Crítica Cinematográfica

09 PM | 03 Mar

THELMA Y LUISE

Hubo un momento en que Hollywood pudo abrirse a la igualdad de género, que pudo escuchar a un público adulto que envió suficientes señales a la industria como para que le tuviese en consideración. Hubo un momento en que una película escrita por una guionista debutante y protagonizada por dos actrices se convirtió en el gran éxito de taquilla de la temporada. Hubo un momento en que parecía que por fin iba a acabarse el imperio machista que dominaba la gran pantalla. Y ese momento no fue ayer, ni el pasado mes de octubre cuando se desveló el escándalo Harvey Weinstein, el depredador sexual que mandaba en el cine independiente. Aquello ocurrió en 1991 con el estreno de Thelma y Louise. Y la oportunidad pasó, para desesperación de las cineastas, que vieron cómo los ejecutivos de los grandes estudios decidieron seguir con sus junglas de cristales, sus películas de Stallone y sin escuchar a las mujeres. Es buen momento para recordarlo justo el fin de semana de los Oscar.

Off The Cliff (Penguin Press) es un libro brillante. Escrito por la periodista Becky Aikman, el volumen describe el nacimiento y el rodaje de Thelma y Louise, un milagro de película, basándose en 130 entrevista propias. Sin embargo, en vez de narrar sencillamente el proceso, Aikman lo pone en dos contextos: el de finales de los ochenta, en una industria casi al 100% masculina, y desde la actualidad, como un análisis de una oportunidad perdida, ahora que estamos viviendo otro momento de esperanza para la igualdad de género.

Thelma y Louise nace de unas lágrimas, las de Callie Khouri, una directora de producción de vídeos musicales, hastiada del ambiente que le rodeaba. Khouri nunca había escrito un guion, con lo que no conocía algunos datos que estaban en su contra: de las 50 películas más taquilleras de 1988, el año previo al inicio de la producción de su película, solo dos habían sido redactadas por mujeres, y solo siete tenían una protagonista femenina. Y desde 1932 ninguna escritora había ganado el Oscar a guion original. Antigua estudiante de interpretación, Khouri no encontraba ninguna posibilidad de dar salida a su talento en un mundo, el audiovisual, en el que se premiaban los escotes y las caras de tontas entre las trabajadoras. Cumplidos los 30, Khouri se encerró a escribir un guion, su guion, que ella incluso quería dirigir. Y lo hizo así, en ese formato, y no en novela, porque sentía que el cine era el arte del siglo. Nunca se planteó otro formato.

Como bien recalca Aikman, el cine no siempre fue tan machista: entre los pioneros del séptimo arte había numerosas mujeres, sobre todo guionistas, pero también directoras y, obviamente, estrellas, actrices como Joan Crawford, Greta Garbo, Rosalind Russell, Bette Davis o Barbara Stanwick que luchaban por interpretar un material a la altura de su talento. El terremoto que sacudió la industria en los años sesenta y que acabó con el sistema de los grandes estudios no benefició a las cineastas. “Incluso sin estudios que las protegieran, las actrices perdieron su pequeño estatus”, apunta Khouri. Llegaron los cineastas autores: blancos, hombres y heterosexuales, con temas muy masculinos, y las mujeres desaparecieron de detrás de la pantalla y en ella encarnaban solo a prostitutas, rubias descerebradas o amas de casa neuróticas. Entre 1966 y 1979, solo una mujer dirigió una película en un gran estudio, y solo Jane Fonda y Barbra Streisand retuvieron suficiente poder como para decidir sobre sus carreras. En los ochenta empezó a haber más directoras debutantes… sin embargo, se quedaban en ese escalafón sin que el sistema les dejara desarrollar su obra.

En verano de 1988, Khouri dijo basta. Del tirón escribió una historia muy personal, plasmando sus experiencias y las de sus amigas, en un formato, el de road movie, que casi había desaparecido de las pantallas en los ochenta, aplastado por los supertaquillazos masculinos todo explosiones, músculo y finales felices de la época Reagan. Curiosamente, el cine con y para mujeres, como la comedia Cómo eliminar a su jefe, funcionaba en taquilla. Sin embargo, los ejecutivos de los estudios creían en que el cine era para hombres y la televisión para mujeres.

