06 PM | 07 Jul

Por imperativo legal

 

En la constitución del Ayuntamiento de San Lorenzo, (me limito a escribir sobre mi pueblo) el concejal electo de podemos-Ecuo, utilizó la fórmula del “imperativo Legal”, que desde que se usó por Batasuna, y luego refrendada por el Tribunal Constitucional  para prometer un cargo, ha pasado de ser algo simbólico, a una moda con la que distinguirse. Mi amigo de Facebook, el socialista Perelló, nos decía el otro día que “por imperativo legal” he parado en un semáforo, he pagado el billete del tren, he pagado al taxista, he renovado mi pasaporte, he hecho la declaración de renta, circulo con mi coche por la derecha, no puedo administrar empresas privadas… Mi vida es un imperativo legal, desde el día en que mis padres, por ese mismo motivo, registraron mi nombre y nacimiento en el Registro Civil. Y nunca se me ocurrió cada vez que hago una de esas cosas recordar en voz alta que el motivo es el imperativo legal, derivado del Imperio de la Ley que rige los Estados Democráticos. Se lamentaba del desazón que provoca en quienes no hayan descubierto hasta este momento como afecta el imperativo legal a sus vidas. Se ha llegado al esperpento de  prometer en un pueblo de Cataluña, “por el año 1714 y la llegada de los fueros”. A mi juicio, con la fórmula habitual, estar a favor de una sociedad mejor, más justa y más igualitaria no es incompatible.

Luego está el “imperativo ciudadanos”. Necesitamos saber algunas cosas más, además de lo publicado en el comunicado de Vecinos. Sería muy interesante conocer en qué momento se rompió el pacto que tenían prácticamente cerrado, si intervino la dirección de Ciudadanos, y si la insistencia del PSOE de entrar en el gobierno tuvo algún efecto determinante. La alcaldesa saliente tuvo ocasión de hacer un discurso de despedida y no lo hizo, esperaremos una rueda de prensa con preguntas en los próximos días. El partido Vecinos nos debe una explicación. Espero con ansiedad conocer el nuevo concejal de cultura, le pediremos de inmediato una reunión para poner en marcha nuestro proyecto “Viaje de Invierno”.

Otro imperativo, en este caso violento, ha sido el cambio de cerradura de la Sala Juan Negrín, para impedir la programación de las actividades del Colectivo-Rousseau, imperativo que tiene consecuencias más allá de las decisiones privadas que pueda tomar una organización política.

En el libro de los socialistas, José Antonio Gómez Yañez y Joan Navarro, “DESPRIVATIZAR LOS PARTIDOS”, muy fácil de encontrar en la web se dice: “Los partidos políticos son considerados por la mayoría de la ciudadanía como organizaciones de cargos públicos y aspirantes a cargos públicos, sin que sean percibidos como cauces para la participación efectiva en la vida pública”  Nosotros, me refiero al colectivo, pretendíamos dar cauce a la participación a través de uno de los más importantes activos culturales ,ni más ni menos, que el cine denominado de autor. ¿No tenemos el cine Variedades como propuesta de los partidos? ¿Quién mejor que los aficionados al cine para hacer sugerencias? De hecho ya se hicieron. Las películas que fuimos poniendo fomentaron el pensamiento crítico, y eso no nos lo van a quitar. Lo haremos en otros espacios, sin perder la esperanza de volver. Decía Peter Brook, ese monstruo del teatro que: “cuando los tiempos son negativos, solo hay una corriente que va secretamente contra la marea: Lo positivo”. Pues eso

