Análisis de Películas

08 PM | 13 Sep

John cassavettes por John cassavettes

     Esto es lo que escribe e mismo Cassavetes sobre la película que vamos a ver el jueves
UNA MUJER BAJO INFLUENCIA Con Gena, antes de hacer Una mujer bajo influencia hemos discutido sobre la dificultad de amar y sobre la ausencia total de interés, el aspecto terriblemente nulo que tendría una historia de amor en 1971. Al escribir el guión, yo no quería que esta historia de amor se dirigirse fácilmente. Este film trata de los problemas muy serios que se plantean a un hombre y a una mujer que se encuentran alienados cada uno en su relación con el otro por influencia del entorno, que ignoran todo de sus problemas, y que son, sin embargo, muy amantes. Creo verdaderamente que todas las mujeres están locas. Se han vuelto locas a fuerza de actuar un papel que no logran asumir. Los hombres están locos también, desde luego. La sociedad no les deja nada en común a los hombres y las mujeres. Es el tema del film… Que muestra verdaderamente, más que ningún otro film que yo haya visto nunca, las verdaderas diferencias entre hombres y mujeres. Todo lo que atañe a nuestras vidas está determinado por la influencia que un sexo adquiere sobre el otro. Seguramente, nos hallamos en plena decadencia y en plena confusión política, pero esto es mucho menos interesante, es más mental, depende más de las informaciones de que se disponga. Las relaciones entre los hombres y las mujeres están fijadas en nuestros instintos, en nuestros cerebros, de forma permanente. El problema principal de Mabel es que ella carece de yo. Ella hace todo lo necesario para complacer a quien sea, pero no a sí misma… Hasta la última escena del film ella se encuentra verdaderamente bajo la influencia de Nick y de su familia. Bajo la influencia de su suegra, del amor por su madre que no la ama, pero que la adora, si usted entiende lo que quiero decir. Bajo la influencia de un padre que la ha desheredado por su casamiento y porque él la ha ofrecido a su yerno… Cuando Nick desea que ella se meta en la cama, ella se dirige al lecho. Cuando él desea que ella se sienta incómoda, ella se pone incómoda. Si él pretende que ella se disculpe, ella se disculpará. Nick trabaja en la construcción, es un tipo que trabaja con sus manos. Es un tipo muy normal, cree en la familia, en el hogar. Su madre tiene verdaderamente una inmensa influencia sobre él. Sus parientes también. Es muy conservador, y de pronto se casa con una chica. Enfrenta el único pequeño riesgo de su vida. Ella es un poco extraña. Algo alocada. Ella lo ama apasionada- mente. Eso le resulta algo molesto. El tiene dificultad en mostrar sus emociones. No quiere que los demás lo adviertan. No tiene ningún 22 deseo de esta proximidad, de esta relación con el mundo exterior. El necesita distancia también en su vida pública, pero lo único que lo puede hacer descarrilar, es esta mujer. He aquí a un hombre que tiene una mujer extraordinaria, que no quiere compartir con nadie, porque ella le enciende la imaginación. Ella representa todo para él, física, espiritual, mentalmente. Pero ella siente vergüenza, porque no llega a adaptarse. No podría seducirlo si ella fuera como las demás. No es más que actuando con las otras, entablando una especie de competencia con las otras, que Mabel puede sentirse libre. Estoy seguro que podríamos haber hecho un film exitoso si hubiera descrito la vida de Mabel de un modo mucho más duro: si el film hubiera adoptado posiciones que el espectador hubiera podido tomar. Pero, en este caso, debería mirarme en un espejo y decir: “De acuerdo, se ha logrado crear un nuevo horror”. Nunca conocí a nadie que llevara una vida tan horrible que no pudiera nunca sonreír, que no tuviera tiempo para ser amorosa, para abrir los ojos, para pensar en los pequeños detalles de la existencia. Todo el tiempo sucede algo maravilloso, incluso al nivel de la tragedia, incluso en prisión o en un asilo. Siempre hay una especie de continuidad de la vida, si no la vida sería efectivamente invivible.
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11 AM | 17 May

Raúl Ruiz: La recta provincia y la invención de Chile

artículo* por

Adolfo Vásquez Rocca

 

Es en esos mundos privados que harán su aparición unos films que el deber de misterio y la práctica de la clandestinidad volverán inclasificables, proteiformes, inagotables, en suma, porque estarán dotados de una polisemia infinita; duros de derribar, además, porque, como aquellas lombrices de tierra que, a falta de alimentos, se rejuvenecen, vuelven al huevo y renacen, esos films sabrán hacerse pequeños sin desaparecer. Con un poco de suerte, todos podremos ser testigos del renacimiento de ese cine, igual a sí mismo, y, por esa razón, más intratable que nunca.

Raúl Ruiz, Poética del Cine


Introducción:

Este era un hombre. Vivía con su madre. Cuidaba una casa patronal, en el campo de Chile. Un día el hombre encontró un hueso en el jardín. El hueso estaba agujereado. Era una flauta ese hueso. El hombre tocó música con esa flauta. Y la música se volvió canción. La voz de la canción suplicaba que buscaran los otros huesos de su cuerpo disperso. El hombre y su madre se fueron por esos caminos de Dios y de los mil demonios, buscando los huesos con que componer el esqueleto de aquel cristiano. Y darle santa sepultura. Y vieron lo que vieron, vivieron lo que vivieron. Muchas historias vivieron. Y aunque no se la contaron a nadie, otros la contaron por ellos.

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01 AM | 26 Abr

Declaración de Raúl Ruiz – Sobre Misterios de Lisboa

El profesor estadounidense David Bordwell consideró que todas las estrategias narrativas aplicables a los filmes modernos están basadas en una cierta noción de verosimilitud (o evidencia narrativa). Gracias a ellas, las ficciones más desenfrenadas son aceptables y aceptadas. Y esta misma verosimilitud, se dice, es contraria a cualquier desvío de una línea que guíe (lo que se denomina comúnmente la flecha que guía la acción), con sus variaciones en intensidad y sus torsiones y giros turbulentos.

Esta teoría, que depende de un cierto número de reglas frecuentemente atribuidas a Aristóteles, se convirtió finalmente en lo que algunos puristas han llamado ingenuamente “el paradigma Bordwell”; totalidad de estrategias narrativas que derivan del impulso, de la presunción de verosimilitud.

Aquello que se denomina “drama moderno” o “drama burgués”, o también el “postulado Ibsen Shaw”, ha dado pie a esta superstición. En el drama moderno la estructura y la construcción dominan, incluso más allá de la incoherencia poética o de los hechos irrelevantes que estas suponen. El autor es un arquitecto que construye albergues para las ficciones, variados eventos que se vuelven creíbles y relevantes sólo porque están protegidos de la lluvia de lo improbable.

Cada una de estas ficciones o estructuras móviles es guiada por una flecha narrativa. Pero cuidado, solo una por cada ficción: William Tell es una historia bien contada porque sólo una flecha corta en dos una sola manzana, pero la batalla de Azincourt no lo es, porque el enjambre de flechas de Robin Hood y su pueblo no nos permiten leer el tiempo en el reloj narrativo, cubierto por nubes de flechas, cada una guiada por su pequeña intriga independiente. “Nubes y no relojes”, diría Karl Popper.

En el drama moderno, la proliferación de hechos truncados no es aceptable porque nos extravía de la noción de causalidad inherente en la idea de verosimilitud, sin la cual no habría historia alguna.

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