así son las cosas en la vida. Los mismos que se prometían negocios eternos, hoy se persiguen a escopetazos y solicitan nuestra solidaridad cual si se tratase de un divorcio o un partido de futbol de selecciones de dos pueblos enfrentados por odios históricos y ocultos. Pues bien, tal vez la sabiduría es no participar en elegir uno de los dos bandos que hasta ayer manejaban con secreto y sigilo sus relaciones basados en una ecuación que pasa por tomar para provecho privado lo que debería haber permanecido como propiedad estatal.
Porque para entender un poco lo que esta ocurriendo con este petróleo sucio, hay que ir a lo foto del comienzo. En el año 1999, cuando Repsol compró el 97,5% de las acciones de la firma YPF, la Argentina se encontraba a dos años de la suspensión de pagos y el corralito. Siguiendo una política económica de recortes y constante renovación de una deuda que era a todas luces imposible de pagar. En esa marcha frenética para seguir sosteniendo un tipo de cambio basado en la iniciativa privada, recordemos que la cantidad de moneda en esa economía era consecuencia de las entradas de inversiones y créditos del resto del mundo, había que ir firmando y vendiendo todo lo posible. Y entonces en un pais con petróleo, con una tradición de tener una empresa estatal dominante en ese sector, se pasa a que esa empresa sea una empresa privada, pero que depende de las concesiones de terreno público para hacer sus extracciones de petróleo. Cuando Repsol compra ese marco de negocio, con el apoyo entusiasta de la actual presidenta de Argentina, en ese momento senadora, debería haber considerado que excepto Estados Unidos e Inglaterra, el resto de países productores de petroleo tenían a las empresas estatales al frente de esa actividad. De hecho en Kuwait, después de una guerra se había vuelto a entronar una empresa al 100% estatal para esa actividad, y en la posterior guerra de Irak, también se acabo constituyendo una empresa 100% estatal.
¿Cómo expropiamos en España? Con todo el peso del derecho administrativo , y con la guardia civil. En los dos últimos dos años, se ha visto en la televisión como se expropiaba a un barrio de pescadores de Canarias, sus viviendas, para derribarlas . Viviendas hechas hace más de 60 años, en terreno público, viviendas humildes que la aplicación de la Ley de Costas definió como prioritario echar a suelo. También hemos expropiado de esta forma para nuevas carreteras de la Comunidad de Valencia. Autopistas de peaje que hoy vemos que no podemos continuar, ni terminar ni pagar y que pasaran a engrosar el déficit público. En la España de la burbuja inmobiliaria se pago a precio de catastro al pequeño propietario, o sea dejando a esa gente quebradas económicamente y sin poder comprar algo similar a lo que habían perdido.
¿Fue un buen negocio para Repsol la compra de YPF? En mi opinión lo fue y lo seguirá siendo. Por un lado porque aquel negocio permitió la diversificación actual y la continuidad de esta empresa. No sería hoy multinacional, si no hubiese pasado por ese paso. Si bien queda abierta la cuestión de si para España no hubiese sido mejor que esa empresa estatal, española, no hubiese seguido siendo estatal. Vamos a algunos números gruesos. La compra de YPF supuso en 1999 un desembolso de 15.169 millones de dólares (con un precio barril cercano a los 12 dólares, hoy el barril de Brent a 118 dólares). En grandes números por beneficios cobro unos 9.000 millones de dólares (descontado lo del grupo Petersen-Ezquenazi, que se comentará más adelante), unas ventas en bolsa, incluidas las recientes ventas del mes de febrero, por lo que se cobraron unos 6.500 millones, más un valor libros a fines de 2011 de unos 4.500 millones de dólares, que es el piso para recibir el 51% de ese valor, o sea unos 2.500 millones, más el valor del 5% o más que le quede del paquete accionario. Una cuestión de base, es totalmente legitimo, en empresas privadas, el tener beneficios y estos expresan el grado en que se satisfacen las decisiones de compra en una sociedad.
Si el Gobierno argentino hace lo correcto frente a un más que probable juicio en CIADI del Banco Mundial (el único lugar de controversia legal posible) debería no discriminar en contra del accionariado de Repsol en la expropiación. Con lo cual, para no discriminar entre accionistas debería hacer una quita igual sobre las acciones del grupo Esquenazi. En este contexto, Repsol mantendría alrededor de un 30% del capital accionario.
