Análisis de Películas

08 PM | 29 Dic

decálogo 7, a las 18 horas, día 30

DECÁLOGO 7 (Krzysztof Kieslowski, 1990): NO ROBARÁS y el arquetipo del niño.

No robarás (Éxodo 20, 15)

Vamos a comentar el séptimo episodio de la serie de Decálogo dedicado al séptimo mandamiento de “No robarás”. Decálogo 7 es un extraño episodio que da mucho en lo que reflexionar. El argumento es el siguiente: Ewa (Anna Polony) y Stefan (Wladislav Kowalsky) tienen dos hijas, Majka (Maja Barelkowska) y Ania (Katarzyna Piwowarczyk), la primera dieciséis años mayor que la segunda que es una niña de seis años. La película pronto nos revelará una realidad sorprendente: Ania es en realidad hija de Majka producto de una relación con Wojtek (su profesor de polaco, Boguslaw Linda) cuando tenía dieciséis años. Ewa lo arregló todo para que, aparentemente, Maika continuara con sus estudios y se silenció a Wojtek con la amenaza de los problemas que podría causarle una denuncia por corrupción de menores. Todo lo organiza Ewa, junto a la madre de Wojtek, para apropiarse de Ania y convertirla en su hija (pues deseaba tener más hijos). La trama sigue con la voluntad de Majka de recuperar a Ania como su hija con la que pretende marchar a Canadá. Indicar que todo transcurre ante la sumisa mirada de Stefan, el padre, un individuo absolutamente aplastado por Ewa.

Múltiples miradas pueden observar este episodio, desde la realización de la maternidad interrumpida a la acción de una madre deseante que “roba” la hija de su hija y que manipula a todos para lograr su objetivo. También al resultado de los celos de Ewa por la relación de Majka con Stefan, que en una escena de la película es puesta de manifiesto:

 

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01 PM | 24 Dic

DECÁLOGO 5 (Krzysztof Kieslowski, 1990): No matarás.

ESTADO, PODER, LEY Y OBSCENIDAD.

La ley no debería imitar a la naturaleza. En todo caso mejorarla. La ley la ha inventado el hombre para regular las relaciones sociales. La ley determina qué somos y cómo vivimos. Podemos cumplirla o violarla. La gente es libre. Su libertad está restringida a la libertad de otros.Y el castigo. El castigo es venganza. Sobre todo si hace daño sin prevenir el crimen. Realmente, ¿a quién venga la ley? ¿Venga a los inocentes? ¿Y los que hacen la ley son inocentes?

Con esta introducción empieza Decálogo 5, uno de los episodios de la serie que sencillo en su planteamiento argumental es quizá uno de los más profundos en algunas de sus concepciones alrededor de la ley y la justicia. Decálogo 5 parte del mandamiento “no matarás”. Y, como no podía ser de otra manera, Kieslowsky aprovecha la ocasión para entrar de lleno en el tema de la justicia y lo justo, y también de lo obsceno. Y además lo hace tomando el ejemplo extremo: la pena capital, la pena de muerte. Para poder entender mejor el desarrollo del comentario que aquí realizamos detallemos el argumento del episodio.

Piotr (Krysztof Globistz), es un joven abogado que defiende a Jazek Lazar (Miroslaw Balka), un joven de aun no veintiun años que comete el asesinato de un taxista (Jan Tesarz) y que finalmente arrestado es condenado a morir en la horca.

El joven letrado Piotr.

El episodio transcurre en tres fases:

Primero se oye la voz en off de Piotr pronunciando el alegato con el que hemos empezado el comentario a la vez que las imágenes nos lo presentan antes de entrar en la sala donde se va a dictar sentencia. Luego el episodio va alternando la presentación de los personajes protagonistas: Valdemar Revskovski, el taxista que será asesinado; Jazek Lazar, el asesino y a Piotr hablando (siempre enfocado en primer plano) con el que luego se verá que es el fiscal que ha dictado la sentencia… El taxista se nos presenta como un individuo más bien poco amable que, en más de una ocasión, disfruta dejando a sus clientes tirados o molestando a algunos transeuntes.

