08 PM | 22 Ago

Un paseo por las nubes

Lo que podría haber sido una conversación más entre dos buenos amigos, un intercambio distendido sobre la responsabilidad que debe asumir la poesía en situaciones que sobrepasan los límites de lo tolerable y su compromiso con la denuncia de hechos que denigran la condición humana. Lo que podría haber sido «un paseo por las nubes», discutiendo sobre lo divino y lo humano y que casi nunca trasciende, a pesar del empeño que ponemos los que buscamos en la poesía una forma de redención, se convirtió en una reflexión a dos voces sobre algo extremadamente serio y de rabiosa actualidad. Hablar nada menos que sobre el genocidio que se está llevando a cabo en Gaza, y al que asistimos en absoluto silencio y sin ningún tipo de reacción desde el mundo del arte y la cultura. Ante tal masacre, no sabíamos explicarnos, no entendíamos la absoluta falta de respuesta al respecto.
Es verdad que la creación artística, y más concretamente la poesía, fue lastrada, a partir del conocimiento fehaciente de la «Shoah», por el «síndrome de Adorno». Rectificó el filósofo y el mundo siguió su curso entre poemas y lágrimas. Por otra parte (era también motivo de nuestra conversación) echábamos muchísimo en falta el compromiso de esa poesía social tan nuestra que tomó la pluma para denunciar, criticar y mostrar los horrores de la dictadura franquista. Esa poesía a la que siempre acudimos, que no olvidaremos nunca; la poesía visceral, comprometida, que habla a las claras: «Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales/ que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.» (Gabriel Celaya)
Todavía sucedió algo que nos animó a llevar a cabo nuestro compromiso de utilizar nuestros recursos poéticos en favor del pueblo palestino. Fue conocer los poemas del poeta gazatí Nasser Rabah, escritos en unas condiciones extremas. Los dos encontramos en ellos el empuje que nos faltaba para animarnos a escribir los nuestros. Tengo que decir que me alegró mucho, y así se lo comuniqué a mi amigo, constatar, a través de los poemas de Nasser, la necesidad de seguir escribiendo poesía antes, durante y después de Gaza.
Coincidencias o no, por aquellos días mi amigo me envió un artículo de Luis García Montero, publicado en Infolibre, titulado “Escribir después de Auschwitz”, donde se lee: «Ponerle nombre a lo que ocurre, empezando por los laberintos de los sentimientos propios, es la vieja voluntad de la poesía.»
Después de algunas conversaciones más sobre si la poesía podría hacer que ocurriera algo, lo que deja siempre una sensación de incomodidad porque no hay certeza de que así sea, y a partir del artículo de García Montero, coincidimos en que escribir poemas sobre Gaza, era una decisión acertada. En ningún caso una boutade.

J.J.O & A.H.

 

A QUÉ ESPERAMOS
a Antonio Herranz

I
Y nosotros, qué hacemos,
Qué escribimos ahora,
me preguntas.
Ellos allí en la Franja,
abandonados.

Y nosotros qué hacemos.
Pueblos enteros, casas,
hospitales, escuelas,
por tierra, mar y aire
bombardeados.

Y nosotros, qué hacemos.
Niños, niñas, ancianos,
hombres, mujeres,
más de sesenta mil,
aniquilados.

Y nosotros, qué hacemos.
Impotentes, tan lejos,
quietos, callados.
Palestina se muere.
A qué esperamos.

II
Ahora duelen los días con frecuencia.
Duelen con un dolor que te atenaza,
como esos trenes que iban hacia Auschwitz,
como si hoy fuese ayer y todo ardiese,
como si todos viviésemos en Gaza,
y el mundo entero fuese un clamor
furioso, antijudío, desgarrador.

Ahora duelen sobre todo las noticias.
Se desangra el periódico al abrirlo,
echa humo la radio al escucharla,
y se llena de cadáveres rotos el salón
cuando enciendes la tele
y todo es muerte, fango, desolación.

Ahora duele saber que todos callan.
Duele vernos mirar para otro lado,
cuando niñas y niños nos suplican
hambrientos, condenados, exhaustos.
Cuando casas, escuelas, hospitales
son borradas del mapa, bombardeados
sin que nadie lo impida o haga algo.

Ahora duele, duele tanto terror
contra un pueblo inocente,
aniquilado
con perversión.

Juanjo Ordóñez

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