¿ Se puede explicar el tema del grupo Petersen-Esquenazi? Es la parte surrealista de los últimos años, y que justifica el título de este artículo. Me explico. Según estatutos de la compañía, que Repsol incluyo como salvaguarda contra participaciones hostiles, el que pasase de un 15% del paquete accionario, debería hacer una opción de compra por el 100% de la compañía. De común acuerdo .gobierno argentino-Repsol se le dio entrada en el capital al grupo argentino Petersen-Eskenazi.. En diciembre de 2007 ese grupocompró el 14,9% y se aceptó que comprase otro 10% , sin dinero, a resultas de los beneficios distribuidos de los próximos años, de ese mismo 10%. Si, ha leído bien, una multinacional del petróleo permite que un tercero tenga el 10%, con un pago a futuro de los rendimientos de esa misma participación. Creo que a cualquiera de nosotros nos hubiera gustado llamarnos Peterson-Eskenazi. Repsol no debería haber permitido este acuerdo. ¿Es inconfesable el porque de dicho trato de favor, que muy probablemente suponga cierta colisión con los códigos de comercio, independientemente del contrato que le de sustento? En la práctica si hubo una contraprestación, que cada año se pudo distribuir totalmente el beneficio y en todos los casos se dispuso de las divisas necesarias para sus transferencias a España. ¿A quien le debe Petersen-Eskenazi ese favor por el 10% de la compañía?
¿Existe algún elemento objetivo de mala gestión de Repsol en este entuerto? En principio hay dos cuestiones técnicas a destacar, más una cuestión de política pura. La primera es muy simple, Repsol ha perforado menos que la otrora empresa del Estado. El promedio de esta, antes de la conversión en sociedad anónima en 1992 y entrada parcial del capital privado, se perforaban 101 pozos en total (incluyendo a otras empresas, no solo YPF, por año). Durante 1992 y 1999 el estado tenía participación y acción de oro, fue un total de 86 pozos por año. Los pozos, más tarde o más temprano se van secando, la solución es perforar en otros lugares, encontrar otra bolsa, y seguir extrayendo, en esto consiste el negocio de la extracción. Pues bien, el promedio de todos las compañías desde 1999 ha sido de unos 40, con el último año, de 2010, 18 pozos.
El segundo elemento es de carácter financiero. De una empresa que tenía cero de deuda, se ha pasado una empresa que debe unos 9.000 millones de dólares. ¿Qué es un poco menos o un poco más? Tanto da. Veamos el razonamiento, que es lo que importa. Esta empresa ha tenido distribución de beneficios, si necesitaba activos financieros, léase dinero, para realizar sus operaciones, debería haber utilizado antes sus propio excedente.La política empresaria de distribución de dividendos también debe ser razonable con la imagen de capitalización de la propia empresa. Veamos ahora la posible defensa al endeudamiento y pago de intereses Hay dos respuestas, la primera es que puede ser que el marco de tipo de tributos, impuesto, permita deducir los intereses y gastos financieros, con lo cual el gasto queda en cero o cercano a este valor. Pero esa situación fiscal supone un estado tonto que privatiza con una serie de objetivos, entre el que se encuentra una mejor y mayor captación de impuestos y acto seguido permite que eso se escape por los artículos del código fiscal. La otra razón es del siguiente tipo, Repsol puede obtener resultados mayores en la inversión de su dinero que lo que le cuesta obtener financiamiento para YPF. Para seguir la explicación construyamos un ejemplo hipotetico: se van a necesitar 500 millones para seguir con la actividad el próximo año. Y los beneficios a distribuir este cierre de año son de 750 millones. Una solución es capitalizar la empresa en 500 millones y solo distribuir entre todos los socios, de acuerdo a su participación, 250 millones. Pero Repsol ha hecho un descubrimiento en otro país, que se informa que por las características físicas del yacimiento, dará un rendimiento del 15% por dólar invertido. Dada la solvencia de YPF-Repsol obtiene un crédito en dólares al 5% sobre la plaza de Argentina. Con lo cual se distribuyen los 750 millones a los socios. Los teoremas financieros dirían que la situación patrimonial es la misma. Pero no es lo mismo deberle a un tercero, que nos puede ejecutar, que a los propios socios como retribución por el capital social, que frente a una contingencia adversa, tendrán que aceptar beneficios menores, inclusive pérdidas por algún tiempo. Es su compromiso de largo plazo lo que expresa su capitalización cuando las circunstancias lo demandan. Y se ve que no han respondido a este compromiso por la existencia de esta cantidad de deuda. Alguien podría decir, “pero a efectos del pago por la expropiación es lo mismo, sobre los activos, descontamos los pasivos y eso es lo que tiene derecho Repsol a cobrar ahora. Pero lo que es claro es que el próximo año habrá que hacer frente a un pago de intereses en una situación distinta que la actual. La de hoy la conocemos, ¿la del próximo año? Que una cosa se pueda hacer legalmente no significa que esta bien hecho desde el punto de vista de la confianza recíproca y la opinión pública.
