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12 AM | 27 Sep

MARX HOY, RELACIÓN DE CONFERENCIANTES

SÁBADO 30 DE SEPTIEMBRE 2017

LA HUELLA DE KARL MARX, DE TROTSKY A KOLAKOWSKI Conferenciantes: ANTONIO DEL MAZO UNAMUNO Licenciado en Filosofía ANTONIO CHAZARRA Profesor de Historia de la Filosofía Moderna Modera: Félix Alonso. COLECTIVO ROUSSEAU

SÁBADO 28 DE OCTUBRE

MARX Y EL PSICOANÁLISIS Conferenciante VLADIMIR CARRILLO Licenciado en Sociología y Psicoanalista Modera: Eugenio García Colectivo Rousseau

Sábado 18 de noviembre EL MARXISMO EN EL SIGLO XXI: DAVID HARVEY Conferenciante FELIPE AGUADO Catedrático de Filosofía Modera Alfonso Peláez Colectivo Rousseau

Sábado 25 de noviembre

EL MARXISMO EN ESPAÑA, SU PASADO Y SU FUTURO Conferenciante RAFAEL FRAGUAS Sociólogo y escritor Moderador Eugenio García. Colectivo Rousseau

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06 PM | 20 Sep

EL YELMO DE LA INDEPENDENCIA

Cuando vienen mal dadas hay que buscar refugio.

En estos últimos días para muchos caribeños y norteamericanos, desgraciadamente desplazados por el Irma, ese refugio ha sido un estadio, una escuela, un pabellón deportivo, lugares incómodos pero más seguros que sus viviendas, a la espera de poder regresar a casa.

Para otros, alejados del terrible huracán, pero azotados por los últimos vendavales políticos, el refugio se hace igualmente necesario aunque sea muy distinto y por supuesto infinitamente más confortable que el de los obligados a ponerse a salvo con peligro de sus vidas. Algunos, en tiempos de inclemencia y de perplejidad, buscamos cobijo en la música, en el cine o en la literatura.

En mi caso, es en los libros donde encuentro seguridad y resguardo. No sólo por aquello de que las historias que nos suelen contar nos proporcionan la posibilidad de una vida vicaria y, en consecuencia, permiten hacernos la ilusión de convertirnos en otros y ser protagonistas de aventuras extraordinarias como ocurre también en las películas, sino porque los libros nos dan la oportunidad de comprobar que entre sus páginas se hallan la mayoría de respuestas a nuestras preguntas.

Los manuales de autoayuda se quedan cortos ante textos tan fundamentales como El Quijote, una novela llena de sentido crítico y humorístico a la que siempre vuelvo.

(Raúl)

En El Quijote aprendemos que el deseo, muy a menudo, nada tiene que ver con la realidad: los molinos seguirán siendo molinos, no gigantes y los rebaños no se convertirán en ejércitos, por más que la calenturienta mente del manchego universal así lo perciba. La realidad acaba siempre por imponerse para mostrarnos que las quimeras que nos retrotraen al pasado, como las de Don Quijote, que pretendía en los inicios del siglo XVII resucitar nada menos que a los caballeros andantes medievales, terminan desgraciadamente mal, muy mal.

También acaba mal burlar las leyes o lo que es lo mismo, saltarse la legalidad, como hace Don Quijote al liberar a los galeotes, que, arremeterán a pedradas contra su libertador, demostrándonos hasta qué punto el caballero es, en el fondo, un ingenuo pese a los ideales justicieros que le guían. No se da cuenta de que lo previsible es que los delincuentes condenados a galeras se comporten de manera canalla.

Mucho más aún que estos ejemplos, que permiten entender mejor aspectos de cuanto nos rodea y entendernos mejor a nosotros mismos como presumen los manuales de autoayuda, el pasaje quijotesco que, a mi juicio, más y mejor nos sirve de pauta para encararnos con el momento actual es aquel en que Don Quijote ve venir por la llanura manchega a un barbero que, para resguardarse de la lluvia, lleva sobre su cabeza una bacía (vasija cóncava por lo común con escotadura semicircular en el borde, usada por los barberos para remojar la barba, según el Diccionario de la RAE). Pero él no ve ese cacharro. No ve esa humilde, cotidiana y doméstica bacía, que sí percibe Sancho.

