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Sección : Poesía

LAGRIMA (GIL DE BIEDMA)

No veían la lágrima.

Inmóvil
en el centro de la visión, brillando,
demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre,
inmensa,
decían que una nube, pretendían, querían
no verla
sobre la tierra oscurecida,
brillar sobre la tierra oscurecida.

Ved en cambio a los hombres que sonríen,
los hombres que aconsejan la sonrisa.
Vedlos
presurosos, que acuden.
Frente a la sorda realidad
peroran, recomiendan, imponen confianza.
Solícitos, ofrecen sus servicios. Y sonríen,
sonríen.
          Son los viles
propagandistas diplomados
de la sonrisa sin dolor, los curanderos
sin honra.

La lágrima refleja
sólo un brillo furtivo
que apenas espejea.
La descubre la sed,
apenas, de los ojos
sobre los doloridos
utensilios humanos
-igual como descubre
el río que, invisible,
espejea en las hojas
movidas-, pero a veces
en cambio, levantada,
manifiesta, terrible,
es un mar encendido
que hace daño a los ojos,
y su brillo feroz
y dura transparencia
se ensaña en la sonrisa
barata de esos  hombres
ciegos, que aún sonríen
como ventanas rotas.

He ahora el dolor
de los otros, de muchos,
dolor de muchos otros, dolor de tantos hombres,
océanos de hombres que los siglos arrastran
por los siglos, sumiéndose en la historia.
Dolor de tantos seres injuriados,
rechazados, retrocedidos al último escalón,
pobres bestias
que avanzan derrengándose por un camino hostil,
sin saber dónde van o quién les manda,
sintiendo a cada paso detrás suyo ese ahogado resuello
y en la nuca ese vaho caliente que es el vértigo
del instinto, el miedo a la estampida,
animal adelante, hacia adelante, levantándose
para caer aún, para rendirse
al fin, de bruces, y entregar
el alma porque ya
no pueden más con ella.

Así es el mundo
y así los hombres. Ved
nuestra historia, ese mar,
ese inmenso depósito de sufrimiento anónimo,
ved cómo se recoge
todo en él: injusticias
calladamente devoradas, humillaciones, puños
a escondidas crispados
y llantos, conmovedores llantos inaudibles
de los que nada esperan ya de nadie…
Todo, todo aquí se recoge, se atesora, se suma
bajo el silencio oscuramente,
germina
para brotar adelgazado en lágrima,
lágrima transparente igual que un símbolo,
pero reconcentrada, dura, diminuta
como gota explosiva, como estrella
libre, terrible por los aires, fulgurante, fija,
único pensamiento de los que la contemplan
desde la tierra oscurecida,
desde esta tierra todavía oscurecida.

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DOLÇ ÁNGEL DE LA MORT (MÀRIUS TORRES)

Dolç àngel de la Mort, si has de venir, més val
que vinguis ara.
Ara no temo gens el teu bes glacial,
i hi ha una veu que em crida en la tenebra clara
de més enllà del gual.

Dels sofriments passats tinc l’ànima madura
per ben morir.
Tot allò que he estimat únicament perdura
en el meu cor, com una despulla de l’ahir,
freda, de tan pura.

Del llim d’aquesta terra amarada de plor
el meu anhel es desarrela.
Morir deu ésser bell, com lliscar sense esforç
en una nau sense timó, ni rems, ni vela,
ni llast de records!

I tot el meu futur està sembrat de sal!
Tinc peresa de viure demà encara…
Més que el dolor sofert, el dolor que es prepara,
el dolor que m’espera em fa mal…

I gairebé donaria, per morir ara
–morir per sempre–, una ànima immortal.

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EL BOTÍN DE LOS AÑOS INÚTILES

 

             EL POETA ANTONIO HERRANZ NOS ENVIA EL POEMA:

              “EL BOTÍN DE LOS AÑOS INUTILES”

 

                  LO PODEIS ENCONTRAR EN LA SECCION DESCARGAS

 

 

 autor del dibujo Jaume Plensa.

 

      

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MIGUEL HERNANDEZ

ACEITUNEROS

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

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Cuando el amor se queda escaso

 

 

 

 

 

Cuando el amor se queda escaso
y un solo cristal
separa mi cara de otras caras,
salvando entonces suciedades alternas
de un invierno
y otro invierno,
de un día y otro,
vuelvo a tener en mi mano
la sensación antigua
de estar lejos, única,
sin cordón alguno
ligado a la memoria de alguien,
al recuerdo de alguien,
sin oportunidad de acabar
o de empezar nueva,
sin poder hacer nada
o, tal vez,
contemplar un cristal
que separa mi cara de otras caras,
un tiempo de otros tiempos.