El aspecto de política es que el año pasado, año de elecciones en Argentina, Repsol produjo tanto menos, un 35%, y que en consecuencia se tuvo que incurrir en importaciones masivas y se alcanzó un resultado en la balanza energética, déficit, de unos menos 3.300 millones de dólares, que claramente redujo el superávit comercial. Esto fue dicho por la Presidenta Fernández en su discurso del día lunes 16, y no es un elemento menor para poder explicar la forma en que ha actuado el gobierno argentino, en cierta forma vengativa.
¿Existe algún elemento objetivo de mala gestión por parte del Estado argentino en este entuerto? Destacan dos sobre todos, uno de carácter técnico y otro de carácter también financiero. El de carácter técnico es el cambio vertiginoso en la relación entre el regulador y el regulado. Entre el Estado argentino y Repsol-YPF. A este cambio se le une la incongruencia de que el Estado argentino sigue confiando en cargos políticos que han fracasado en su gestión, como ejemplo máximo el Ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio de Vido. ¿Qué sentido tiene añadir a sus funciones la de nombrarlo como interventor a esta persona al frente de YPF? Ante su mala gestión se lo premia con más cargos. ¿Para cuando un Estado basado en los méritos en Argentina?
El de carácter financiero es que todo el mundo incorpora un mayor riesgo en las operaciones con Argentina, y esto llevará a un encarecimiento en el crédito posible para ese país en todos los sectores. El posible beneficio, habrá que verlo, de contar con más petróleo habrá que contrarrestarlo con el precio presente de la dificultad creciente para todos los sectores que exportan desde Argentina. Y no es un precio menor, con el tiempo iremos viendo su cantidad.
¿Y el papel de los medios de comunicación? Han sido negativos. Han ido calentando el ambiente de una forma irresponsable, ya que la noticia cuanto peor, más vende. Repsol es un gran anunciante y a los clientes se los protege. Queda por ver si esta defensa no acabará trayendo también perjuicios para las empresas de medios de España.
¿Los estados valen ahora más o menos? Antes de esta crisis grave entre Argentina y España cada uno de los estados y ellos mismos en conjunto tenían un valor en el mundo. Para cuestiones de política, economía, nuevas tecnologías, educación, etc. Esta pelea pública los debilita a cada uno y ,gane quien gane, ya han perdido. Y en este caso las formas son importantes, tanto rechazo o aceptación puede generar una larga presentación de una Presidenta o las palabras de algún Ministro español frente a las cámaras de televisión. Cuando lo hacen público, para transformarlo en política de bajo nivel, ambos estados están devaluándose frente al resto de estados en el mundo internacional.
¿Estos son los conatos de la vuelta del nacionalismo como forma política principal? El mundo lleva casi 5 años de crisis, grave en los casos de Argentina y España. En el primer caso, una inflación del 20% anual advierte de penurias y de un modelo que se esta saliendo de control. En el caso de España, una deuda y unas cifras de desempleo aterradoras. Nunca esta demás citar la frase del Doctor Johnson, que el patriotismo es el último refugio de los canallas. Cuando no sabemos que hacer en política, como mejorar la situación de los ciudadanos, para los mediocres siempre viene bien un poco de música militar y una soflama incendiaria. Esto fue lo que ocurrió en la crisis de los años 30, hubo una discusión sobre que hacer, hubo mayor gasto público, Keynes público su obra magna en 1936, en contrario sensu hubo una vuelta al control del gasto, hubo una recaída y finalmente se salió de la depresión por el incremento del gasto militar y la consiguiente guerra.