Los ojos de Don Quijote observan maravillados nada menos que un yelmo, una pieza de la armadura antigua que cubría la cabeza y el rostro y que, por si fuera poco, no es un yelmo cualquiera. Para el loco ­visionario es nada menos que el yelmo de oro del rey moro Mambrino, que tiene la virtud de hacer invulnerable a quien lo ­lleve.

Escuchando con la mayor atención el pasado domingo la entrevista de Ana Pastor a Oriol Junqueras y después las preguntas que le hicieron una serie de personas que participaron en el programa El objetivo, emitido por La Sexta, constaté hasta qué punto el señor Junqueras trataba por todos los medios que le contempláramos tocado con el yelmo de Mambrino.

Dicen que el vicepresidente de la Generalitat, además de buenísima persona, es hombre culto y en consecuencia no dudo que haya leído El Quijote y quizá, como alumno del Liceo Italiano, a Mambrino Roseo da Fabriano, un autor de novelas de caballerías al que Cervantes parece aludir al referirse al famoso yelmo. Aunque tal vez el yelmo mágico, con el que Junqueras creía haberse convertido en invulnerable, debería llamarse yelmo de la Independencia. Una palabra taumatúrgica, pues tiene la fuerza quijotesca de poder cambiarlo todo al antojo de quien la pronuncia con fe y realizar así extraordinarios prodigios. Independencia significa que la realidad roma, gris, mostrenca, átona, insípida, vulgar –la bacía– ya no existirá cuando Catalunya sea un Estado. Sólo habrá yelmos de metales preciosos y eso lo convertirá todo en riqueza, color, entusiasmo, alegría y felicidad.

Junqueras se salió por la tangente sin contestar a lo que se le preguntaba. Tan sólo reiteró en todas y cada una de sus respuestas el paradisiaco país que nos espera a partir del minuto en que Puigdemont proclame la República Catalana. La sanidad mejorará, la escuela funcionará a las mil maravillas, se crearán nuevas plazas para profesores, el paro se reducirá, tendremos dos pasaportes, Europa no podrá prescindir de Catalunya y las relaciones con la vecina España serán estupendas. Sólo le faltó añadir la frase de Francesc Pujols i Morgades: “Llegará un día en que los catalanes yendo por el mundo lo tendremos todo pagado”. Amén.

carmen riera. La Vanguardia del día 17 de septiembre

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04 PM | 10 Sep

Esto, ¿de que va?

Lo hemos oído muchas veces. “Això va de democràcia”. Es uno de los últimos eslóganes magnéticos del proceso . Quizás fue en diciembre cuando por vez primera se utilizó de manera planificada. Fue durante el acto que las entidades soberanizadoras organizaron en apoyo de la presidenta del Parlament. Carme Forcadell acudía al Tribunal Superior de Justícia para declarar como investigada. Mucha gente llevaba carteles con el fondo rojo donde estaba impresa la afirmación “Això va de democràcia” sobre los logotipos de los convocantes. También aquel día, antes de que la presidenta subiera la escalinata del Palacio de Justicia, miembros de la ANC alinearon 10 letras en la calle y frente a la cabecera de la concentración. Democracia. La escenografía, otra vez, potentísima. La capitalización del concepto no podía ser más efectiva.

Ahora bien, más allá de la imagen, ¿ha ido esto de democracia? En parte sí, pero diría que accidentalmente o, en todo caso, habría que aclararlo más allá del eslogan para evitar más ambigüedades tácticas. Quitémonos la careta de las sonrisas. Ya no hace falta. Ante todo, si esto ha ido sobre algo, ha sido sobre si los catalanes podemos ejercer (o no) el derecho a la autode­terminación.

Antes que sobre el funcionamiento de la democracia, esto va sobre soberanía. Concretemos. Va sobre el ejercicio del derecho a la autodeterminación para romper con el Estado español refundado a raíz de la revolución liberal y ­crear uno nuevo en la era de globalización que se amolde a los límites de lo que hemos consensuado que es la nación catalana. En esta última fase de conflicto institucional va sobre si una mayoría minoritaria de los ciudadanos hoy puede legitimar una mayoría parlamentaria (no cualificada) para aprobar una legislación alternativa a la establecida con el objetivo de constituir un nuevo poder. Y paralelamente, esto va también sobre la capacidad del Gobierno español para imponer y hasta dónde la defensa de la soberanía española. Este es el nudo planteado. Es el nudo que el referéndum pretende resolver por vía unilateral, que no es precisamente la más democrática de las vías. Pero que es una vía.

