02 AM | 27 Abr

ARGUMENTARIO MOLESTO

 

 

 

Este año la memoria de la Revolución de los claveles se produce a tan solo tres días de las elecciones generales. Me acuerdo bien, pues estaba en Portugal veraneando por aquellos años en San Martinho de Oporto y pasaba muy a menudo por delante del cuartel de Caldas de Rainha, primer centro militar que atendió la consigna de la canción de Alfonso.  El recuerdo de éstos hechos ha tenido menos seguidores en mi Facebook que las insinuaciones, machaconamente introducidas por los amigos de Podemos, sobre un posible pacto del PSOE con el partido Ciudadanos. Recomendaba la lectura del libro de Jordi Sevilla, negociador en el 2016, titulado “Vetos-Pinzas y Errores: ¿Por qué no fue posible un gobierno del cambio?, y al mismo tiempo les invitaba el próximo 2 de mayo a conmemorar la celebración de los 140 años del PSOE.

No saben de que  manera molesta cuando dicen que votar al PSOE es votar a la derecha. A mi, que me gusta la historia, y que he vivido más de una frustración, no me tienen que explicar posicionamientos erróneos en algunas ocasiones, pero las cosas son a veces más complejas de lo que parecen. Hize campaña, junto con Antonio Chazarra, compañero de Izquierda Socialista colaborador ahora de los últimos libros que hemos editado”Marx Hoy, y Reivindicando a Galdós”, en contra de la entrada de la OTAN. Si ahora tuviera que revisar y hacer un análisis a la vista de cómo han evolucionado los acontecimientos en política internacional y con España dentro de la Instituciones Europeas, no estoy seguro de que estuviera acertado con aquella decisión.

A mí, y como a  todos los socialistas no nos gustaría pactar con ciudadanos, y nos fastidia que se argumente lo contrario en los términos que se están expresando. El domingo a votar y que no tengan mayorías las derechas.

 

 

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10 PM | 21 Abr

El nacionalismo y la izquierda

El nacionalismo y la izquierda

De un tiempo a esta parte nos hemos acostumbrado a discutir evidencias. ¿Cómo hemos podido olvidar que la izquierda es internacionalista?

No hay nada peor que olvidar lo evidente, así que de vez en cuando conviene recordarlo. Que lo haga esta vez la filósofa italiana Donatella di Cesare, quien no hace mucho declaró al semanario L’Espresso: “Toda la tradición de la izquierda ha analizado siempre los acontecimientos desde una óptica mundial, muy pocas veces nacional o, peor, nacionalista. La idea de que deba prevalecer el interés de un proletariado nacional, francés o italiano, no ha sido nunca de izquierda. La izquierda es internacionalista o no es”.

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12 AM | 20 Abr

LA BELLEZA PESE A TODO. jonas mekas

El director de cine Jonas Mekas
El director de cine Jonas Mekas JAIME VILLANUEVA

Los hermanos Mekas, Adolfus y Jonas, llegaron a Estados Unidos en 1949 en uno de los barcos que llevaban refugiados europeos que huían de la Segunda Guerra Mundial. Su país natal, Lituania, había sido invadido por los soviéticos en 1940 y un año después por los alemanes. Después de haberse unido a la resistencia en Lituania, los Mekas habían abandonado el país en 1944. En su periplo fueron detenidos y pasaron ocho meses en un campo de trabajo nazi en Hamburgo. Consiguieron escapar, pero fueron detenidos y estuvieron hasta 1946 en un campo para personas desplazadas. Cinco años después de haber dejado su casa consiguieron subirse a uno de los barcos de Naciones Unidas para refugiados.

El Estados Unidos al que llegaron se proyectaba como un país hegemónico y que, para bien y para mal, no se desentendía de lo que pasaba fuera de sus fronteras. La posguerra y el descubrimiento del horror habían despertado un sentimiento de solidaridad en Occidente. Aunque su plan inicial era ir a Chicago, los Mekas se instalaron en Williamsburg, Brooklyn, como muchos otros inmigrantes lituanos. Su historia acaba bien: juntos fundaron la revista Film Culture, centrada en el cine underground,Jonas escribía una columna de cine en The Village Voice y creó lo que acabaría siendo el Anthology Film Archives, uno de los archivos de cine de vanguardia más importantes del mundo. Fue también un habitual del paisaje de la contracultura neoyorquina.

Unos meses después de llegar a Estados Unidos, Jonas Mekas (1922-2019) compró su primera cámara y comenzó a grabarlo todo. Se empeñó en registrar la nueva vida que comenzaba, tal vez porque sabía lo que es quedarse sin nada. Rodaba y rodaba y lo almacenaba todo. Después volvía a ese material que editaba y del que nacían sus diarios filmados, con su característica voz en off,que acompaña imágenes cotidianas, a veces familiares, a veces íntimas. En ocasiones, esa voz explica por qué ha elegido una secuencia, otras solo transmite una idea, una reflexión en la que se dan la mano una comprensión profunda del ser humano y una cierta inocencia en la mirada necesaria para descubrir la belleza allí donde se posa.

