11 AM | 16 Dic

¡A por ellos!

Por Félix Alonso*.- / Diciembre 2018

girona1Ese era el grito de grupos minoritarios, envueltos con la bandera española, al salir de los centros policiales de Andalucía cuando sus miembros eran destacados a Cataluña el día 1 de octubre, de fatal recuerdo para todos. Y ese es el mismo grito que se ha producido hacia los manifestantes de los CDR por una parte de los mossos, en los altercados del pasado jueves en Girona, según han denunciado ‘mossos por la independencia’.

En Andalucía, esa forma de expresarse, ha producido, a mi juicio, un efecto multiplicador en el votante de VOX, con repercusiones también en Cataluña, con críticas muy duras a los que forman parte de los llamados ‘mossos por la constitución’.

En Andalucía la campaña de la izquierda se llenó de verde y no se hizo la suficiente pedagogía del denominado ‘problema catalán’. En el primer debate, el candidato del PP reprochó a Susana Díaz que en un libro de texto se incluyera el término ‘España plurinacional’, sin que la candidata respondiera con la contundencia merecida, más bien hizo una callada que parecía dar la razón al mensaje claramente nacionalista de Partido Popular, Susana Díaz lo tenía fácil, simplemente podría haber utilizado una repuesta contenida en la fundación Alfonso Perales: ‘la misma complejidad de la sociedad actual prepara el terreno para pensar la realidad de un Estado que albergue en su seno naciones distintas, lo cual ha de ser, además, la traducción jurídico-política de la realidad de una España plural de la que decimos que es una ‘nación de naciones»

Tampoco se quiso dar respuesta a las acusaciones permanentes de Ciudadanos, sobre la negociación en la cárcel de los presupuestos. Teresa Rodríguez podía haber hecho pedagogía de los presupuestos, explicando que la cita con Junqueras se había solicitado hacía más de un mes, y que los presupuestos los negocia el gobierno de España, pero su interés estaba en terminar los debates con ‘viva Andalucía libre’

A los andaluces que han modificado su voto por la cuestión catalana, y sobre todo a esos policías, abogados, guardias civiles y jueces que integran las candidaturas de VOX, se les podría explicar más o menos las cosas así:

susanaLa cuestión, según José María Ruiz Soroa, es fácil de describir: una parte importante de la sociedad catalana siente a España no como su nación, sino simplemente como el Estado en el que, por injustos azares de la historia, le ha tocado vivir. Su nación es Cataluña, y quieren convertir esta en un nuevo Estado distinto de España. No lo logran, porque quienes lo desean no han conseguido formar en esa sociedad una masa crítica suficiente como para decantar la balanza política en contra de la enorme inercia centrípeta que ha creado una larguísima convivencia dentro de España. Pero la cuestión es esa, un problema, y dura ya siglos, y desde luego no se va a solucionar con el ‘a por ellos’ con banderas y reconquistas. Vamos a suponer que en la campaña se hubieran puesto sobre la mesa iniciativas para encuentros en positivo. Se me ocurren algunas sin coste adicional:

La celebración del próximo ‘Día del Libro’, por coincidir con la fecha en que fallecían Cervantes, Shekespeare y Garcilaso de la Vega, pero también porque murieron o nacieron en esa fecha escritores como Maurice Druom, Haldor Laxness (premio Nobel en el 55), Nabokov o Josep Pla, entre otros, se celebra en muchas librerías gracias a iniciativas particulares, ¿por qué no se pone en valor ese día por parte de los poderes públicos? Si explicáramos que el origen del día del libro se remonta a 1926, en una idea que partió de Cataluña de la mano del valenciano Vicente Clavel Andrés, quien lo propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923 y fue aprobado por el rey Alfonso XIII de España en 1926 y que además esa fecha fue refrendada por la UNESCO, pues consideraríamos a Barcelona como referente, de una cosa muy bonita y que los poderes públicos podrían promocionar.

sant jordiEste día coincide con San Jorge, patrón (dicen) de Alemania, Aragón, Bulgaria, Etiopía, Georgia, Grecia, Inglaterra, Líbano, Lituania, Países Bajos, Portugal, Eslovenia y México. Pero donde toma cuerpo importante es en Cataluña, donde con el nombre de Sant Jordi adquiere una significación muy especial y de la que nos deberíamos sentirnos todos orgullosos. La unión de Sant Jordi con el Día del Libro es inolvidable para los que hemos tenido la suerte de vivir unos años en Barcelona. Intercambiar un libro con una rosa siempre es emocionante en un lugar tan peculiar como las Ramblas, y si estás enamorado ni te cuento.