El relato del independentismo moderado fija el inicio del proceso de soberanización de la sociedad del catalanismo en la sentencia del Tribunal Constitucional. Diría que es una explicación algo simplificada porque peca por causal y sólo es unidireccional. Más ajustado a la complejidad de la realidad sería convenir que la sentencia, decantando la interpretación de la ambigua Constitución en dirección uniformizadora, propulsionó una dinámica soberanista que desde hacía exactamente un lustro se estaba estructurando (ideológicamente, políticamente y socialmente). Sería difícil de explicar, si no fuera así, la naturaleza de la manifestación del 10 de julio del 2010 contra la sentencia y en la cual el presidente de la Generalitat José Montilla fue abucheado. Aquella convocatoria masiva, organizada por Òmnium Cultural, era ya descaradamente soberanista, como proclamaba el lema “Som una nació. Nosaltres decidim”.

Lo que cambió con la sentencia, resquebrajada la mecánica institucional, era que el soberanismo había identificado el instrumento que debería desbaratar: el intérprete del manual de instrucciones del Estado de 1978. Desde aquel momento un argumento central y necesario ha sido presentar al TC como el organismo del Estado deslegitimado por antonomasia. Para conseguirlo hacía falta que el PP no se moviera de su posición. Que persistiera. En la medida en que los populares no han afrontado políticamente el problema y han seguido usando el TC como su delegado en el conflicto impidiendo que actuara como árbitro, mes tras mes, año tras año, la estrategia soberanista de deslegitimación del Alto Tribunal no ha hecho más que reforzarse.

Con mayoría en la ponencia que redactaba el Estatut en el Parlament, tensaron lo bastante el redactado para que la filosofía predominante del texto fuera la de una bilateralidad que superaba los márgenes de la Carta Magna. No era la idea federalista de Maragall sino que sonaba a la confederación del plan Ibarretxe. No hubo capacidad de los socialistas para desacelerar aunque lideraban el Gobierno. No se produjo la rectificación. Dicho con otras palabras: se planteó un pulso soberanista en el plano jurídico que en paralelo buscó un apoyo social masivo. El Estatut se convirtió, también, en agente de movilización. Lo alimentaba el PP trotando sobre el carro del ­populismo de las consultas demagógicas y flirteando con sus terminales mediáticas que consolidaban “una suerte de estrategia dogmática rayana en el fascismo” (cito al popular J.M.ª Lassalle). El ambiguo derecho a decidir maquillaría la recuperación del derecho a la autodeterminación, que parecía arrinconado en la buhardilla de la ruptura de la transición. Actores y herederos de la ruptura se reencontraron con los hijos del pujolismo más activos. El catalanismo había empezado a mutar. Pasó de regionalista a soberanista. Y, ocupando el carril central de la sociedad, ahí sigue.

JORDI AMAT, LA VANGUARDIA 10 DE SEPTIEMBRE 2017

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09 PM | 05 Sep

¿HACIA UN CONFLICTO NUCLEAR?

Corea del Norte-Estados Unidos, hacia un conflicto nuclear

 

Rafael Fraguas ||

Periodista y sociólogo ||

La guerra ideológica y psicológica que antecede a todo conflicto bélico ha estallado ya entre Corea del Norte y Estados Unidos. De su evolución o freno va a depender la viabilidad -o no- de una temible confrontación militar abierta, ya que se libraría, muy probablemente, esgrimiendo el empleo de armas nucleares. El actual conflicto entre Pyongyang y Washington exige hoy, por ello, analizar detenidamente la información que llega de la zona, para poder descubrir qué aspectos son mera propaganda unilateral de cada contendiente y cuáles pertenecen a la realidad objetiva.

 

Corea del Norte es uno de los países más desconocidos de la Tierra. Cuenta con más de 24 millones de habitantes. Ocupa un territorio de 120.000 kilómetros cuadrados, menos de la mitad de la extensión de la península asiática septentrional coreana, situada entre los mares Amarillo y del Japón, con límites terrestres con Rusia y China. Una quinta parte del país, de textura agroindustrial, incluye tierra cultivable. De consistente homogeneidad étnica, el país ha sufrido graves desastres naturales que han refrenado su desarrollo, semejante al de otros países asiáticos evolucionados, hasta mediados los años 70 del siglo anterior.

