Análisis de Películas

11 AM | 03 Dic

Alaska, tierra de oro (1960)

El país de las oportunidades

Reconstrucción de la vida a principios de siglo en las inaccesibles tierras de Alaska. Allí se dan cita aventureros, timadores, buscadores de oro, chicas de salón y fugitivos. Los representantes de la justicia tienen graves problemas para imponer la ley y el orden, por lo que se impone la ley del más fuerte. En este ambiente se desarrollan las aventuras de dos intrépidos hombres que se han trasladado hasta este lugar en busca de un giro del destino que les permita estabilizar sus hasta el momento trágicas vidas.

El mítico actor John Wayne se mantuvo durante décadas como uno de los favoritos del público debido a papeles como éste, en filmes sin grandes pretensiones pero que conseguían mantener al espectador sin despegar el ojo de la pantalla. En esta ocasión da vida a Sam, un aventurero que, en principio, busca el provecho propio pero que, poco a poco, va mostrando su lado humano y su fuerte determinación a que los forajidos no impongan su ley en las tierras salvajes de Alaska. Junto al indiscutible rey de las películas de acción y aventuras hasta ese momento, un actor en alza, como es Stewart Granger, ilustre protagonista de clásicos del género como Las minas del rey Salomón o El prisionero de Zenda. Ambos actores desprenden auténtica química en sus secuencias conjuntas, lo que probablemente es muy difícil de conseguir. Por otro lado, la dirección corre a cargo de un especialista en el género, Henry Hathaway, autor de filmes como El beso de la muerte o Siete ladrones.

La nota de Alfonso es la siguiente:En nuestro recorrido por las mil caras del western hoy nos toca la de rasgos amables. Además, en lugar del Oeste estaremos en Alaska, esa tierra donde cualquiera podía hacerse rico a poco que le sonriera la suerte. Y de sonrisas va la cosa. Porque Alaska tierra de oro no es más que una comedia ligera, disfrazada con atuendos de vaquero y de alegres buscadores. Allí, cualquier cosa puede ocurrir y todo estará bien, a condición de que te lo tomes con humor. Incluso, aunque se trate de que cualquiera pueda robar tu mina a tiros o mediante engaño. Pero ya digo, todo estará bien, si corren la cerveza y el whisky en abundancia y los puñetazos son endosados con buen gesto. Es el estilo Hathaway sin aditivos. En estado esencial. Después del virtuosismo fordiano, la crudeza de Wellman y el rigor legalista de Sturges, pensé que quizás no viniera mal una dosis de aventura desenfadada para cerrar esta primera fase del ciclo.

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