Khouri encontró representante y ella, Diane Cairn, supo mover el guion… que nadie quiso hasta que Mimi Polk, de la productora de Ridley Scott, lo leyó. Scott se convirtió en su productor (no se veía dirigiendo una historia de mujeres) y Pathé Entertainment en el estudio que la financiaría, con Jodie Foster y Michelle Pfeiffer como protagonistas. Le dejaron claro a Khouri que ella no lo dirigiría si quería estrellas en el proyecto, y más tarde Scott tuvo que dar el paso adelante como realizador. En otoño de 1989 las dos actrices protagonistas renunciaron, y la insistencia de Geena Davis, también estrella en aquellos años, la incluyó en el reparto antes de que ficharan una de las actrices más listas y con menos pelos en la lengua del cine: Susan Sarandon. “Yo nunca pensé en la posible influencia de aquel proyecto. Sencillamente firmé porque se rodaba en verano [el de 1990] y eso encajaba en mis necesidades como madre”, cuenta en perspectiva la actriz.

Ridley Scott y Callie Khouri nunca se llevaron bien. Pero Scott supo darle a la historia una épica, una emoción y un ritmo necesario para llegar a un público muy amplio. Y respetó su final agridulce. Thelma y Louise sufrió en su estreno desde el desprecio del estudio que la lanzaba (que había cambiado de presidente) hasta virulentos ataques conservadores por la secuencia en la que Louise mata al violador. “En el filme solo mueren tres personas, y dos de ellas son las protagonistas”, remarca Geena Davis. Por comparación con títulos de aquella temporada, casi nadie: en Jungla de cristal 2 morían 264 personas, y en Desafío total fallecían 74, 47 de ellas asesinadas por Arnold Schwarzenegger.

La película se estrenó el 24 de mayo de 1991. Entró la cuarta en taquilla, pero aguantó y aguantó durante semanas. Y acabó recaudando –solo en EE UU- 40 millones de euros (había costado 13 millones), el doble de lo previsto tras el primer fin de semana en cartel. Los principales medios de comunicación alabaron el filme y el mensaje que transmitía, profetizando que por fin llegaba el momento de cambio. Sin embargo, no pasó nada. Aikman dedica un capítulo, titulado ¿Quién mató a Thelma y Louise?, sobre la transformación que jamás ocurrió. Khouri ganó el Oscar, aunque le costó una década debutar en la dirección. Cuando Sarandon y Davis celebraron en el festival de Cannes el 25º aniversario de la película, Sarandon apuntó: “No hubo epifanía entre los estudios porque ni les interesó. Y eso que el filme ganó un montón de dinero”.

En 1989 las mujeres solo suponían el 29% de los personajes de Hollywood en pantalla. En 2016 seguía exactamente igual, en ese 29%. En 1991, de las 50 películas más taquilleras de Hollywood, solo cuatro fueron dirigidas por mujeres. En 2016, solo hubo una directora. Geena Davis, frustrada por su carrera, acabó fundando el Geena Davis Institute on Gender in Media. Y Hollywood siguió en manos de ejecutivos heterosexuales blancos interesados en superhéroes y sagas galácticas.

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09 PM | 03 Mar

Sabrina

Sabrina. Billy Willder. (1954).

Tal vez estemos ante el papel más atípico en la amplia y variada carrera de Bogart. Pero lo borda igualmente bajo el látigo del director vienés. Ambos se tenían una antipatía cerril y no se tomaron la molestia de disimularla. Sin embargo eran profesionales hasta las últimas consecuencias y el resultado de su colaboración está a la vista. La historia, por lo demás, es bien conocida. Un cuento a lo Cenicienta. Sabrina, hija del chófer británico de los poderosos Larrabee, está enamorada, a distancia, (social, enorme, distancia) del hijo menor de la familia. Este coquetea irresponsablemente con ella por puro entretenimiento. Como con otras. El padre de la chica, dignísimo, consciente del riesgo emocional para Sabrina, la envía a Paris a formarse en cocina. Ella, aprovecha su tiempo parisino para convertirse en una mujer elegante y seductora. Su regreso va a convulsionar la estabilidad de la casa Larrabee, y el asumido reparto de roles de los dos hermanos, el frívolo y alocado David (W. Holdem) y el adusto y trabajador Lynus (H. Bogart). El público pagó con el éxito poder apreciar una nueva faceta del duro Bogey.

 

Un saludo.
Alfonso Peláez
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11 PM | 27 Feb

AMANTE POR UN DIA

En estos instantes, cuando todo se transforma, se diversifica o se reforma, es de agradecer encontrar un cine regido por un esquema poco flexible, siempre parecido, pero que evoluciona en matices. Philippe Garrel, como Hong Sang-soo o Éric Rohmer, se encuentra, ya desde hace unos años, en este grupo de cineastas de la monotonía narrativa, para encontrar la diferencia entre la gama de personajes. Para bien, esto produce en algún espectador el placer del reencuentro.