Su sistema político se define como una República Popular Democrática; cuenta formalmente con varios partidos políticos, siendo el hegemónico el Partido de los Trabajadores, nacional-comunista. Su economía está estatalizada casi al completo, con servicios sanitarios y educativos gratuitos. Su población está alfabetizada al 100%. Su líder es Kim Jong un -hijo menor de Kim Jon il, muerto en 2011-, y nieto de Kim Il Sung, líder histórico carismático, mentor de la idea Zuche. Se trata de una teoría-práctica ideo-política, con elementos del antiimperialismo, el comunismo, el nacionalismo y las religiones ancestrales, con el acento en el carácter de masas del régimen. Posee un ejército considerado entre los más numerosos del mundo: en torno a 1.100.000 efectivos más varios cuerpos paramilitares y voluntarios que multiplican varias veces este contingente.

La información sobre Corea del Norte, siempre excesivamente sesgada y criminalizada por medios occidentales, tropieza de entrada con dos importantes obstáculos políticos, a saber: la impenetrabilidad informativa del régimen de Pyongyang, capital norcoreana; y una actitud estadounidense de apagón informativo o de extremada descalificación al respecto, según los casos, cimentados ambos en el designio hegemónico de Estados Unidos hacia Asia, iniciado en Corea con su presencia militar directa en la península asiática desde 1950, coincidente con el estallido de la llamada Guerra de Corea. Cinco años antes, en agosto de 1945, Estados Unidos había lanzado dos bombas atómicas sobre las populosas ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, bombardeo que causó más de 150.000 muertes instantáneas en dos días consecutivos, hechos que acrecentaron la hostilidad continental, señaladamente la coreana, hacia Washington, que demostró de tal manera su poderío como superpotencia inaugurando la llamada Guerra Fría.

Hasta 1953 y durante tres años, la península septentrional asiática de Corea fue escenario de una cruenta guerra civil con la presencia directa de tropas norteamericanas e internacionales, bajo mandato de la ONU, sobre el territorio coreano, así como por contingentes militares chinos y armamento soviético que apoyaban al  dirigente comunista, Kim Il Sung; este líder guerrillero nacionalista dirigió la lucha popular contra la ocupación japonesa de Corea durante la Segunda Guerra Mundial y fue el  mentor de un rotundo mensaje ideo-político antiestadounidense.

El ascendiente ruso y chino sobre Corea del Norte concede a China y Rusia un evidente margen negociador para disuadir a los Estados Unidos y también a Corea del Norte de una intervención militar-nuclear en la conflictiva península asiática.

La Guerra de Corea (1950-1953) quedó en tablas. La Casa Blanca destituyó en 1951 al general Douglas Mc Arthur, destacado anticomunista y comandante en jefe de las fuerzas allí destacadas, que había pedido al Presidente Harry Salomón Truman, al que profesaba abierta enemistad, arrasar Corea del Norte con armas nucleares. La guerra culminó con la partición del país en dos a lo largo del paralelo 38 y con el establecimiento de un régimen capitalista y pro-estadounidense al Sur, con capital en Seúl, y un régimen comunista al Norte, con capital en Pyongyang, apoyado por Pekín y Moscú. Tras la descomposición de la URSS, China y Rusia han tomado cierta distancia respecto de Pyongyang, pero conservan allí notable ascendiente. Aquella enemistad norcoreana-estadounidense prosigue con intensidad intermitente hasta nuestros días.

 

Escalada

En líneas generales el esquema del conflicto se expresa así: Corea del Norte, a través de su líder desde 2011, Kim Jong Un, despliega una política con la que va escalando los peldaños de una carrera para acrecentar su dotación de armamento nuclear; con plutonio obtenido en su central nuclear de Yongbyon, podría disponer, al menos, de una quincena de armas nucleares; mientras tanto, realiza pruebas con misiles de alcance medio, Nodong, y largo, Tepodong-2; con uno y otros, amaga amenazar enclaves estadounidenses, en principio en el océano Pacífico, como la base militar isleña de Guam, otrora posesión oceánica española; a finales de agosto de este año, Corea del Norte atemorizó a Japón con el lanzamiento y sobrevuelo de un proyectil balístico provisto de una ojiva, presumiblemente del tipo Taepodong-2, por encima del principal aliado de Washington en Asia, el país nipón; el misil cayó sobre el mar a unos 1.080 kilómetros de la costa oriental japonesa.