La leyenda de la lucha con el dragón la recogió el costumbrista catalán Joan Amades, que situó el evento en las murallas del pueblo Montblanc. Hace unos años, coincidiendo con el 125 aniversario de su nacimiento, la asociación cultural que lleva su nombre impulsó una actividad para el día de Sant Jordi consistente en lectura abierta de textos tradicionales que la asociación seleccionaba, a modo de ejemplo: ‘M’ han dit que tu has dit un dit que jo no he dit, i el dit que tu has dit, jo no l’ he dit perquè si jo hagués dit que tu l’ has dit, fóra ben dit per haver-lo dit jo.’ La traducción es fácil, cualquier niño la podría realizar sin dificultad, consiguiendo, además de jugar con las letras, el conocimiento de otro idioma español.

Nosotros en Castilla tenemos también nuestros dragones, pero sucede que nuestros niños (y algunos mayores) no los conocen. El Poema de Fernán González, poema épico del mester de clerecía, cuyo contenido es el de un cantar de gesta que narra diferentes hechos históricos de la vida de este personaje, dicen que relevante para una historia de España y de Castilla.

jordiEn una edición de mi profesor de literatura medieval, Juan Victorio, se relata (estrofas 467-486) que la noche antes de que comenzara la batalla de Hacina, legendaria lucha que duraría tres días, algo espantoso les ocurrió a las tropas del conde castellano Fernán González: un monstruoso dragón se apareció en el cielo. Estaba completamente ensangrentado y daba unos enormes y estruendosos alaridos mientras que echaba fuego por las fauces iluminando a los atemorizados ejércitos: ‘Vieron aquella noche una muy fiera cosa. Venia por el aire una sierpe rabiosa, dando muy fuertes gritos…’.

Imaginemos un intercambio de dragones: unos niños catalanes ven el de Fernán González y les ponemos a leer las estrofas del poema en castellano antiguo, y a los de cualquier colegio público de Andalucía, les llevamos a Montblac a ver su dragón, y a que oigan hablar en otro idioma español. ¿No sería eso mejor que lo que estamos viviendo hoy? A los independentistas, o si preferís separatistas, no hay que oponerles separadores. Hagamos un esfuerzo y amemos ambos dragones.

Este año se ha celebrado el año ‘Manuel de Pedrolo’ uno de los escritores más prolíficos en lengua catalana contemporánea, traducido a más de veinte idiomas, su obra ‘mecanoescrito del segundo origen’ es una de las más leídas en la década del 70. No sé en cuantas librerías andaluzas hay libros de este importante autor, que ha traducido al castellano Anna María Villalonga, pero ¿no sería mejor que en lugar del ‘a por ellos’ practicáramos el ‘con ellos’? Ni la vía Eslovena, ni la policía patriótica de Cosidó.

alonso cir

* Félix Alonso es miembro del Colectivo-Rousseau y de Arco Europeo Progresista

 

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08 PM | 03 Dic

la strada

duna Ruiz de Martín – La República Cultural

Suena una melodía con aroma triste, pero sin dar tiempo a que se encojan las emociones, el ritmo nos lleva hasta un circo. Sobre unas notas y otras, leemos los nombres que han hecho de La Strada una película inolvidable, un hito de Federico Fellini. Durante los dos minutos que duran los créditos, Nino Rota, el compositor de la banda sonora, ha avisado al ánimo de que aquí se mezcla todo, que el drama manda, pero también iremos a la feria a sonreír.