 

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Mario Benedetti

 

 

 

 

 

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

 

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CLAUDIO RODRIGUEZ

    
  

      
 
    

BRUJAS A MEDIODÍA

                                                         (Hacia el conocimiento)

   No son cosas de viejas
ni de agujas sin ojo o alfileres
sin cabeza. No salta,
como sal en la lumbre, este sencillo
sortilegio, este viejo

maleficio. Ni hisopo
para rociar ni vela
de cera virgen necesita. Cada
forma de vida tiene
un punto de cocción, un meteoro
de burbujas. Allí, donde el sorteo
de los sentidos busca
propiedad, allí, donde
se cuaja el ser, en ese
vivo estambre, se aloja
la hechicería. No es tan sólo el cuerpo,
con su leyenda de torpeza, lo que
nos engaña: en la misma
constitución de la materia, en tanta
claridad que es estafa,
guiños, mejunjes, trémula
carmín, nos trastornan. Y huele
a toca negra y aceitosa, a pura
bruja este mediodía de septiembre
y en los pliegues del aire,
en los altares del espacio, hay vicios
enterrados, lugares
donde se compra juventud, siniestras
recetas para amores. Y en la tensa
maduración del día, no unos labios
sino secas encías,
nos chupan de la sangre
el rezo y la blasfemia,
el recuerdo, el olvido,
todo aquello que fue sosiego o fiebre.
Como quien lee en un renglón tachado
el arrepentimiento de una vida,
con tesón, con piedad, con fe, aún con odio,
ahora, a mediodía, cuando hace
calor y está apagado
el sabor, contemplamos
el hondo estrago y el tenaz progreso
de las cosas, su eterno
delirio, mientras chillan
las golondrinas de la huida.

   La flor del monte, la manteca añeja,

el ombligo de niño, la verbena

de la mañana de San Juan, el manco

muñeco, la resina,

buena para caderas de mujer,

el azafrán, el cardo bajo, la olla

de Talavera con pimienta y vino,

todo lo que es cosa de brujas, cosa

natural, hoy es nada

junto a este aquelarre

de imágenes que, ahora,

cuando los seres dejan poca sombra,

da un reflejo: la vida.

La vida no es reflejo

Pero, ¿cuál es su imagen?

Un cuerpo encima de otro

¿siente resurrección o muerte? ¿Cómo

envenenar, lavar

este aire que no es nuestro pulmón?

¿Por qué quine ama nunca

busca verdad, sino que buscan dicha?

¿Cómo sin la verdad

puede existir la dicha? He aquí todo.

Pero nosotros nunca

tocamos la sutura,

esa costura (a veces un remiendo,

a veces un bordado),

entre nuestros sentidos y las cosas,

esa arenilla

que ya no huele a dulce sino a sal,

donde el río y el mar se desembocan,

un eco en toro eco, los escombros

de un sueño en la cal viva

del sueño aquel por el que yo di un mundo

y lo seguiré dando. Entre las ruinas

del sol tiembla

un nido con calor nocturno. Entre

la ignominia de nuestras layes se alza

el retablo con viejo

oro y vieja doctrina

de la nueva justicia. ¿En qué mercados

de altas sisas el agua

es vino, el vino sangre, sed la sangre?

¿Por qué aduanas pasa

de contrabando la harina

como carne, la carne

como polvo y el polvo

como carne futura?

Esto es cosa de bobos. Un delito

común este de andar entre pellizcos

de brujas. Porque ellas

no estudian sino bailan

y mean, son amigas

de bodegas. Y ahora,

a mediodía,

si ellas nos besan desde tantas cosas,

¿dónde estará su noche,

dónde sus labios, dónde nuestra boca

para aceptar tanta mentira y tanto

amor

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Ángel González

 

Cuando un poeta se muere sus versos se llena de luces extrañas, se iluminan igual que el fuego de San Telmo ilumina los barcos en la “calma chicha” del inmenso océano.

Y en esa ya permanente soledad, y en esa ya irreversible distancia, se escucha el lento chapoteo de una barca cuyos remos mueve la parca con gesto de ganancia. Pero el poeta vive en sus poemas después de muerto (lo que nos queda) y vive para siempre en la definitiva rúbrica de sus sueños.

Todos sus poemas son el poeta (tal vez todos los poetas sean un único poema), pero hay algunos poemas en los que su presencia es más desnuda, más descarnada; se hace más visible su tiempo, su memoria, su compromiso, su ironía y su desasosiego.

De entre toda la importante obra poética de Ángel González, he escogido un itinerario corto por cinco poemas que, a mi parecer, nos aproximan a su perfil de poeta-hombre o viceversa.
                                                 ANTONIO HERRANZ

 

De ÁSPERO MUNDO

 

Para que yo me llame Ángel González,

para que mi ser pese sobre el suelo,

fue necesario un ancho espacio

y un largo tiempo:

hombres de todo mar y toda tierra,

fértiles vientres de mujer, y cuerpos

y más cuerpos, fundiéndose incesantes

en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron

con su cambiante luz, su vario cielo,

el viaje milenario de mi carne

trepando por los siglos y los huesos.

