Jacques Demy hizo películas donde la tristeza y la felicidad son dos caras de la misma moneda.
Anna Biller, realizadora conocida por su exquisito diseño de producción y por ser una alquimista del cine de género, dijo lo siguiente sobre Jacques Demy: “Ver las películas de Jacques Demy me permitió hacer las películas que yo hago hoy”. La influencia se refleja en que los largometrajes de ambos tienen una preocupación por la iluminación de estudio profesional y exagerada, por explotar la saturación de los colores que filmar en película permite, así como aventurarse a proyectar una sensibilidad femenina; alejada del mundo viril y agresivo que se antepone a la visión y las fantasías de una mujer.
Cuando Agamenón desafió a Artemisa
En las tragedias de Eurípides un solo hombre osa enojar a la Diosa Artemisa, el guerrero Agamenón. Ella, arraigada en los bosques, protege las criaturas que los pueblan; él, héroe de la Ilíada y líder del ataque a Troya, sacrifica por error a un ciervo sagrado destinado a la diosa. Artemisa, en su ira, paraliza las tropas de Agamenón en mitad del mar y ordena la crucifixión de su hija, Ifigenia, como ofrenda. Agamenón envía resignado a su sucesora, Artemisa se conmueve y, para salvarla, intercambia su corazón por el de un ciervo sagrado. Ifigenia se convierte en sacerdotisa de la Diosa, le consagra su vida.
Todo el mundo sabe que para ser un buen cinéfilo (de mierda) es importante entender el cine como una disciplina artística, y no únicamente como una industria. Y para entender el cine como un arte, hay que conocer a los artistas y disfrutar de sus obras. Todo esto que digo es clasista y fácilmente rebatible; pero hay algo de cierto en que, para conseguir nuestro ansiado carnet de cinéfilo, debes tragarte algunos tostones. No estoy hablando de verte “El caballo de Turin” una vez por semana ni de conocer toda la filmografía de Bergman, aunque sí que es conveniente que sepas recurrir a autores que no sean Nolan o Fincher.
Si pretendes, por tanto, introducirte un pelín más en este apasionante mundo del séptimo arte y atravesar la férrea barrera de lo comprensible, “El sacrificio de un ciervo sagrado” de Yorgos Lanthimos es tu película.
El Joker: entre la reacción y la vanguardia
Por Vladimir Carrillo Rozo*.- / Febrero 2020
Si los criminales más interesantes pueden ser algo filósofos y todo el que decide pensar a profundidad sobre el dolor del mundo y la pobre condición humana, en algún momento, puede hacerse consciente de las traicioneras trampas de su mente; entonces pensar, sobre todo desde el sufrimiento, debe de ser una de las cosas más peligrosas de cuantas pueden emprenderse. Sin embargo, vivimos en un mundo donde incluso la anarquía y la afección mental están cuantificadas. Como diría el Joker, todo el mundo está tranquilo si las cosas marchan según lo previsto, aunque lo previsto sea una masacre.
Si nadie hubiera aprendido a leer, muy pocos se habrían enamorado.
La Rochefoucauld
Hace unos días, dos señores de mediana edad entraban en la exposición que la Biblioteca Nacional ha dedicado a Benito Pérez Galdós. Uno le decía al otro: “¿Te sabes aquel en que [don Benito] le decía a la gallega esa?”. Seguía uno de los habituales chistes verdes sobre la relación entre Galdós y Pardo Bazán. Es francamente curioso que en este país esa relación amorosa entre estos dos grandes escritores del siglo XIX sea objeto manido de chascarrillos más o menos rijosos. Los amores de Madame de Stäel y Benjamin Constant, los de Elizabeth Barrett Browning y Robert Browning, o los de George Sand con Frédéric Chopin y Alfred de Musset, han recibido desde luego otro tipo de atención y forman parte de la historia literaria o, incluso, de la historia tout court de sus respectivos países.