Entre cruces, idas y venidas, marchas o llegadas, Garrel construye otra vez estos personajes. Una vez elaborado el guión clásico y cerrado, junto con Jean-Claude Carrière, Caroline Deruas y Arlette Langmann, empieza el largo proceso de ensayo con las actrices y los actores. Entre el reparto encontramos caras conocidas y una de nueva y refrescante: la de su hija Esther Garrel, que remite el talento de su familia con una de las interpretaciones del año.

El ensayo, como explica su hija en varias entrevistas, es tedioso, repetitivo y extenso, para así acabar rodando cada plano con una única toma. Este método constante en su forma de crear, permite trabajar las emociones y los detalles de los sujetos profundamente, abocando todo su esfuerzo en las interpretaciones de L’Amant d’un jour.

El film narra la historia de Gilles (Éric Caravaca), un profesor universitario de filosofía que inicia una relación amorosa y empieza a convivir con Ariane (Louise Chevillotte), una de sus estudiantes. Jeanne, su hija de 23 años, que tiene la misma edad que Ariane, se instala en su apartamento debido a la ruptura con su pareja, produciendo así un triangulo sentimental, un drama a tres.

Con una bella y muy delicada película de 16mm en blanco y negro, el autor francés de Les amants reguliérs,J’entends plus la guitare y L’ombre des femmes, edifica una tragicomedia sobre la libertad amorosa y la familia. ¿Cómo debemos reaccionar a nuestros impulsos sexuales, pasionales, al tener construidas unas relaciones de amistad y amor? Esta pregunta presente en todo el film, se resguarda en una idea más general e importante, el principal tema del film: la fidelidad y sus variantes. Desde la amorosa o sentimental, y aquí presente el egoísmo o la preocupación por el otro, pasando por la fidelidad de los secretos familiares. Sin emitir juicio en ningún momento Garrel crea el escenario para que los personajes discutan o se relacionen entre sí, bajo la fuerza de los lazos familiares.

Características comunes en los filmes del director como el tedio o la melancolía reaparecen una vez más por medio del deseo y la familia y son constantes durante todo el metraje. De este guión clásico y a veces teatral, en momentos las discusiones y las conversaciones dejan paso a instantes refrescantes, abstractos. En L’amant d’un jour vuelve a ser una de esas magníficas escenas de baile que a través de los cuerpos y la música Garrel se vuelve frágil, pero muy poético.

El director francés, obsesionado con el gesto y la palabra, volverá a traernos más historias como L’amant d’un jour, tan necesarias en años de velocidad. Y podremos volver a acercarnos a sus rostros en forma de primerísimo primer plano.

 Jaume Claret Muxart

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08 PM | 24 Feb

EL TESORO DE SIERRA MADRE

El tesoro de Sierra Madre. John Huston (1948)En los años veinte, Fred C. Dobbs (Humphrey Bogart), un sujeto fracasado que malvive en Tampico (Méjico), decide meterse a buscador de oro junto con otros dos socios, tan perdedores como él. Después de trabajar duro en un remoto lugar de La Sierra Madre, el destino los castiga con el éxito. La codicia hará el resto. Dobbs, incapaz de gestionarla, engendrará una locura devastadora para todos, empezando por él mismo. Esta película representa una de las lecciones éticas más incontestables que yo haya visto sobre una pantalla. Eso sí, la mejora (como lección) la novela en la que se basa. Obra de B. Traven, un oscuro escritor de origen alemán, antiguo combatiente de la Gran Guerra y fugitivo de una Alemania cada vez más inhóspita para ciertos tipos. El autor parece haber dado rienda suelta en su novela a todos sus demonio interiores.

Por otro lado, Bogart interpreta de modo magistral uno de los personajes más desquiciados de toda su carrera.

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01 PM | 21 Feb

Presentación de Tener y no Tener

Tener y no tener. To have and have not. Howard Hawks (1944). Aventuras. Estados Unidos. VOS.

Hoy toca una obra maestra, producida y dirigida por el genial Howard Hawks para la Warner en 1944.