 

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01 AM | 19 Dic

SOBRE EL DECÁLOLGO 6, día 23 después de No matarás.

SOBRE DECÁLOGO #6 “NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS” DE KRZYSZTOF KIEŚLOWSKI: UNA EXTRAVIADA REFLEXIÓN A PROPÓSITO DEL AMOR

14/09/2021

Convengamos que el verdadero significado en torno a la concepción del amor sigue siendo un apasionante misterio, o acaso no podríamos aceptar que existe una única y concertada definición para denominarlo. Con el advenimiento de la posmodernidad (¿y de la posposmodernidad?), los límites —y acuerdos— sobre la idea del amor se tornan híbridos y difíciles de fijar.

Hacia fines de los años 80, cuando la sociedad aún no conocía nada acerca del fulgor virtual que trajeron consigo las redes sociales y la revolución informática, prevalecían otras formas de voyeurismo. Krzysztof Kieślowski (director y co-guionista junto a Krzysztof Piesiewicz), en la sexta entrega de su célebre obra Decálogo, nos expone una de esas posibles miradas, si no la más reconocida y revisitada a lo largo de la historia del cine: un joven introvertido e inseguro espía a una mujer mayor desde la ventana de su dormitorio, a través de un preciado catalejo robado. La obsesión del joven, que en primera instancia puede resultar inocente, ingenua, casi instintiva para un muchacho de su edad, se va tornando problemática y extremada.

El sojuzgamiento moral inherente.
Relecturas éticas de una sólida moral

Dentro de ese muchacho, llamado Tomek (Olaf Lubaszenko), se impone la necesidad de llevar al extremo la ambición por ver a esa figura en el departamento de enfrente, de manera constante, y esto lo lleva a cometer ciertos actos que concuerdan con una primera lectura, inicial, del mandamiento que Kieślowski invoca para esta representación: “no cometerás actos impuros”. Cabe aclarar que nos estamos encuadrando en la fórmula catequética ofrecida por el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, y no la formulación básica traducida como “no cometerás adulterio”, puesto que resulta evidentemente menos atinada para este caso.

Pero no todo es tan simple, puesto que se nos presentan los interrogantes: ¿acaso esos comportamientos del joven circunscriben una forma de manifestación propia del amor? ¿Es aquello realmente amor? ¿Son simples consecuencias de ese afecto desmedido? ¿O se trata más bien de una obsesión compulsiva propia de un pobre joven desequilibrado psíquica y emocionalmente, por diversos motivos? Y si así fuese, ¿cuáles podrían ser estos motivos?

Decálogo 6 (Kieslowski, 1990)

Sin lugar a dudas, uno de ellos puede recaer en la figura de la madre castradora, con la que Tomek convive en su departamento (Stefania Iwinska). Decimos “castradora” en términos freudianos: sabemos —intuimos y luego ratificamos— que esa figura materna que cuida de Tomek y lo cría como a un hijo, es en verdad la madre de su amigo, que ha partido hacia la guerra. Nuestro protagonista es huérfano desde la niñez. La caracterización un tanto grotesca y caricaturizada de este recurrente personaje, nos muestra a una madre empecinada en su cuidado obsesivo por advertir a Tomek de la perversión inherente al mundo social que lo rodea (habla explícitamente de lo que —según ella— buscan hacer las mujeres adultas con chicos inexpertos como él). Inferimos entonces que su presencia puede llegar a ser una clara evidencia de los desequilibrios internos del joven.

Ahora bien, lo singular es que la mirada alerta y permanente de Tomek en su voyeurismo de vigilancia no hace más que representar a la entidad psíquica superyoica, identificable en el sojuzgamiento permanente de los comportamientos humanos y de las restricciones a las que nuestras pulsiones más impuras deben ser sometidas constantemente. Nos regimos por códigos morales preimpuestos que nosotros mismos legitimamos en nuestra sombría cotidianeidad mecanizada, en nuestro día a día, en nuestras corrientes interrelaciones socioculturales. De eso mismo se alimenta el Superyó, psicoanalíticamente hablando.

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