Por último, un comentario sobre nacionalismo y negocios. En el primer gobierno del General Perón se nacionalizaron (1948) los ferrocarriles que eran una concesión principalmente a empresas inglesas. Se tuvo que pagar una cuantiosa indemnización. Un proceso gradual de reversión hubiera sido menos oneroso. desde el punto de vista económico. Una forma fácil de hacer dinero es llegar a juicios contra el Estado. Que se sepa, Perón murió rico. Esperemos que el conflicto con Repsol no suponga una re-edición de lo citado precedentemente.
LO QUE HAY QUE DECIR
A los 84 años, Grass adopta la forma poética y algunas prevenciones (“envejecido y con mi última tinta”) para quitarle hierro a una toma de postura ante la política exterior de Israel que sabe que levantará ampollas en Alemania, maniatada por un evidente complejo de culpa desde la Segunda Guerra y el Holocausto. Lo que tal vez no podía imaginar Grass es la reacción virulenta que su “poema en prosa” iba a suscitar en el gobierno israelí, quien por boca de su ministro de interior Eli Yishan le declara inmediatamente “personan non grata”, le aconseja poco menos que se exilie en Irán y pide incluso que se le retire el premio Nobel de Literatura. La Academia sueca, mintiendo, ya ha contestado que no tiene por costumbre mezclar la política con las consideraciones literarias.El escritor, que durante años ha criticado en Alemania el pasado nazi de algunos de sus compatriotas, el mismo que en 2005 (Pelando la cebolla) reconoce por iniciativa propia haber militado a los 17 años en las Waffen SS (durante nueve meses y “sin disparar un solo tiro”) vuelve a la carga ahora, tocando lo intocable. El mismo miedo que Grass aduce que usamos como “prueba” contra Irán es el que después se utilizará contra él en Alemania e Israel, un miedo que apenas permite leer con atención su famosos poema. Una vez más, la opinión oculta la verdad y el prejuicio impide leer un simple texto. Leyéndolo atentamente, ¿qué dice este documento que deba provocar escándalo? Si no fuéramos una sociedad tan hipócrita como las anteriores, prácticamente nada: Grass insiste en que el arsenal nuclear israelí, inaccesible a ningún control, es un peligro para la paz mundial; establece una equivalencia, en cuanto a esa opacidad, entre Irán e Israel; harto de la “hipocresía de Occidente”, recuerda que mañana podría ser demasiado tarde; habla de “juegos de guerra” que convierten a los ciudadanos, y a los intelectuales, en una nota a pie de página. No utiliza Grass, por ejemplo, el habitual argumento según el cual, frente a Irán y el resto del mundo musulmán, Israel es la “única democracia” de Oriente Medio. De hecho, después de las geniales declaraciones de Eli Yishan, quien posiblemente utiliza “Lo que hay que decir” con la mirada puesta en el electorado interno, Grass comenta que el gobierno israelí ha realizado en esta ocasión las prácticas represivas propias de las dictaduras, recordando que sólo la antigua RDA y Myanmar (Birmania) le han vetado anteriormente la entrada.¿Antisemita? Grass se manifiesta a favor del pueblo iraní, no de su régimen; a favor del país israelí, no de su nomenklatura. Se puede, por supuesto, estar de acuerdo o no con la posición del escritor, aprobar o rechazar la parte y el todo. Ahora bien, ¿dónde está, a parte del miedo, el motivo de una histeria que nos impide leer, pensar, escuchar? Y no se trata sólo de defender la “libertad de expresión” de cualquiera, sino de defender la necesidad de pensar un argumento nuevo, precisamente porque es distinto e incómodo. ¿No estábamos a favor del pluralismo? Éste no puede consistir en variaciones de la ya cristalizado por el consenso.
