María Palau Galdón
Noviembre de 1970. “Hoy hemos sacado en claro que los hijos realmente somos egoístas. Me ha dejado de piedra sor Carmen esta tarde. Yo le he dicho que marchaba el 12/11. Ella me ha dicho que el Dr. Pelaz quiere que me quede aquí en Madrid al menos hasta febrero. A mí el Dr. Pelaz no me ha dicho eso directamente nunca. (…) Lo que me molesta es sentirme engañada”. Escribe como si estuviera hablando. Lo hace en su lengua, en catalán. Con prisa. Casi telegráficamente. Como si tuviera miedo de que alguien pudiera descubrirla. Omite palabras. Intercambia letras. Pero escribe. Deja constancia. Mariona Roca Tort narró por escrito su internamiento forzoso en una clínica psiquiátrica. “Empecé a escribir porque no me acordaba de lo que me estaba pasando ni de lo que me estaban haciendo”, cuenta en la actualidad.
Mariona Roca Tort ha pasado tres años de su vida encerrada. Desde los 17 hasta los 20 fue dando tumbos de una institución represiva a otra. “No hubo nada más”, lamenta. La consecuencia: un vacío que le dificultó rememorar durante años su pasado de institucionalización en diversos organismos del aparato represor franquista contra las mujeres. Asegura que todavía tiene “algunas cosas oscuras”, y cuando relata su historia la invade la sensación de “estar haciendo una exposición de cosas horribles que la gente no se va a creer”. Pero ríe al llegar al final. Como si se mofara de lo absurdo, lo tétrico, lo aterrador de parte de su biografía. Como forma de resistencia. Tiene una fuerte convicción: está viva y puede contarlo.
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Uno de los momentos más brillantes e intensos de la excelsa «Apocalypse Now» de Francis Ford Coppola, que tuvimos ocasión de ver ayer no con mucho público, y eso que el NO A LA GUERRA estaba presente, es la secuencia en la que en el Coronel Kurtz, interpretado por Marlon Brando lee los primeros versos del poema «Los hombres huecos» (The hollow men) de T.S. Eliot:
Somos los hombres huecos / somos los hombres rellenos / inclinando juntos / la cabeza llena de paja. ¡Ay de mí! / Nuestras voces resecas, cuando / susurramos juntos / son suaves y sin sentido / como el viento sobre la hierba seca / o como pies de ratas sobre cristal roto / en nuestro sótano seco / Figura sin forma, sombra sin color / fuerza paralizada, gesto sin movimiento […]
Esta escena refleja, con una fuerza y dureza terribles, la desolación y pesimismo que vive el coronel Kurtz, además de la pasión de Coppola por la literatura. Sabido es que Apocalypse Now es una adaptación de un breve relato de principios de siglo pasado, titulado «El corazón de las tinieblas» (Heart of Darkness) escrito por Joseph Conrad, novelista polaco nacionalizado inglés. Recomendamos la lectura del libro Esta adaptación fue realizada por John Millius en 1969 y reescrita por el mismo Coppola en 1975. Y es en la parte final de esta obra maestra donde encontramos, y no por casualidad, más referencias y cruces literarios: al comienzo del poema «Los hombres huecos», T.S. Eliot escribe, «Mistah Kurtz – he dead» (Señó’ Kurtz – Él muerto) haciendo referencia, y en forma de dedicatoria, al texto de Conrad, ya que en el último capitulo de la novela aparece ese mismo texto. Es por esta razón que Coppola decidió incorporarlo en el guión, aunque se dice también que fue por petición de Marlon Brando.

Por otro lado, el fotógrafo, interpretado por Dennis Hopper, también incluye en su texto (de esta misma escena) los versos finales del poema de Eliot:
[…] Así es como el mundo acaba / No con una explosión sino con un gemido. […]
Estas dos, no son las únicas referencias literarias que hace Coppola en su película. Encontramos referencias a otro poema de Eliot, «La canción de amor de J. Alfred Prufrock» (The Love Song of J. Alfred Prufrock) y a otro del poeta y escritor Rudyard Kipling, titulado «Si» (If). Además Coppola nos deja ver dos de los libros que tiene el coronel Kurtz: «La Rama Dorada» (The Golden Bough) y «Del Ritual al Romance» (From Ritual to Romance), libros muy vinculados a la obra de Eliot, ya que fueron unas de las fuentes de inspiración para una de sus obras maestras: «La tierra baldía» (The Waste Land).

Ayer, en uno de esos errores que no se pueden explicar, en lugar de la prevista Tres monos, pusimos Nubes de mayo, convirtiendo el error en un experimento. Anunciar una película y luego poner otra. Yo desde luego me sentí incómodo pues me había trabajado Tres monos pero a una gran mayoría les resultó indiferente. Si todos hubiéramos ido con la intención de ver Tres monos el abucheo se hubiera oído hasta en Zamora, esto corrobora mi insistencia de que hay que ir al cine de los jueves con la lectura de nuestra página web casi aprendida. Ya no haremos más experimentos.