Esa sensibilidad aparece también en sus libros de diarios, en los de cine, en los de entrevistas con otros cineastas y en su poesía. Además de mostrar la belleza de las cosas simples y de ser capaz de atraparla, transmitirla y conservarla, algunas de las películas de Mekas funcionan también como crónicas del exilio o retratos de la vida íntima del refugiado: cuentan cómo se construye la vida desde cero en otro lugar, qué pasa con lo que queda atrás, qué pasa cuando se ha perdido todo, qué pasa cuando el mundo que conoces cambia y se vuelve irreconocible.

Como sucede con otros relatos de refugiados, como La analfabeta, de Agota Kristof, los diarios filmados de Mekas son la historia de un hombre obligado a reinventarse a sí mismo. Se definió alguna vez como un historiador del exilio. El título de uno de sus diarios filmados no puede ser más contundente: Lost, lost, lost. “Yo estuve allí, el cronista, el diarista. Lo grabé todo. Y no sé, ¿estoy cantando o llorando?”, dice Mekas. Reminiscencias de un viaje a Lituania, un diario sobre la primera vez que volvió a Lituania, es un relato emocionante y contenido sobre el reencuentro, la emigración y la imposibilidad de volver a la situación anterior. Sus películas no tienen trama, rompen con el esquema formal y narrativo del cine convencional, tiene algo de collage de fragmentos de vídeos caseros. Jonas Mekas acabaría siendo uno de los cineastas underground más prolíficos e influyentes, una referencia obligada para cineastas que rompió con el lenguaje cinematográfico de artificio de Hollywood.

Puede que el secreto de su cine esté en su capacidad para capturar y transmitir siempre, incluso en las peores circunstancias, la alegría de vivir. Mekas decía que perdió su paraíso con la invasión soviética de Lituania. Hasta entonces, en el pueblo en el que vivía, Semeniškiai, no pasaba nada. Respondía a la definición de democracia atribuida a Churchill: en una democracia cuando llaman a la puerta a las seis de la mañana, sabes que es el lechero. Después del horror, al contrario de lo que decía Adorno sobre escribir poesía después de Auschwitz, Mekas trató de buscar la poesía en la vida cotidiana.

Lo que le interesaba a Mekas eran los momentos en los que la vida se revela y que son al mismo tiempo comunes e irrepetibles. Mekas siempre ha querido filmar las cosas que hacen que la vida valga la pena. Tal vez porque cuando las certezas desaparecen, la duda empuja a buscar una verdad que puede encontrarse en la belleza.

Aloma Rodríguez es escritora y miembro de la redacción de Letras Libres.

(tenemos que hacer un hueco en nuestras proyecciones,Félix)

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09 PM | 15 Abr

el aroma de los tilos

últimamente paseo de noche por Vilafranca: sí, soy aquella sombra nada amenazante que, a primera hora de la madrugada, recorre las calles de la ciudad con un libro de poesía en la mano. Hará tres semanas, durante mi trayecto, percibí una fragancia dulzona al pasar bajo unos árboles que parecen montar guardia ante el viejo instituto. La relacioné con el aroma empalagoso del jazmín, que, como es sabido, uno distingue más nítidamente cuando se pone el sol.

Ya en casa, aún con el recuerdo de ese aroma en mi memoria, busqué en mi biblioteca el libro de los poetas de Al-Ándalus, traducidos por Josep Piera, hace un porrón de años. Creía recordar que en uno de esos versos tan hermosos aparecía el jazmín, implicándonos en la sensualidad de su llamamiento. Pero nada encontré. ¿Acaso había confundido esa referencia con la del toronjil? Entonces se me ocurrió que Marià Manent debió de decir algo sobre el jazmín. Fue en vano. ¿Había cambiado su fragancia con la de los tilos?

Yo suponía que lo que había percibido era aroma de jazmín. Sin embargo, al cabo de unos días pregunté a mi amiga Isabel qué árboles eran aquellos que olían tan bien, los de delante del viejo instituto. “Son tilos –me respondió–. De flores amarillas. Su fragancia no es tan untuosa como la del jazmín”. Me vino a las mientes el poema de Manent que había releído recientemente, Sentint per primera vegada l’aroma dels til·lers florits, que empieza así (traduzco): “¡Aroma de tilos floridos, tan nueva y dulce / para mí! No despiertas ni un ápice de recuerdo. / El pasado no se filtra en esta sombra de oro: / solo vive tu sueño, dulce arboleda”.

Había confundido el perfume de los tilos con el del jazmín. Pero la poesía, astutamente, me había mandado una señal inequívoca. Como Manent, yo tampoco disponía de ningún recuerdo del perfume de los tilos, aunque una vez tuve una ramita en la mano. Hace diez años. Doña Paquita, que para entonces ya había perdido la memoria, dejó encima del parabrisas de cada uno de los coches de los que celebrábamos la verbena de San Juan, cerca de su casa, en plena naturaleza, una ramita de ese árbol, sombra de oro, cual firma de un fantasma. Cortada, no olía, a diferencia de las ramas floridas que penden sobre las calles de mi ciudad, tan odorantes, este año de abundante agua, que hacen llover miles de florecillas amarillas sobre el asfalto.

JORDI LLAVINA

Me recuerda la plaza de los tilos a la que voy habitualmente

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