La prueba de fuego de la moral, decía Kant, es lo que irrumpe como singular y no tiene equivalencia. Esta posibilidad moral que interrumpe el curso reglamentado de la causalidad, decía el sabio alemán, es lo que diferencia a personas y cosas. Pero es como si los actuales regímenes democráticos estuviesen tan cosificados por la generalidad de lo estándar que cualquier opinión verdaderamente distinta pasa casi automáticamente al campo del terrorismo.Es de destacar que, en principio (hasta una desmedida reacción del gobierno israelí que provoca cierta simpatía hacia Grass), la postura de la izquierda alemana, verdes y socialdemócratas incluidos, fue igual de inquisitorial que el resto de la Alemania oficial, con sus periodistas y políticos otra vez hermanados frente a lo que no se puede decir. Es como si la condición de “recién llegada” a la democracia que tiene parte de la izquierda, acomplejada por su anterior estalinismo, hiciera particularmente furiosa su ilustración a la hora de cerrar filas en torno a los “valores de Occidente”. Por ejemplo, como ocurrió tantas veces en el caso Handke, la página que el 16 de abril le dedica El País a Grass (“intelectual mediático”, “probablemente multimillonario”, “archilaureado, mimado, baboseado premio Nobel”) es llamativamente despectiva y más inteligente de lo que es capaz la derecha. ¿Nos encontramos en un atavismo de las antiguas religiones?: a los herejes no se les escucha, con ellos no se habla. Volvemos a recordar aquel instinto gregario del que se habló en un tiempo, cerrando el cuerpo social como si fuera un organismo. Cierto, no hay sociedad que no sea represiva, que pueda ver los prejuicios que le permiten mirar.Aún así, ¿qué ocurre en las democracias occidentales para que se sientan amenazadas por la punta de un alfiler? Recordemos la reacción de Sarkozy y Hollande ante la masacre de niños y adultos perpetrada en Francia por un solo hombre, un inmigrante árabe convertido al integrismo y dispuesto a matar y morir: “La República ha salido airosa de una dura prueba”. ¿Qué ocurre hoy para que una nación entera tiemble ante la decisión de un hombre? Probablemente, como recordaba Baudrillard en un célebre artículo de hace años, en esta sociedad de la mediación infinita no estamos acostumbrados a que un hombre solo decida hasta el final. Probablemente, ocurre también que las democracias actuales, secuestradas por la especulación económica e informativa, se sienten como un globo hinchado, siempre a punto de desinflarse ante la aparición de una sola punta real. El miedo es a lo real, algo de lo que el texto de Grass (aunque se equivocase en todo) es una pequeña muestra.No entramos en el supuesto narcisismo de este escritor, obsceno y resbaloso argumento ad hominem que siempre se utiliza cuando se carece de otros. La cuestión clave es otra. Con todos sus posibles defectos, Grass todavía representa algo de lo que se le atribuía al intelectual clásico: ponerle palabras al sentimiento de otros. Por el contrario, el poder de los medios en estas situaciones parece representar la avalancha de una opinión que prohíbe sentir por cuenta propia. ¿De qué pueden estar hinchadas las democracias para que reaccionen así ante cualquier disidencia? Probablemente, del vacío de una simple huida hacia delante. De otro modo no se explican estos reflejos agresivos, no sólo la reacción histérica del ministro Eli Yishan, sino también la hostilidad histérica de tantos medios y gobiernos europeos. Es como si la concatenación informativa de esta época colocase a cada nación, igual que lo hace la sensibilidad bursátil, al borde de un posible “efecto mariposa” ante cualquier evento anómalo.Si esta reacción casi militar se produce en Alemania sobre una respetada celebridad (en Francia ocurrió con Handke, con Debray y Baudrillard), ¿qué ocurriría con cualquiera de nosotros si cometiésemos el error fatal de dar un paso fuera de “lo que hay que decir” y caer del lado malo? En ese caso la inteligencia social sabe que la mejor arma es el silencio. La mayoría de los periodistas e intelectuales orgánicos ni se molestarán