Si hay algo verdaderamente llamativo en este libro de poemas, en su poesía, es su sinceridad. Cómo nos va calando para hacernos cómplices, para que nos rindamos a una evidencia: ese mostrase abiertamente, sin tapujos. El recorrido emocional apoyado primero en una experiencia personal que cuando se poetiza, lejos de adquirir un distanciamiento, se nos hace cercano, asimilable, tranquilizador.
Desde la calma y el sosiego se ha escrito este libro, ordenado con paciencia poética. Todo un cúmulo de preguntas, de dudas, de verdades sin constatar, de ansiedades, de respuestas ambiguas, de tristezas que acaban siendo alegrías y viceversa.
De contradicciones que se manifiestan de un poema a otro, de un verso a otro, de réplicas, de sarcasmos. Desde la opinión más ancestral y soberbia del ser humano hasta el deseo más mezquino, desde la convicción de la insignificancia y desde la conformidad para aceptarse como un ser incompleto.
Y como no podía ser de otra forma en este recorrido poético, el tiempo es el protagonista, el paso del tiempo, al cual el poeta intenta anular con el único ingenio que le ha sido dado: la palabra. Pero también con la certeza de su sentir más común: la improbabilidad de conseguirlo.
POEMA
VII
A fin de cuentas serás tú quien tenga que hacer
la próxima pregunta. Nadie lo hará por ti. Nadie.
También se plantea la opción de enmudecer
hasta que llegue la hora de la gran masturbación.
Qué bello eufemismo. Tu reloj biológico atrasa.
Las heridas más profundas que te hicieron
son las que cicatrizaron antes. Quedaba
por saber si la intuición serviría para guiarse
en la niebla, y no, el resultado fue el previsto.
Pero el trayecto, me dijiste, fue hermoso,
arriesgado, tanto que no lo cambiarías por nada.
Poema del libro El botín de los años inútiles
El libro lo podéis comprar en Librería «Lauviah» en la calle peatonal de San Lorenzo del Escorial. Editorial Círculo Rojo
En el bregar incesante sobre las cuerdas de las letras, muchas veces nos encontramos personajes que viven sus vidas conjugándose con estas. Buscando en ellas respuestas a sus dilemas y asfixias, contestando las cuestiones más intimidas de sus existencias, invocando, patinando, crujiendo y andando de una temporada a otra, de la misma manera en que cambiamos de la niñez a la adolescencia y vamos de esta a la adultez de la experiencia, que en nuestras memorias queda. Ya que por sobre todas las cosas, se la pasan desbordando tinta sobre hojas rotas y recomponiendo historias redentoras, que le anulan al pasado sus derrotas y dan a sus presentes, la piedra angular de sus montañas de historias. Y entre frases los leemos en zapatos por sus moradas, con sus perros, sus gatos y durante sus actos más osados. En estampas por las playas amando sirenas desnudas, por las ciudades con sus farolas que vislumbran aventuras de ultratumba. Y hasta con el castellano, camuflado de inglés por el flanco y de francés si es que hay que halarlo, lo encontramos tras capítulos y sin rebuscarlos, en retratos bien logrados y puestos al marco.
– Y de alguien como tal me dispongo a hablarles un rato, buscando a encontrarle el vértigo al Letrado.
Chema Gómez Hontoria, nos predice entre mareos, “La sombra”, la que nos mira y abraza, la que nos mima y nos salva, la que no respira y la que espera, si no mengua. Y se eterniza en unos segundo cual Homero, en ser digno, para despojar a humanos y a medios dioses de sus rezagos y apariencias, alegando que no es de locos decir que no a la guerra en un poema. Habla con ellos y a veces con nosotros, con sus lectores de sedimentos no agotados, por la esperanza que da el verso, por la energía que da al cerebro el pensamiento; y por la velocidad de crucero con la que podemos leerlo. Y va de un metro al otro, recorriendo centímetro a centímetro el conocimiento adquirido comprendiendo los secretos existenciales, por causa de los cuales, muchas veces descendemos hacia el suelo cual objetos. Y nos adentra en el por qué, que suponemos, tirándonos un tal vez podamos ser buenos, si adentramos en nuestros problemas para solucionarlos. Solo suposiciones, nada de moralidades, nada blanco, nada negro y nada neutro. Solo lo que al fin y al cabo necesitamos los mortales, un libro de cuentos lleno de textos mundanos acertados.