De su pasaje lento y doloroso

de su huida hasta el fin, sobreviviendo

naufragios, aferrándose

al último suspiro de los muertos,

yo no soy más que el resultado, el fruto,

lo que queda, podrido, entre los restos;

esto que veis aquí,

tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste

a su ruina que lucha contra el viento,

que avanza por caminos que no llevan

a ningún sitio. El éxito

de todos los fracasos. La enloquecida

fuerza del desaliento…

 

(Identidad consciente. Herencia y estirpe con nombre y apellidos. Memoria oculta de la que el hombre aprende. Viaje imaginario hasta reconocerse. Se percibe lo sublime en el justo momento de la aceptación. Hijo del limo.)

 

De SIN EPERANZA / CON CONVENCIEMIENTO

 

YO MISMO

 

Yo mismo

me encontré frente a mí en una encrucijada.

Vi en mi rostro

una obstinada expresión, y dureza

en los ojos, como

un hombre decidido a cualquier cosa.

 

El camino era estrecho, y me dije:

“Apártate, déjame

paso,

pues tengo que llegar hasta tal sitio”.

 

Pero yo no era fuerte y mi enemigo

me cayó encima con todo el peso de mi carne,

y quedé derrotado en la cuneta.

 

Sucedió de tal modo, y nunca pude

llegar a aquel lugar, y desde entonces

mi cuerpo marcha solo, equivocándose,

torciendo los designios que yo trazo.

 

(Lucha interior, herida siempre abierta. El enemigo siempre somos nosotros mismos. No llegar llegando para sobrevivir. La encrucijada de toda disyuntiva se hace transparente humanidad. El error no lleva necesariamente a la derrota.)

3. De TRATADO DE URBANISMO

 

CIUDAD CERO

 

Una revolución.

Luego una guerra.

En aquellos dos años -que eran

la quinta parte de toda mi vida-,

yo había experimentado sensaciones distintas.

Imaginé más tarde

lo que es la lucha en calidad de hombre.

Pero como tal niño,

la guerra, par mí, era tan sólo:

suspensión de las clases escolares,

Isabelita en bragas en el sótano,

cementerios de coches, pisos

abandonados, hambre indefinible,

sangre descubierta

en la tierra o las losas de la calle,

un terror que duraba

lo que el frágil rumor de los cristales

después de la explosión,

y el casi incomprensible

dolor de los adultos,

sus lágrimas, su miedo,

su ira sofocada,

que, por algún resquicio,

entraban en mi alma

para desvanecerse luego, pronto,

ante uno de los muchos

prodigios cotidianos: el hallazgo

de una bala aún caliente

el incendio

de un edificio próximo,

los restos de un saqueo

-papeles y retratos

en medio de la calle…

Todo pasó,

todo es borroso ahora, todo

menos eso que apenas percibía

en aquel tiempo

y que, años más tarde,

resurgió en mi interior, ya para siempre:

este miedo difuso,

esta ira repentina,

estas imprevisibles

y verdaderas ganas de llorar.

 

(El punto de partida. Estigma de la experiencia en la ciudad cero de la muerte. Tragedia extraordinaria de la vida. Los ojos recogen los prodigios, los ojos se anegan en el llanto. El poeta y su memoria en una dolorosa unidad indestructible.)

 

4. De BREVES ACOTACIONES / PARA UNA BIOGRAFÍA

 

MERIENDO ALGUNAS TARDES

 

Meriendo algunas tardes:

no todas tienen pulpa comestible.

 

Si estoy junto al mar

muerdo primero los acantilados,

luego las nubes cárdenas y el cielo

-escupo las gaviotas-,

y para postre dejo a las bañistas

jugando a la pelota y despeinadas.

 

Si estoy en la ciudad

meriendo tarde a secas:

mastico lentamente los minutos

-tras haberles quitado las espinas-

y cuando se me acaban

me voy rumiando sombras,

rememorando el tiempo devorado

con un acre sabor a nada en la garganta.

 

(Calma y desasosiego. A la luz ambigua de la tarde, en la hora violeta, cuando se siente hambre de ser y el alimento es un simple ejercicio de autoestima. Sarcástico mantel donde se sirve como un plato frío la existencia.)

 

 

 

 

 

 

5. De POESÍAS SIN SENTIDO

 

DATO BIOGRÁFICO

 

Cuando estoy en Madrid

las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las

noches.

La luz no las anima a salir de sus escondrijos,

y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por

mi dormitorio.

lugar hacia el que

-por oscuras razones-

se sienten irresistiblemente atraídas.

Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente

de la república.

y yo me pregunto :

¿en qué país se creen que viven?,

estas cucarachas no leen los periódicos.