en discutir con una posición minoritaria, error que daría celebridad a un personaje todavía clandestino. Sólo se tomará nota y ese sujeto desaparecerá del mapa de lo visible.El resultado es que la combinación de silencio y amenazas ha logrado en la democracia actual una unanimidad que poco tiene que envidiar a la de las dictaduras. Algunos, por ejemplo, sentimos durante el bombardeo de Yugoslavia una atmósfera de incomprensión y hostilidad, incluso entre nuestros propios amigos, que tal vez no habíamos llegado a sufrir durante la dictadura de Franco, donde los bandos estaban más claros.Una democracia puede llevar el instinto policial de la vigilancia hasta el sistema neuronal y perceptivo del individuo, cosa que la tosquedad de una dictadura tiene más difícil. La apisonadora que logra el dictado informativo, machacándonos con imágenes e informaciones que son “distintas” mientras caminen en la misma dirección, es mucho más eficaz que la antigua propaganda desde un solo altavoz. Funcionando en bucle en torno a unas pocas consignas que se repiten, los medios funcionan desde hace tiempo como un Gran Hermano que no tiene rostro ni agencia central. De ahí que sus tambores de guerra se confundan con la misma dispersión conectada de los individuos. Ignacio Castro Rey. Madrid, 16 de abril de 2012
SUERTE SIRIA
En un principio parece que no habría nada que oponer a esta lucha heroica del pueblo sirio contra un régimen despótico que lleva en el poder más de cincuenta años, una dictadura siniestra (mucho antes de estos acontecimientos) incluso juzgada en comparación con otras de Oriente Medio. El conflicto actual sirio es aparentemente el último de una larga cadena de movimientos populares que empiezan en Túnez y recorren el mapa de las diversas tiranías que oprimen a sus pueblos con una crueldad difícil de imaginar entre nosotros. Las potencias ejemplares que tardaron en reaccionar en el caso de Túnez y Egipto, han sido ágiles en el caso de Libia y Siria, llegando a la intervención directa en apoyo de la revuelta. Sólo el veto en la ONU de Rusia y China ha impedido una intervención plena a favor de los rebeldes sirios.
Ahora bien, en una segunda lectura todo parece más turbio e inquietante. Primero, llama la atención en este reino plural que es Occidente la total unanimidad de las informaciones que nos llegan. Como en el caso del ataque a Serbia hace trece años, parece que la barbarie sólo se ceba en un lado, mientras el mal proviene plenamente del otro, el régimen militar del coronel Bashar Al-Assad. ¿No es un poco extraño, en este mundo complejo, la aplicación de esquema del Western a un laberinto tan intrincado como esta región de Oriente Medio? Aunque sólo fuese por introducir dudas democráticas en este bloque monolítico, ¿no valdría la pena buscar algunas zonas de duda?
Después, llama también la atención la abigarrada corte que se ha aliado del lado de los “rebeldes”, palabra santa donde las haya, para atizar la guerra civil en este antiguo país. De un lado, unas democracias intachables como Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos o Kuwait. De otro, toda Europa y EEUU, más un estado de Israel que no duda en mantener a otros árabes confinados en condiciones medievales, forman la cohorte que apoya sin fisuras la rebelión del Ejército Libre Sirio y el CNS. La rebelión, no lo olvidemos, no sólo contra un régimen con el que mantuvimos excelentes relaciones hasta hace poco, sino la rebelión de una parte de la población contra la otra, pues el régimen panárabe del Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baath) cuenta con un apoyo popular que ni siquiera en Libia tenía Gadafi.
Hace días el diario The Guardian establecía un hilo directo entre el régimen militar de Assad e Irán, indicando que esta última nación es instigadora directa de la estrategia de los militares sirios en su territorio. Como sabemos que Irán está en el punto de mira desde hace meses, no hace falta ser un paranoico para sospechar que se está preparando la campaña informativa previa a la militar y que el asunto sirio ha venido como anillo al dedo.