Y, más recientemente, el 3 de septiembre de 2017, dos movimientos sísmicos consecutivos, de al menos 5,7 y 4,6 grados de intensidad en la escala de Richter, registrados a nivel de la cota del suelo en las inmediaciones del polígono de experimentación nuclear de Punggye-ri, a 350 kilómetros al noreste de la capital norcoreana, permitieron asegurar que Corea del Norte había detonado una bomba de Hidrógeno, en la que sería su sexta prueba con armas nucleares reales. Pyongiang confirmó horas después el experimento, en el que podría haber deflagrado una potencia explosiva de decenas de megatones, según algunos expertos. Empero, tal proximidad de explosiones podría significar o bien un accidente consecutivo a la primera deflagración, o bien un sabotaje para impedir la prosecución de más pruebas de este tipo.

Kim Jong Un inspecciona lo que Pyongyang cataloga como su última bomba de hidrógeno.

 

Precedentes

Estados Unidos había determinado a partir de 2008 un riguroso bloqueo económico y tecnológico sobre Pyongyang, secundado por Corea del Sur, más Japón, Suiza, México y Australia. No obstante, los embargos aceleraron la carrera nuclear norcoreana a la que actualmente asistimos. Washington ha desplegado asimismo consecutivas maniobras militares conjuntas con su aliado surcoreano en las inmediaciones de la frontera con Corea del Norte, mientras se apoya en Japón y moviliza alianzas internacionales para truncar los aparentemente indescifrables planes norcoreanos.

El precedente de la actual escalada nuclear se inició el 9 de octubre de 2006 con la primera prueba nuclear norcoreana, con una potencia estimada entre 0,5 y 0,8 kilotones, aunque se proponía alcanzar otra, de hasta 4 kilotones; de ella dio cuenta al Gobierno de su vecina China con 20 minutos de antelación. Así lo ha escrito Wade L. Huntley, del Simons Centre de Disarmament and Non-Proliferation del Instituto Liu de la Universidad canadiense de Columbia británica.

Ya en 1985, el régimen norcoreano se había adherido al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TPN). Desde el siguiente año, se cree que acumulaba plutonio procedente de la central de Yongbyon, en una cantidad estimada entre 27 y 29 kilos para el año 1994; empero, en el mismo año se firmó un acuerdo-marco entre Estados Unidos y Corea del Norte, que determinó el cierre de la central de Yongbyon y el precinto de las 8.000 barras de combustible allí irradiado. En 1992, Pyongyang y Seúl habían firmado otro acuerdo para mantener la península coreana libre de armas nucleares. El programa nuclear norcoreano quedó así detenido entre los años 1997 y 2002.

En 2002, tras ser acusado el régimen norcoreano de reiniciar un ulterior programa nuclear a base de uranio, el acuerdo con Estados Unidos quedó roto y Corea del Norte abandonó el Tratado de No Proliferación, en el primer caso oficial de salida del TNP por parte de un país miembro. Tras recibir sanciones de la ONU, un año después, Pyongyang decidió poner en marcha de nuevo el reactor de Yungbyon, que iba a ser ampliado hasta una capacidad de 50 megavatios de los 5 iniciales, y comenzó el reprocesamiento del plutonio almacenado hasta entonces.

La posible anteposición de los intereses propiamente japoneses por una paz con Corea del Norte respecto de los intereses estadounidenses en Asia causa dolores de cabeza a la diplomacia norteamericana.

Bloqueo-escalada

El contexto geopolítico en el que se desarrolló esta escalada hasta nuestros días tuvo su origen en distintos hechos. Uno de los principales se atribuía a los efectos internos de los bloqueos económicos y tecnológicos externos impuestos a Corea del Norte por su conducta nuclear, que causaron el agravamiento de una crisis humanitaria sin precedentes tras la pérdida de, al menos, 200.000 de sus habitantes durante una hambruna desencadenada por desastres naturales, cuyos efectos devastadores el boicoteo impuesto desde el exterior impidió paliar.