¡Gesolmina, Gesolmina!” (con el cantarín acento italiano y la voz aflautada de unos niños) son las palabras que nos llevan hasta ella, la hipnótica Giulietta Masina, que interpreta el personaje más dulce, inocente y expresivo, que para mí ha dado el séptimo arte. Anthony Quinn es el zafio Zampanó, el ser más opuesto a ella sobre la faz de la Tierra. Chocan, desde el primer instante, la curiosidad e imaginación en la mirada de ella, la apatía y cruda realidad en la de él. El gigante (desde la perspectiva de Masina y la mía, lo es) paga por adelantado, y Gesolmina abandona feliz y expectante, su hogar. ¡Va a convertirse en artista! O eso sueña.

Fellini, maestro del neorrealismo italiano, nos adentra en las carreteras y caminos de una Italia empobrecida por la guerra a través de Zampanó, un artista ambulante burdo, machista y beligerante, y Gesolmina, una joven sin mayor mundo que el que ha escuchado narrar, a quien compra por 10.000 liras para que le ayude en sus espectáculos. El director, también guionista, crea dos personajes muy diferentes entre sí, hace convivir en un destartalado carromato la dulzura y la brusquedad, las ganas de vivir y conocer, y la incomunicación. Son bagajes que pesan demasiado, y uno termina cargándose de más, siempre.

Ahora, si me permitís, voy a sumergirme en las imágenes de esta delicia de largometraje…

¡É arrivato Zampanó!”. Y suena el tambor. Soy incapaz de no sonreír recordando la escena en que Gesolmina inicia su aprendizaje. Es terrible, porque el bruto titiritero la trata cual perro; pero inspira tanta ternura, tanta… Sonrío (después de abofetearle a él mentalmente), no puedo evitarlo.

Zampanó no regala ni una sonrisa, ni una. Ella las pone todas. Con el dibujo de sus labios y con los ojos. ¡Ay laMassina plantando tomates en mitad del viaje! Con esta ocurrencia esboza un gesto divertido hasta la tosquedaz personificada.

El mundo interior de Gesolmina va evolucionando, y lo sabes por como -y donde- fija la mirada, por como se encoge de hombros, por como camina. La inocencia que transmite cuando Zampanó está con otras mujeres, esa timidez de quien es testigo de una conversación o escena que le ruboriza, después torna en amarga resignación, en saberse diferente, que no peor. Ella es especial, es pura, pertenece a otro mundo que sólo entienden sus iguales. En este punto recuerdo un fragmento de la novela También esto pasará, de Milena Busquets, que dice “[…] lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante” y en La Strada se ve tal cual. En una boda, donde la inconfundible mirada de Fellini nos presenta desde dentro las arraigadas costumbres italianas, un grupo de niños arrastra a Gesolmina, su igual, para que haga reír al niño enfermo que se esconde en una de las habitaciones. Los pelos de punta ante este recuerdo, ante la magia que se crea entre dos que se miran en el mismo espejo y se reconocen.

El flequillito rubio encuadra unos ojos que empiezan a darse cuenta de que Zampanó es mala gente, que no la merece. Y pregunta, con más interrogante que rabia, ¿por qué? No teme preguntar, no le asusta, ¡qué privilegio! Y llora y ríe sin disimulo, porque no siente la necesidad de disimular, ¿para qué? Una de las grandezas de este personaje es la transparencia, la ausencia de mentira en cada gesto, la simpleza que nos hace más humanos.

Cedo parte de mi admiración incondicional por Gesolmina al papel que interpreta Richard Basehart, “Il Matto” (El Loco), un trapecista del que me declaro enamorada. En torno a él he tenido conversaciones enfrentadas, hay quienes le aplauden, como yo, y quienes le tachan de farsante sutil. A estos hoy no les hago ni caso. Creo que es un espíritu que vibra en consonancia con Gesolmina, pero con ese punto machista de todos los hombres de Fellini, de los italianos que retrata el neorrealismo. Hay quienes apuntan a que “Il Matto” engaña a la joven, la incita con maldad a ver en Zampanó amor, a ilusionarse. Yo lo que veo es un acto de bondad, hacia ella, porque le da una razón de ser, de estar, un propósito; y hacia el patán Zampanó. Si Gesolmina se va… ¿quién quedará? “Il Matto es juego, la vitalidad que concede la ligereza, es el complemento perfecto para aquellos ojos vibrantes que se van apagando ante el desprecio. Cuando habla con la bella Masina me acuerdo de aquellas mañanas en que mi padre me sentaba frente a los títeres del Retiro y yo gritaba a voces, levantándome, lo que quería que sucediera “¡sal corriendo, sal corriendo! ¡la bruja está detrás!” Pues aquí igual. Le digo a Gesolmina, desesperada, la decisión que debe tomar, pero no me hace caso; y lo peor de todo es darme cuenta de que quizás yo tampoco me lo haría.