Vimos Nubes de mayo (Mayıs Sıkıntısı) que nos volvió a meter en el universo Ceylan que ya conocíamos. Ceylan profundiza, de una forma más primaria, en los conflictos entre modernidad y tradición, campo y ciudad, aspiraciones artísticas y responsabilidades familiares. Ya podemos identificarla como una obra profundamente autobiográfica y meta cinematográfica, donde el propio director se proyecta en el personaje principal.
La historia sigue a Muzaffer, y si en la anterior era un fotógrafo, en este caso es un cineasta que regresa a su pueblo natal en Anatolia para rodar una película. Mientras intenta filmar, se enfrenta a: La resistencia pasiva de su padre. La inocencia y curiosidad de su primo Ali. las tensiones familiares y económicas, el conflicto por la posible expropiación del bosque donde trabaja su padre,la narrativa es minimalista, con pocos acontecimientos dramáticos evidentes. El peso está en los silencios, las miradas, aunque en esta ocasión los diálogos son más frecuentes.
Podríamos decir que el padre representa el apego a la tierra, al trabajo manual y a una vida sencilla. Muzaffer simboliza la búsqueda artística y la conexión con el mundo urbano. En este caso no vemos juicio moral, mas allá de los problemas que se producen en su parcela.
La película nos puede parecer algo extraña al tratar sobre la filmación de una película, aunque ya lo hemos visto en alguna otra ocasión, Truffaut era un maestro.
Esta forma de rodar crea un juego entre: Realidad y ficción, vida y representación, arte y experiencia
Me ha gustado mucho la mirada infantil del niño Ali obsesionado con conseguir un reloj musical y que a mi juicio introduce una perspectiva pura y casi poética. Su deseo simple contrasta con las preocupaciones existenciales de los adultos. El reloj funciona como símbolo del paso del tiempo y de los pequeños anhelos humanos.
Ceylan utiliza en esta película: planos largos y estáticos, uso de natural de la luz, sonido ambiental (viento, hojas, silencio) actores no profesionales (incluida su propia familia)
El ritmo lento invita a la contemplación. No es un cine de acción, sino de observación Simbolismo: El bosque: representa la memoria, la tradición y el arraigo. Las nubes: sugieren incertidumbre, paso del tiempo y estados emocionales cambiantes. El rodaje fallido: refleja la dificultad de capturar la verdad en el cine.
Conclusión, según las consultas que he hecho en Google, Nubes de mayo es una obra íntima y reflexiva que explora: La distancia entre generaciones, la dificultad de comunicarse, la tensión entre arte y vida. El paso inevitable del tiempo.
No busca grandes clímax narrativos, sino que propone una experiencia contemplativa y existencial. Es una película que exige paciencia, pero recompensa con profundidad emocional y filosófica.
El miércoles día 4 nos metemos con un homenaje a Robert Duwal, proyectando Apocalipsis now Redux, es decir, con la última versión del director. José Antonio me dice que la ha visto en TVE, prometo sorprenderle con una visión en pantalla grande, sonido estereofónico de última generación, y una versión difícil de conseguir.
La enseñanza que nos deja la escultura en madera del santuario de Toshogu de los 3 monos sabios sigue inspirándonos a día de hoy. Su mensaje original era sencillo a la vez que rotundo: “no escuchar lo que te lleve a hacer malas acciones”, “no ver las malas acciones como algo natural” y “no hablar mal sin fundamento”.
Curiosamente, el tiempo y nuestra visión occidental simplificó un poco su enseñanza primigenia para quedarnos solo con el clásico “ver, oír y callar”. Un lema que que incluso podemos encontrar en forma de emoticono en el whatsapp y que, de algún modo, tergiversa bastante la idea original e incluso el orden de las figuras representadas. No obstante, la enseñanza va mucho más que todo esto, porque esa representación del siglo XVI erigida en honor del shōgun Tokugawa Ieyasum, nutre sus raíces de las enseñanzas de Confucio y, para muchos, el mensaje de los tres monos tiene también mucho que ver con los tres filtros de Sócrates.
Sea como sea, siempre es enriquecedor sumergirnos en este tipo de iconografías tan clásicas y en sus sabidurías originales para poder reflexionar y actualizar un poco nuestros conocimientos. Los 3 monos sabios de Togoshu desprenden ese código moral y ese misticismo que tanto nos gusta y que hoy queremos compartir contigo.
Lo que cuenta la leyenda sobre los 3 monos sabios
La leyenda de los 3 monos sabios tiene su origen en la mitología china. Cuenta una llamativa historia protagonizada por tres curiosos personajes. Los protagonistas son Kikazaru, el mono que no oye, Iwazaru, el mono que no habla y Mizaru, el mono que no ve.
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