Tiempo después, los cambios operados por el presidente George Bush en 2008 respecto a Corea del Norte, a la que unilateralmente exigió zanjar su política nuclear y amenazó con nuevos bloqueos financieros y de importaciones, intensificaron sobremanera las tensiones. En 2010, con la llegada al Gobierno de Corea del Sur del ex empresario Lee Myung bak, alcalde de Seúl, este puso fin a diez años de parcial distensión con Corea del Norte mediante una política de colaboración exigua, reducida a contrapartidas muy estrictamente delimitadas.

Desde esas fechas, la acentuación  acelerada de la confrontación con Estados Unidos y Corea del Sur, así como con Japón en menor escala, se ha intensificado. Analistas y observadores se preguntan qué propósito hay, en verdad, detrás de la carrera nuclear norcoreana. Todo el mundo sabe que el empleo de las armas nucleares acarrearía respuestas consecutivas, con desenlaces devastadores e inciertos sobre quienes se decidan a emplearlas. Por ello, todo apunta a que el régimen norcoreano no solo persigue hacerse un lugar -que ya casi ha logrado-, en el club nuclear mundial, junto a las cinco grandes potencias, Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña, más la India, Pakistán e Israel; el régimen de Kim-Jong-un se propone establecer una confrontación asimétrica con el gigante geopolítico estadounidense, lid que permite a quien la despliega mantener en jaque a su superior rival sobre la base de la amenaza de una destrucción mutua, total o parcial, asegurada por el eventual empleo de armas nucleares, todas ellas devastadoras.

Tal asimetría resulta, al cabo, mucho más gravosa para la superpotencia que la afronta, por cuanto que la extensión de los intereses que defiende, en población y recursos, es muy superior a la del adversario, de proporción mucho menor. Por ello, mantener ese desnivel asimétrico proporciona al inductor de este tipo de estratagema un poder creciente respecto de una negociación, poder que solo puede ser conjurado, en este caso, mediante la eliminación de Kim Jong un y la de su régimen, en el cual, aparentemente, no se observan fisuras.

Otro factor a tener en cuenta es la histórica vinculación de Pyongyang con Pekín, que en ocasiones empleó su ascendiente sobre Corea del Norte para amagar, a través suyo, a terceros países, incluido Estados Unidos. China, sin duda, como primera potencia asiática y país fronterizo con  Corea del Norte, se vería involucrada en la contienda, extremo que Washington no parece por el momento desear. Sin embargo, desde la guerra de Vietnam, es constante su política de tensión y rivalidad en torno al bajo vientre marítimo de China, a la cual disputa allí la hegemonía naval en torno a las islas Paracelso y Spratley, de alto valor estratégico para el control del área y del Pacífico central. Taiwan, la antigua isla de Formosa, situada en el Mar de China, aliado de Estados Unidos en la zona, es el reducto del nacionalismo anticomunista chino de Chiang Kai chek, expulsado militarmente del continente por las tropas de Mao Tse tung antes de la proclamación de la República Popular comunista, en 1949.

Por otra parte, la pequeña franja fronteriza de Corea del Norte con la Siberia rusa involucra igualmente en el conflicto a Moscú que, históricamente, mantuvo lazos muy estrechos con Pyongyang. Con todo, el ascendiente ruso y chino sobre Corea del Norte concede a China y Rusia un evidente margen negociador para disuadir a los Estados Unidos y también a Corea del Norte de una intervención militar-nuclear en la conflictiva península asiática. Toda solución al conflicto, pasa asimismo por Pekín y Moscú, ambas potencias nucleares.

A su vez, la posible anteposición de los intereses propiamente japoneses por una paz con Corea del Norte respecto de los intereses estadounidenses en Asia, ahora que Tokio ansía más autonomía respecto de Washington, causa dolores de cabeza a la diplomacia norteamericana: se halla confrontada por un potente impulso aislacionista a la retirada de algunos escenarios internacionales, conforme a los deseos del actual inquilino de la Casa Blanca. Donald Trump afronta en esta crisis una prueba decisiva para su mandato ya que, o bien le puede permitir concentrar energías en un enemigo exterior que mitigue los graves conflictos interiores que encara, o bien le puede arrastrar, si no sortea el trance adecuadamente, hasta una escalada nuclear capaz de acabar no solo con él, su presidencia y su gente, sino también con casi tod@s nosotros.

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