Se acerca el final, y de nuevo cobra protagonismo una melodía, la que tararea la dulce muchacha, la que quiere aprender a tocar la trompeta. Después, la mujer tendiendo la ropa, el helado cerca del mar, los borrachos, el darse cuenta mal y tarde. Del final de esta joya del cine ni quiero ni debo decir más. Hay que sentir ese fundido a negro, es la única manera de llevarse La Strada grabada en la piel.

 

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04 PM | 29 Nov

EUROPA:una genealogía del presente

Europa: una genealogía del presente

La Unión Europea es hoy una formación de competencia despiadada entre Estados. La política de austeridad actual es una transformación imprevista e indeseada del argumento ordoliberal de los años treinta

Europa: una genealogía del presente
EVA VÁZQUEZ

Cuando se enfrentaba al final de su vida, un Freud enfermo y cansado, obsesionado con la figura de Moisés el egipcio, le confesaba a Arnold Zweig: “Los tiempos son increíblemente confusos, pero me siento liberado de la tarea de iluminarlos”. Freud se permitía mostrarse así ante su amigo, un sionista recién instalado en Haifa, a pesar de la inminente anexión de Austria por los nazis. Pocos compartieron esa liberación de Freud respecto de la tarea de iluminar el presente. Por el contrario, muchos escribieron por aquellos años sus reflexiones sobre la crisis que vivían. Karl Jaspers fue uno de los principales, y así surgió su libro de 1931, La situación espiritual de nuestro tiempo. También por esos años, Heidegger escribió su Discurso del rectorado, dominado por un platonismo arrogante y ciego.

Los tiempos actuales no nos permiten hablar como Freud. Los filósofos hemos aprendido a ser humildes. El método de la humildad es la fenomenología. Más que ser compulsivamente normativos (esas cláusulas a las que Ortega era tan aficionado: “es preciso”, “es menester”, “debemos”), hoy nos sentimos más cómodos describiendo. Disponemos de conceptos, sí, pero les exigimos que invoquen evidencias compartidas del mundo de la vida que respiramos con nuestros conciudadanos. Describir nuestra condición presente es tarea fácil. Lo complicado es que sólo hallamos claridad acerca de este mundo que compartimos si a la vez explicamos de dónde viene. Sólo estabilizamos nuestro mundo de la vida cuando alguien cuenta su origen.

Aunque la fenomenología de lo presencial es un método humilde, su aplicación a la historia, describir esas genealogías, es más complicado. Y sin embargo, cuando hacemos una genealogía identificamos algo de lo que somos, aunque no podamos conocerlo de modo inmediato. Koselleck, el mayor historiador alemán de la segunda mitad del siglo XX, aseguró que es importante registrar las experiencias primarias, pero, más aún, aclarar sus sorpresas, imprevistos, sufrimientos y decepciones a la luz de las experiencias secundarias. A estos relatos genealógicos, que no son evidentes, sólo se accede por la interpretación histórica. Nuestro mundo de la vida es así inexcusablemente histórico, frágil y plural. No goza de plenas evidencias presenciales.

Nuestras experiencias primarias son claras. Padecemos un mundo de la vida amenazado en su presente y sin imagen clara del futuro. Sus decepciones las hemos recogido en multitud de informes y son intensamente dolorosas. Sus sorpresas, casi traumáticas. Parten de comprobar que Europa no es una formación de solidaridad, sino de competencia despiadada entre Estados que se llaman socios. Ese rasgo siniestro no está aclarado a la luz de las experiencias secundarias. No tenemos su genealogía. Nuestras reacciones se tornan así emocionales, ciegas, sin reflexividad. Tenemos una experiencia primaria de la austeridad, pero no tenemos una genealogía de la austeridad contemporánea. Creemos que es un capricho de la señora Merkel, o una decisión en frío, pero no lo es. Se trata de una inercia fuera de control