 

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache

y baile tangos hasta la madrugada,

para así practicar sin riesgo alguno

su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas

por las anchas baldosas de mi alcoba.

 

A veces las complazco,

no porque tenga en cuenta sus deseos,

sino porque me siento irresistiblemente atraído,

por oscuras razones,

hacia ciertos lugares muy mal iluminados

en los que me demoro sin plan preconcebido

hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

 

Ya de regreso a casa,

cuando me cruzo con sus pequeños cuerpos que se evaden

con torpeza y con miedo

hacia las grietas sombrías donde moran,

les deseo buenas noches a destiempo

-pero de corazón, sinceramente-,

reconociendo en mí su incertidumbre,

su inoportunidad,

su fotofobia,

y otras muchas tendencias y actitudes

que -lamento decirlo-

hablan poco a favor de esos ortópteros.

 

(Quiere ser lo que dice. Quiere nombrar para resucitarse. En la similitud un resto de esperanza, en la confesión un resto de conciencia maltratada. Desde lo oscuro y en lo oscuro la ironía se enciende y nos redime. Metamorfosis.)

(Antonio Herranz)

Febrero 2008

 

(Nota: Estos poemas de Ángel González están en su antología “Palabra sobre Palabra”, publicada en la Editorial Seix Barral.)

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Código de Conducta (Fragmentos) Antonio Herranz

Una nada
fuimos, somos, seremos
siempre, floreciendo:
rosa de nada,
de Nadie rosa.

PAUL CELAN
Otros ecos habitan el jardín…
                                                       
                                                                      T.S. ELIOT

Aquí la piedra es manantial

que fluye de la memoria de los nombres.

Es calle hacia el conocimiento,

recuerdos de una ingenuidad lejana.

Es inmóvil muralla en movimiento.

Cubo infinito lleno de suspiros.

Piedra cómplice horadada de círculos de sangre.

…………………………………………….

A la luz del día

nuestros muros se encienden,

y nos redime el tiempo.

El hacer y el deshacer del tiempo:

su colmena de sueños renovados,

su cieno donde se larva el instante,

sus ventanas cerradas a la hora de la confusión.

Amen.

……………………………………………….

 

Aquí la piedra huele a orines y se hace humana,

y entre sus grietas crece el moho de la historia.

Este lugar no existe,

pero nosotros somos sus fantasmas

buscando un destino con ambición y esperanza.

Sentimos que la noche nos habla,

lo único capaz de sujetarnos.

……………………………………………………

 

Sobre la almohada, entre anzuelos azules,

el ansia de vivir.

Y la verdad no alcanza al sentir del héroe,

tranquilo en su indolencia.

Qué nos queda del ímpetu sagrado

de recomponer los cuerpos maltratados,

de masticar sombras mientras se palpa

la perversa simetría del amor.

………………………………………………

 

Rueda el día sin carisma

desde las cumbres desgastadas.

Surgen luces homónimas

y en los hombres renace

el viejo deseo de acariciar

el cielo con sus torres huecas.

¿Por qué, si no falta el delirio,

tiene el porvenir tan oscuro horizonte?

………………………………………………

 

Con un aullido constante, vertical,

quiere el deseo encontrar su réplica,

quiere el pensamientos un ideal que calme

el abultado vientre del naufragio.

Se endurece la flor blanca del magnolio,

como nosotros, fábrica de dioses,

envueltos en brumas y en arena deshechos,

donde alguien escribe, aunque de nada sirva,

lo que pudimos ser y ya no somos.

………………………………………………….

 

Mutó la pasión como un cisne inventado

en medio del estanque de los años.

Poco a poco bebimos en el cuenco del olvido.

No eran aguas tranquilas para asomarse

ni para ver la realidad como espejo indiferente.

Pero miramos una, dos, mil veces…

como si la vida más tarde pudiera repetirse.

………………………………………………………

Bajo las piedras

se oye el rumor del tiempo,

acerco mi oído desafecto

y escucho a todos los que en mí han sido.

Piel de musgo que acaricia

con su aliento mi verso,

pues sólo la palabra esculpe,

donde la responsabilidad comienza,

la madera noble de la imaginación.

……………………………………………………….

 

En las fisuras del alma, en sus heridas,

en sus largos pasillos, en sus rincones,

en su lineal crepúsculo hacia la noche,

se encienden balizas de indulgencia

para cortar el paso a la autocompasión.

……………………………………………………….

 

 

Con el día escorado hacia poniente,

tengo a la tarde deshecha entre mis manos,

como esos pájaros que intuyen

corrientes favorables y huyen

del abrigo de la piedra,

rozando con alas cenicientas

el infierno y la gloria del mundo.

Así surge de mí como herida de insomnio,

la promesa más honda para amar lo inútil.

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