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01 PM | 07 Jul

LAS DAMAS DEL BOSQUE DE BOLONIA

Las damas del Bosque de Bolonia

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Las maniobras del amor, o más bien, las del despecho. Las dos mujeres a las que hace referencia el título, ‘Las damas del bosque de Bolonia’ (1945), de Robert Bresson, son las piezas o peones con los que juega Helene (Maria Casares) en el escenario que trama para vengarse del hombre que ama, Jean (Paul Bernard), porque ya no le ama. Así las denominan, porque en tal espacio es en el que se las presenta a Jean, y en el que éste se queda prendado de Agnes (Eline Labourdette), en una secuencia en que dos precisos primeros planos condensan la atracción que surge entre ambos. Agnes vive con su madre (Lucienne Borgnet), ambas en una situación de precariedad, lo que ha determinado que Agnes deje de lado sus aspiraciones de convertirse en bailarina, y tenga que trabajar, no sólo en lo que es sucedáneo de su sueño, cantante y bailarina en un club, sino además como chica de alterne (contundente la secuencia en la que ante la avasalladora conducta de un adinerado cliente le quema la cara con su cigarrillo, ante lo que él la abofetea, respondiendo ella con un expeditivo empujón). Helene, figura espectral y sombría (ese vestuario de larga capa y capucha), mujer adinerada, que conoce del pasado a ambas mujeres, les propone convertirse en su protegida, facilitándole un lugar donde vivir y una vida desahogada. Pero su retorcido plan no es otro que conseguir que Jean se encandile con Agnes, llegue a proponerla matrimonio, y entonces revelarle el pasado ‘escandaloso’ de Agnes, y sienta tanto la verguenza (de imagen social) como la decepción porque su sublimado ideal tiene pies de barro.
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El estilo de Bresson no es aún el que se convertirá en característico suyo a partir de su siguiente, y extraordinaria, obra, ‘Diario de un cura rural’ (1950). Su narración no es tan fragmentada, no es ajena a los desarrollos psicológicos, en la caracterización de personajes, del relato novelesco y la interpretación se ajusta a los modelos ortodoxos, no a la noción de actor modelo de sus posteriores obras. Más cercano al estilo del esplendidos cineastas del momento como Marcel Carné, no quiere decir que sus logros no sean igual de admirables. Su narrativa brilla en su portentosa precisión, que excluye lo accesorio. Hay magníficos detalles de puesta en escena, como ese juego de travellings de retroceso y acercamiento a Helene, tras que Jean se haya ido,ya cautivado por Agnes, en los que se hace sentir ese forcejeo interior de Helene entre lo que siente por él y su determinación a su pérfida manipulación (él le ha dicho que mañana vendrá a verla para contarle como prosigue su acercamiento a Agnes; Helene dice a su sirvienta que él no vendrá mañana). El significativo detalle, además de la intensidad del clima emocional que crea, de que los encuentros en la calle entre Agnes y jean sean siempre bajo la lluvia, esa ‘cortina’ de emociones nubladas que se interpone entre ambos (especialmente lacerante en la secuencia en la que ella quiere entregarle la carta en la que ha escrito cuál es su pasado,y él se muestra remiso a cogerla; qué hermoso detalle el de ella corriendo tras su coche, pegando la carta en la ventanilla húmeda, carta que sale despedida y retorna a ella por un golpe de aire).
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Y hermosísima es la secuencia final, en la que ella está postrada, casi dejándose morir, y ‘despierta’ a la vida cuando Jean le hace sentir que no habrá nada, ningún pasado, que nuble su amor. El bello travelling ascendente sobre ambos es de un arretabador lirismo catártico.

‎’Las damas del bosque de Bolonia’ (Les dames du Bois du Bologne, 1945), es el excelente y cautivador segundo largometraje de Robert Bresson, que adapta una obra de Diderot, ‘Jaques el fatalista’, con la colaboración en los diálogos de Jacques Coucteau. La fotografía de Philippe Agostina crea una atmósfera de duermevela, un ceremonial espectral, opresivo, cuyo contraste con la impecable precisión de la distancia narrativa de Bresson enriquece el alcance de esta afinada radiografía de las maniobras del despecho sentimental y la intemperie del sentimiento que se encuentra sofocado por las mismas y pugna por realizarse.

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