‒ VÉRTIGO IDÓNEO, es un pequeño compendio de letras vivas con las cuales el autor, Chema, nos lleva de la mano por la incertidumbre sentimental del día a día. Que con su poco más de media centena de páginas, aclarará vuestras miradas y pensares con sonrisas, con deseos, con recuerdos de actos y de los efectos y defectos que estos nos causan al ser explorados, de manera corta; ¡pero no efímera! Amarán y odiarán a la vez las tramas de los cuentos que nos perfila, se encontrarán en ellos y se saldrán de la consulta sin codicia ni rencillas, huirán del qué dirán y de la rutina, regalarán y se darán sin perder prisa a sus reflexiones y a sus rimas. Es un libro repleto de sensaciones intrínsecas tan naturales como las de la propia vida, pero igualmente tan palpitantes cómo el latir de un corazón, que cual barco hace agua en las orillas de la estima.
Este libro nos atrae a una rara invasión de puntos, comas y comillas que entre palabras se hilvanan creando estrofas compactas y decididamente meditadas, ya que las ideas aparecen dichas de la misma manera en que ahora podría usted decirme, que allá afuera el sol brilla y que en el puerto zurean las golondrinas. Que una Dama de poesía es siempre linda, que las brujas con sus escobas nunca limpian; y que la virginidad es devota de las cintas que portan las almas desvestidas. Es incluso más fácil de entender que las metáforas liricas que utilizo para describir lo que leyéndolo me inspira, o el ritmo intenso en que de una página pasará a otra, sin darse cuentan que, los pasajes se terminan, mucho más rápido que si leyera la biblia. La transformación subjetiva del artista, lo llevará, de la calma prepositiva hasta la dicha, sin medias tintas.
– Y recordará, que no por vertiginosa, la inteligencia humana dej
a de ser impresionante. Y a la vez recobrará el equilibrio, al apoyar vuestros puntos de vista en la realidad que habrá entendido leyendo.
‒ VÉRTIGO IDÓNEO de Chema Gómez Hontoria, es sin duda una experiencia literaria conveniente y apta para ser ojeada cada vez que una duda le afluya al alma, un libro, para ser dejado sobre vuestra butaca.
Poeta/EscritorTony Cantero Suárez
[Desde el otoño parisino, nueve de noviembre del 2013]
Ella me besa, marca la sonrisa y viaja por los labios al pasado con el adorno de sus sentimientos, lujosa y encendida como un árbol de navidad, paloma de amistades difíciles que abriga con recuerdos lo que duele por demasiado frío en el presente.
Ayer te vimos por televisión, no vas a cambiar nunca.
Él mide las palabras y me tiende la mano: hubiese preferido no encontrarme. Seguro como un pino del norte en su montaña, vigila los recodos, las umbrías, y sólo se interesa por el rumbo que la vida nos marca. Yo no pienso en traiciones, en el sucio prestigio de sus manos. Únicamente veo estos ojos de halcón y me pregunto: ¿qué pensarán de mí?
Calle arriba, después, al despedirnos, mi cuerpo reflejado se detiene en los escaparates, y con necesidad de asegurarse, por encima de objetos de regalo, abrigos, maletines de piel, televisores, levanta el dedo y con temor me dice: no vas a cambiar nunca, no vas a cambiar nunca.
Y tú amor mío, ¿agradeces conmigo las generosas ocasiones que la mar nos deparaba de estar juntos? ¿Tú te acuerdas, casi en el tacto, como yo, de la caricia intranquila entre dos maniobras, del temblor de tus pechos en la camisa abierta cara al viento?
Y de las tardes sosegadas, cuando la vela débil como un moribundo nos devolvía a casa muy despacio… Éramos como huéspedes de la libertad, tal vez demasiado hermosa.
El azul de la tarde, las húmedas violetas que oscurecían el aire se abrían y volvían a cerrarse tras nosotros como la puerta de una habitación por la que no nos hubiéramos atrevido a preguntar.
Y casi nos bastaba un ligero contacto, un distraído cogerte por los hombros y sentir tu cabeza abandonada, mientras alrededor se hacía triste y allá en tierra, en la penumbra parpadeaban las primeras luces.