Tomando la Información como la palabra de Dios, la izquierda europea, empeñada a toda costa en mostrar su civismo y su pureza democrática, se apunta a este coro masivo de opiniones que animan la violencia en Siria. El resultado es que por fin todos parecemos poseer otra encarnación clara del mal, una bandera humanitaria que desde los tiempos de Milosevic, Sadam Hussein o Gadafi no nos bendecía con un excitante motivo para la acción en este mundo aburrido por la macroeconomía. Fijémonos que el caso sirio vuelve a resucitar la vieja sospecha de que la alternancia en las democracias occidentales funciona siempre a costa de un enemigo cultural común, las tiranías del extranjero, y bajo la égida de una política exterior con frecuenta indiscutible. Al final resulta que el denostado Huntington y su “choque de civilizaciones” se cumplen invariablemente.
La muerte de dos periodistas occidentales, inmaculados observadores neutrales en la tragedia, colma el vaso de nuestra paciencia. Democracias que no han tenido ningún reparo en bombardear cien veces pueblos exangües se apuntan ahora a la primera línea de la causa humanitaria. Tal ardor de justicia sería incomprensible si en el fondo no estuviera en la mesa el objetivo político de acabar con una nación incómoda, el objetivo de fragmentar Siria. ¿Va a ser otro el destino de Irak o de Libia a medio plazo? Sobre éste último país (de modo tal vez significativo) no hay noticias últimamente, pero algunas escenas que vimos después de las democráticos bombardeos de la OTAN nos hacen presagiar lo peor. Por lo pronto, hay que decirlo, el régimen de Bashar Al-Assad no se ha atrevido hacer con la insurgencia lo que la OTAN sí hizo con los sospechosos de estar del lado de Gadafi, bombardeando desde el aire poblaciones enteras, una de las formas más indiscriminadas que puede haber de matar.
Queda en el aire una pregunta. ¿Por qué Francia, Inglaterra o EEUU iban a preferir en Siria el gobierno musulmán y la Sharía a una dictadura militar de corte occidental? Por que si ocurre esto, el régimen musulmán se impondrá sobre una nación cien veces empobrecida y desgastada a causa de la guerra. Si ocurre esto hemos ganado unos años y empujamos a los musulmanes al radicalismo desesperado que le conviene a Occidente. Si ocurre esto, en fin, quebramos una nación unida y ésta entra en la vía de las rivalidades tribales. Curiosamente, la cultura occidental, que impone entre nosotros una normalización y un desarraigo masivos, empuja lejos de nosotros la sectarización étnica y religiosa que destruye viejos Estados incómodos para nuestra expansión imperial.
Por todas partes mantenemos la misma ortodoxia, al precio de sangre que sea: fragmentar y volver a federar, como hicimos en los Balcanes. Es normal que viejas naciones celosas de su pasado cultural y territorial, como China y Rusia, armadas además con los instrumentos técnicos para defender su diferencia, se opongan a esta barbarie mundial de aplanamiento en nombre del mercado, el individualismo y los Derechos Humanos.
La mecánica parece ser invariablemente la siguiente. Primero formamos a los líderes que deben occidentalizar el país: Assad ha concluido sus estudios en los mejores centros de Inglaterra. Después, si esos líderes se vuelven díscolos con el formato-madre, les devolvemos a la edad de piedra a través de incentivar las luchas fraticidas, el odio entre las diversas etnias o las bombas de fragmentación. Balcanizar: no ha sido otro el método en Irak y Libia (aunque parece que no está funcionando en un Afganistán, curiosamente, dividido por la OTAN en zonas). En todos esos países, igual que otros que son nuestros aliados, había tremendas injusticias gubernamentales y movimientos populares que eran reprimidos. Pero eso lo hemos utilizado para atizar al máximo la hoguera de la destrucción.
Aunque existen excepciones, en una dictadura los disparos suelen estar aproximadamente calculados y los muertos pueden ser más o menos contables. Bajos ellas puedes mandar a tu hijo a buscar el pan y el niño vuelve, con el pan y el cambio. En medio del caos la situación es muy distinta. Esta es tal vez la razón de que no existiera ni un solo radical de extrema izquierda que, bajo la dictadura de Franco, fuese partidario de una intervención extranjera para acabar con la tiranía. Para nuestro indisimulable racismo, el caso de muchas naciones árabes parece ser distinto. Algunos no podemos más que desearle suerte al pueblo sirio bajo el actual fuego cruzado.
Ignacio Castro Rey. Madrid