Análisis de Películas

11 AM | 04 Jun

LA PASIÓN BEATRICE

Bertrand Tavernier… a examen

 

La pasión de Beatrice

Esta es una web (CINE MALDITO) que tiene como objetivo dar a conocer y recordar cintas injustamente perdidas en la memoria he apostado por ello por una de las películas de Tavernier que más me gustan y que sin embargo no cuenta ni con el favor de la crítica (es una de las obras menos alabadas del galo) ni del público, ya que es quizás la cinta clásica de Tavernier menos vista por los aficionados al cine. Estoy hablando de La pasión de Beatrice, vigorosa, visceral, cruel y demoledora descripción realizada por el viejo maestro Bertrand de la Baja Edad Media de nuestro país vecino filmada con un pulso y pasión excelsa y realista.

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09 PM | 02 Jun

El placer del descubrimiento cinéfilo

El placer del descubrimiento cinéfilo

El documental ‘Las películas de mi vida’ recomienda suficientes películas como para gozar de cientos de horas de placer futuro

Bertrand Tavernier, en una imagen de ‘Las películas de mi vida’.

Al inmenso placer de ver una película extraordinaria solo se acerca el descubrimiento previo de lo que apunta a una película extraordinaria. Ésa que puede cambiarte no solo el día sino también la visión de las cosas, quizá no tanto de la vida pero sí del arte y del espectáculo. Una recomendación, con gozosa explicación incluida, lo que la transforma de simple chivatazo en razonada cadena de transmisión de conocimientos, que supo ver a la perfección en forma de documental Martin Scorsese, carisma, pasión y conocimientos, en los imprescindibles A personal journey with Martin Scorsese through american movies (1995) e Il mio viaggio in Italia (1999).

Dos películas que se salían del estilo enciclopédico, estructurado y didáctico de otras grandes obras ensayísticas audiovisuales, entre las que destaca una posterior en fecha, La historia del cine, una odisea (2011), de Marc Cousins, y un modelo al que también se apunta el cineasta y gran conocedor del cine francés Bertrand Tavernier en Las películas de mi vida. Una gozada de tres horas y diez minutos, más asentada en el traslado de la emoción que en la historiografía, con la que el director de Ley 627 Hoy empieza todo traslada amor y sabiduría a ese constante y perpetuo descubridor de películas nuevas, aunque sean del pasado, que deberíamos ser todos. Básicamente porque esto del cine no se acaba nunca.

Conformada por una larga entrevista, que seguro que serán varias, en su despacho, foto de La carnaza detrás, que quizá se podría haber iluminado y escenificado con un punto más de elegancia, y una conversación con el director del Festival de Cannes, Thierry Frémaux, junto a jugosos materiales de documentación, tanto de rodajes como de charlas con los artistas en cuestión, Las películas de mi vida despunta, sin embargo, en la excelencia del material expuesto, el puramente cinematográfico, el de las películas en sí. Obras de directores desigualmente conocidos en España, incluso por los especialistas, caso de Marcel Carné y Jacques Becker, o de los insignes, al menos para el que esto escribe, Jean-Pierre Melville y Claude Sautet. Tavernier salta de los cineastas a los actores, como Jean Gabin, y de estos a los músicos (impagable la explicación de Antoine Duhamel sobre la música militarista de estilo antimilitarista en las películas), con el ardor guerrero del gran apasionado. Todo ello sin eludir cuestiones peliagudas, como los devaneos políticos de Jean Renoir (“como cineasta, un genio; como ser humano, una puta”), y dejando para posteriores secuelas a autores tan ineludibles como Louis Malle o Jacques Tati.

 Así, el espectador irá apuntando, en su memoria o a lápiz y papel, toda una serie de películas por descubrir, que convertirán el gustazo de estas tres horas y pico en la satisfacción de cientos de horas de placer cinéfilo futuro. Y poder emular ese glorioso viaje de Melville a Inglaterra durante la II Guerra Mundial, a medio camino entre el espionaje para la resistencia francesa y el deseo de ver por fin Vida y muerte del coronel Blimp, de Powell y Pressburger.

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10 PM | 16 May

DON GIOVANNI-MIÉRCOLES 18-18 HORAS

DON GIOVANNI (1979)

Dirección: Joseph Losey.

Intérpretes: Ruggero Raimondi, John Marcudy, Edda Moser.

 

La venganza y la rabia rebosan en el corazón de Doña Ana (Edda Moser) por la muerte de su padre, el Comendador (John Macurdy), a manos de Don Giovanni (Ruggero Raimondi).

Ajeno a esos sentimientos, Don Giovanni continuará, sin escrúpulos, acosando a damas de cualquier clase y condición.

29 de octubre de 1787. Teatro de los Estados de Praga. Wolfgang Amadeus Mozart se pone al frente de la orquesta para dirigir la primera representación de “Don Giovanni”, una de las cumbres de la ópera y de la que más se enorgullecía el excelso músico.

Casi dos siglos después, Joseph Losey se coloca detrás de la cámara para adaptar al celuloide, con la ayuda en el guión de su mujer, Patricia Losey, y Frantz Salieri, este drama jocoso en dos actos.

El reparto artístico elegido para ejecutar tamaña empresa, no hubiera defraudado al autor de la obra de haber levantado la cabeza desde la fosa común en la que fue enterrado: Ruggero Raimondi en el papel principal (después vendría “Carmen de Bizet” (1983) y “Boris Godunov” (1990)), Kiri Te Kanawa interpretando a Doña Elvira, Jose Van Dam como Leporello, la citada Edda Moser como Doña Ana y Teresa Berganza dando vida a Zerlina, entre otros.

Para respaldar acústicamente la propuesta: la Orquesta y Coro de la Ópera de París con Lorin Maazel cogiendo la batuta. Casi nada.

Pero es que además hay que añadir la escenografía de Alexandre Trauner (“El apartamento” (1960), “El hombre que pudo reinar” (1975)) y, cómo no, los exteriores de la mágica y luminosa Venecia, cuya presencia desde la espectacular obertura es todo un lujo.

La puesta en escena, muy fiel al libreto que desarrollara Lorenzo Da Ponte, incluye el moralizante epílogo que fuera desechado en su día por el mismísimo Gustav Mahler; y refleja, también, el ambivalente comportamiento de Doña Ana, reseñado en la más recomendada biografía de Mozart, escrita por Wolfgang Hildesheimer.

“Le digo ante Dios y con toda sinceridad que su hijo es el compositor más grande que yo conozca, personalmente o de nombre: tiene gusto, y además posee la más grande ciencia de composición.” (Joseph Haydn a Leopold Mozart).

Alberto Alcázar

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