Cuenta la leyenda que Hawks y Hemingway estaban de pesca y el director le apostó al escritor que con su peor novela, To have and have not, a la que la crítica había machacado, él era capaz de realizar una gran película. La apuesta desde luego iba en serio, ya que además de dirigirla estaba dispuesto a comprar los derechos y llevar la producción. El escritor solo recogió el guante a la segunda, cuando, otra vez, volvió a necesitar dinero. Y el ubicuo Jack L. Warner apadrinó la operación haciendo un hueco en su estudio. Para el guion se contó con J. Furthman y con el mismísimo William Faulkner, a quien la oportunidad de enmendarle la plana a Hemingway, más conocido y más exitoso, aunque no menos bebedor, que él, le motivaba lo suyo. Y parece que ambos congeniaron bien, cuando se reunieron para colaborar en el barco del primero. De este modo, la película que vamos a ver a continuación, dentro del ciclo Bogart, tal vez sea la única de la historia, cuyo guion ha concitado a dos futuros premios Nobel de Literatura.

Lo cierto es que la novela, justificada por la necesidad de conseguir dinero rápido, en 1937, cuando  el autor estaba cubriendo la Guerra Civil Española, como reportero, y dándose la gran vida en el hotel Florida de la Plaza de Callao, junto a Dos Passos, y Kappa, y a otros, pues eso, que la novela (25.000 ejemplares vendidos en el lanzamiento) puede que sea mejor, literariamente, de lo que fue considerada por la crítica del momento; pero de lo que no cabe duda es de que el talento, la habilidad, el oficio, el sentido del humor del director, y la incorporación de la magnética pareja Bogart/Bacall, (novata, 19 años, modelo de revistas de moda), engrandecieron la historia hasta convertirla en una película genial.

Es ineludible comparar Tener y no tener con Casablanca. Obligan a ello el protagonista, la proximidad en el tiempo, el estudio que la produce, el tono exótico de la trama, la ambientación en un territorio francés colonial y el escenario principal de la acción: un local bullicioso y cosmopolita por el que pasa lo más granado de la sociedad pedánea y foránea. La comparación es aun más inevitable cuando ambas las estamos visionando en el intervalo temporal de una semana. Pero realmente son dos historias absolutamente diferentes, en mi opinión, por tres motivos elementales:

El primero es que en Casablanca la excelencia del resultado obedece, sobre todo, a una venturosa casualidad. La improvisación que reinó siempre en su rodaje, más allá, e incluso a pesar, de la extraordinaria habilidad de Michael Curtiz para no perder el norte, bien pudo motivar que aquello hubiera terminado en una pifia monumental. En Tener y no tener, por el contrario, no se deja nada al azar. Cada detalle narrativo parece estar medido para encajar en un mecanismo de alta precisión. Hasta la extravagante ocurrencia de Eddie (Walter Brennan) de pasarse la película preguntando a todo el mundo si alguna vez le ha picado una abeja muerta. Porque ese sinsentido ayuda a construir la solvencia estructural de un secundario decisivo.

El segundo detalle que la diferencia de Casablanca es la relevancia de la historia de amor: aquí es mucho más sencilla. No hay tensión triangular. Na hay un pasado ominoso que la amenace. Solo un simple flechazo entre una chica bella y libre y un hombre resabiado, pero dispuesto a morder el anzuelo con todas las consecuencias. Lógicamente, lo que resulta de planteamiento tan elemental, en el mejor sentido de la palabra, es el puro disfrute de vivir y de querer. Además, la química entre la pareja protagonista es de tal grado que permaneció para siempre entre ellos, ya que Lauren Bacall se convirtió en la cuarta Sra Bogart hasta el final de los días del actor.

Por último, la tercera diferencia radica en que ya en esta entrega poner mal a los funcionarios de Vichy es mucho más barato. Estamos en el 44. La suerte de la guerra ya parece escrita. Los Aliados avanzan por suelo francés metropolitano, y en tales circunstancias, Harry no tendrá ningún inconveniente ni problema en disparar al reflector de la patrullera francesa. Tampoco en dar lecciones de democracia. O en hacer valer sus derechos de ciudadano americano.

Bueno, hay una más. Mientras que en España Casablanca se estrenaba en diciembre de 1946, Tener y no tener no llegó a nuestras pantallas hasta diciembre de treinta años más tarde.

Una vez establecidas las pertinentes diferencias por comparación, les ruego que no me pregunten cuál es mi favorita. Es más, creo que tampoco deben preguntárselo a ustedes mismos. Simplemente disfruten hoy de las elocuentes miradas entre Slim/Bacall y Harry/Bogart.

ALFONSO PELÁEZ

 

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