12 AM | 18 Oct

Harold y Maude

Foto: Los protagonistas de 'Harold y Maude'. (CP)
Los protagonistas de ‘Harold y Maude’. (CP)

Imagine usted, señor cinéfilo, que sabe bien cómo se las gastan los estudios de cine: en 2022, Hollywood planea estrenar una historia de amor sobre un adolescente con tendencias suicidas y una anciana de casi 80 años. Inmediatamente, y recurriendo al cliché pertinente, las redes arden, asociaciones enteras emiten comunicados ante semejante atrocidad y muchos usuarios tratan de boicotear el estreno ante la osadía moral que supone una película así. Es solo una suposición, pero podría ser la realidad.

Una película como la que hemos descrito, de hecho, ya existe. ‘Harold y Maude’ es, además, uno de los clásicos modernos que ha recuperado Filmin estos días en su apuesta por mostrar el cine que ninguna otra plataforma muestra. Y no hay que ser muy ingenuo para saber que la cinta de Hal Ashby resultaría prácticamente imposible de rodar hoy en día. O, al menos, nunca la rodaría un gran estudio. ‘Harold y Maude’ es fruto del Nuevo Hollywood, ese paraíso perdido de la cinefilia que tuvo lugar hace medio siglo y que convirtió a los directores en los reyes del mambo y a las películas adultas en grandes protagonistas de las salas. Pero incluso en un contexto tan beneficioso, la génesis de la película fue bastante complicada.

Como era de suponer, los ejecutivos de Paramount no abrazaron la propuesta de inmediato. Hasta entonces, Colin Higgins, el guionista que también quería dirigirla, solo había ejercido de chófer y se había dedicado a limpiar piscinas de la realeza vip de Hollywood. Su guion solo fue aprobado cuando varios amigos lo leyeron y convencieron a Robert Evans, el productor que esa misma década fue responsable de ‘Love Story’ o ‘El padrino’, de su enorme calidad. Evans pasó por el aro, pero tuvo en cuenta que la historia tan rarita solo podía dirigirla un rarito: Hal Ashby, ese chico de melenas, barba y mirada errabunda. Un cowboy del cine que parecía más un miembro de la secta de Charles Manson que un realizador cinematográfico.Ruth Gordon, en un fotograma de la película. (CP)

Ruth Gordon, en un fotograma de la película. (CP)

Los poderosos no se lo pusieron fácil a Ashby. Tuvo que batallar para conservar el derecho al montaje final y casi cualquier decisión le fue discutida. Tuvo, eso sí, la ayuda de un equipo técnico y artístico que sabía perfectamente que aquello no era solamente una historia de amor atípica, que también. Tampoco era la historia de dos outsiders que se encontraban (Harold y Maude se conocen en un entierro, ya que los dos comparten verdadera pasión por los sepelios) y complementaban a la perfección. Como ‘Easy Rider’ o ‘El graduado’ antes que ella, la película simbolizaba la contracultura y las ansias libertarias de toda una época. Hasta las canciones de Cat Stevens que adornan la banda sonora están enfocadas en mostrar la irreverencia del tiempo en el que fue engendrada. La irreverencia está en los propios personajes protagonistas: la anciana gusta de robar coches y hacerse la loca cuando la policía le reclama el carné; el joven tiene un humor negro con el que busca, sin éxito, llamar la atención de su madre. Además de comedia negra, en ‘Harold y Maude’ también hay trazas de drama (la confesión del chico sobre por qué piensa tanto en la muerte) y maneras de buen cine (un solo plano detalle sin diálogos sirve para entender el porqué de las ganas de vivir de Maude).

Del talento de Ashby y de sus ganas por llevar la película eran conscientes tanto Bud Cort (Harold) como la veterana Ruth Gordon. Esta última acababa de alcanzar la gloria del Oscar gracias a su papel de vecina siniestra en ‘La semilla del diablo’. Además, había sido guionista de renombre en películas como ‘La costilla de Adán’ junto a su marido, Garson Kanin. Ni el uno con su juventud ni la otra con su veteranía fueron capaces de impedir algunas intromisiones de Paramount en el rodaje y en la posproducción. La secuencia de sexo entre ambos (Ashby quería mostrar la “belleza de unir la piel joven con la piel vieja”) se convirtió en elipsis. De aquello solo sobrevivió un plano que los muestra semidesnudos, y sin tocarse, en el mismo lecho.

El equipo tampoco pudo evitar que esta historia de amor intergeneracional fuese un gran descalabro en taquilla. Ni siquiera el escándalo de ver a dos personas enamorarse pese a una diferencia de edad de 51 años (asunto tratado con un gusto y una delicadeza fuera de toda duda) ayudó a que el espectador corriente pagase una entrada. ‘Harold y Maude’ tampoco se benefició del revival repentino de otros títulos de los 70 que también iban a contracorriente.

Gordon, en otro fotograma de la película. (CP)
Gordon, en otro fotograma de la película. (CP)

La cosa cambiaría con el tiempo. A principios de los 80, en los últimos estertores de su vida, Ruth Gordon comenzó a experimentar un fenómeno peculiar. Cada vez que un jovencito se le acercaba a ella no le preguntaba por sus prestigiosos guiones o su amistad conKatharine Hepburn y Spencer Tracy. En su lugar, le comentaba que había visto ‘Harold y Maude’ docenas de veces. Al parecer, la película había logrado una segunda vida, una nueva oportunidad, en las universidades y entre el público más joven. En los primeros 80, programar la película en los ciclos de cine universitarios se había convertido casi en un mandamiento. Así fue como ‘Harold y Maude’ acabó siendo un éxito. Como le ocurrió a ‘La noche del cazador’, a ‘¡Qué bello es vivir!’ y a otros clásicos que engrosan las listas de mejores películas de la historia, el amor hacia ella fue un amor tardío.

El éxito no sirvió para revitalizar la carrera de Ashby, que murió a finales de los 80 y pasó los últimos años de su carrera haciendo películas menores (además de esta, la más destacada de su filmografía es ‘Bienvenido Mr. Chance’) ni para dar grandes dividendos al estudio. Como tantas otras cintas de culto, su éxito entre la cinefilia no se ha traducido en un éxito popular o de masas. Vamos, que ‘Harold y Maude’ tampoco es ‘Hocus Pocus’, otro descalabro convertido en fenómeno multitudinario con secuela incluida. Pero el reconocimiento postrero a ‘Harold y Maude’ es también el reconocimiento a un tiempo de revoluciones y de esperanza de un mundo más ácrata y mejor; un mundo que, como sabemos medio siglo después, nunca llegó.

 

 

 

 

 

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