Cuando hacemos una genealogía de la austeridad contemporánea nos encontramos con un puñado de pensadores, juristas y economistas alemanes de los años treinta del siglo pasado, contrarios a Hitler (algunos murieron asesinados), que organizaron el argumento ordoliberal.Por supuesto, en los textos de los ordoliberales no encontramos el concepto de austeridad. Al contrario, ellos tendían a aumentar la producción y el consumo. En sus textos nos encontramos con ideas bienintencionadas de equilibrio poblacional, política social, atención a los intereses materiales y espirituales del pueblo, descentralización, movimiento de abajo arriba, atención al medio ambiente, dignidad de la pequeña ciudad; en fin, ideas no exentas de cierto carácter utópico conservador. Todos ellos hablaban de una tercera vía entre el capitalismo anárquico y el bolchevismo-nazismo.

Aunque deseaban establecer una economía basada en la competencia pura, los ordoliberales no querían ordenar al hombre y el mundo entero desde la economía. Su horizonte era el del Estado-nación y deseaban regular la competencia interna mediante la estabilidad del dinero, la reducción de inflación y la legislación antimonopolios. Lo hacían porque querían salir de la economía dirigida y centralizada de Hitler. Su ordo, producido por el Estado, incluía una política social. Eso les permitió hablar de un intervencionismo liberal. Así propusieron una constitución económica, con un Banco Central independiente, para garantizar el marco de la competencia. Impulsar esta política era lo propio de un Estado fuerte y no deseaban disminuir su poder tanto como fuera posible. Querían un Estado regulador, no un Estado interventor. Este ideario, aplicado hoy a condiciones diferentes del tiempo en que surgió (Unión Europea y globalización), ha traído la austeridad que padecemos como algo sobrevenido.

La genealogía se emplea para ver cómo los idearios se desvían de las previsiones. Repasar aquellas ideas programáticas nos permite identificar los fenómenos que no estaban contemplados en ellas. Para ello es productiva e imprescindible. La genealogía aprecia lo sobrevenido del ideario y nos hace sensibles a la ineficacia de su aplicación rígida e inercial, al recordar el sentido originario de su propuesta. Al mostrarnos la desviación mundana de los idearios, la genealogía nos enseña a ser responsables cuando los aplicamos.

Pues bien, la austeridad que separa el norte del sur europeos es lo sobrevenido del ordoliberalismo que inspiró la constitución económica de Alemania y de Europa. Y eso permite considerar la política europea actual como una transformación no prevista ni deseada de aquella fundación. Pues no debemos engañarnos. El Estado de bienestar del que gozó Alemania desde 1950 hasta el presente fue obra de ese mismo ordoliberalismo, que propició el pacto de la CDU con el SPD de Karl Schiller y que fundó el Estado social y democrático de derecho y la economía social de mercado. Las amenazas al Estado de bienestar que padecemos también son un sobrevenido de aquel ideario de la competencia pura. Estamos presos de una idea programática de nuestra política, que ya es internamente contradictoria: quiere producir orden económico, pero vemos que genera desorden político. Acaba desestabilizando el mundo de la vida con pulsiones de resentimiento parecidas a las que movieron a las poblaciones del primer tercio del siglo XX.

Ese resentimiento brota de una contradicción que anida en el fondo de nuestra vida histórica. Y, en lugar de padecer estos síntomas y exhibirlos, debemos resolver dicha contradicción. De otro modo padeceremos unos nacionalismos obtusos, sostenidos sobre la opresión de minorías (migrantes, mujeres, ancianos, minorías nacionales, raciales y de género) y animados por la promesa de emplear la soberanía para gozar de ventajas y acabar con la austeridad. Lo peligroso vendrá cuando comprobemos que esa ilusión de la soberanía nacional no puede sino agravar la crisis. La otra opción es descubrir las contradicciones básicas entre el exitoso programa ordoliberal original y su aplicación actual. Esta contradicción impide que el pacto fundacional europeo funcione hoy. Reajustarlo a la luz de la genealogía del presente sugiere una mejor y más completa constitución económica compatible con la constitución democrática, que incorpore compromisos sociales a la altura de los tiempos.

José Luis Villacañas es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid

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