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Sección : Poesía

ALBERTO DESCORIAL

 

Es indudable otoño en sus señales

de glaucas tenues luces vespertinas,

desgritadas de voz, y de neblinas

que divinizan a los robledales.

Seria como el fulgor de los puñales

la tarde reverbera en las encinas.

Borroso el bosque, enteras las ruinas

donde asientan las dalias sus reales.

Una dulce tristeza de la herida

que la playa recibe por el sable

de la ola llegando ya vencida,

deshojada de modo insoslayable,

en cada embate dando algo de vida,

Octubre, cada vez más indudable.

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el aroma de los tilos

últimamente paseo de noche por Vilafranca: sí, soy aquella sombra nada amenazante que, a primera hora de la madrugada, recorre las calles de la ciudad con un libro de poesía en la mano. Hará tres semanas, durante mi trayecto, percibí una fragancia dulzona al pasar bajo unos árboles que parecen montar guardia ante el viejo instituto. La relacioné con el aroma empalagoso del jazmín, que, como es sabido, uno distingue más nítidamente cuando se pone el sol.

Ya en casa, aún con el recuerdo de ese aroma en mi memoria, busqué en mi biblioteca el libro de los poetas de Al-Ándalus, traducidos por Josep Piera, hace un porrón de años. Creía recordar que en uno de esos versos tan hermosos aparecía el jazmín, implicándonos en la sensualidad de su llamamiento. Pero nada encontré. ¿Acaso había confundido esa referencia con la del toronjil? Entonces se me ocurrió que Marià Manent debió de decir algo sobre el jazmín. Fue en vano. ¿Había cambiado su fragancia con la de los tilos?

Yo suponía que lo que había percibido era aroma de jazmín. Sin embargo, al cabo de unos días pregunté a mi amiga Isabel qué árboles eran aquellos que olían tan bien, los de delante del viejo instituto. “Son tilos –me respondió–. De flores amarillas. Su fragancia no es tan untuosa como la del jazmín”. Me vino a las mientes el poema de Manent que había releído recientemente, Sentint per primera vegada l’aroma dels til·lers florits, que empieza así (traduzco): “¡Aroma de tilos floridos, tan nueva y dulce / para mí! No despiertas ni un ápice de recuerdo. / El pasado no se filtra en esta sombra de oro: / solo vive tu sueño, dulce arboleda”.

Había confundido el perfume de los tilos con el del jazmín. Pero la poesía, astutamente, me había mandado una señal inequívoca. Como Manent, yo tampoco disponía de ningún recuerdo del perfume de los tilos, aunque una vez tuve una ramita en la mano. Hace diez años. Doña Paquita, que para entonces ya había perdido la memoria, dejó encima del parabrisas de cada uno de los coches de los que celebrábamos la verbena de San Juan, cerca de su casa, en plena naturaleza, una ramita de ese árbol, sombra de oro, cual firma de un fantasma. Cortada, no olía, a diferencia de las ramas floridas que penden sobre las calles de mi ciudad, tan odorantes, este año de abundante agua, que hacen llover miles de florecillas amarillas sobre el asfalto.

JORDI LLAVINA

Me recuerda la plaza de los tilos a la que voy habitualmente

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Alejandra Pizarnik.

 

 

Una de las grandes voces de la generación del sesenta. Considerada como una de las poetas surrealistas más importantes de Argentina y América Latina, y que abordaremos el próximo día 13 de noviembre en la librería EL CISNE NEGRO

Aquí puedes leer 5 poemas de Alejandra Pizarnik.

Cenizas

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te…

La noche sufre.

Cuarto solo

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.

Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.

Exilio

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

Hija del viento

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

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JOSE ÁNGEL VALENTE

José Ángel Valente, en ‘el borde de la luz’

valentejaValente pertenece a la estirpe de poetas que descienden a las sombras, como forma de alcanzar la luz. Al igual que Homero, Virgilio o Dante. En su segundo libro ‘Poemas a Lázaro‘ o en el poema ‘Eneas hijo de Anquises consulta a las sombras‘ del libro ‘Interior con figuras¨:

Aquí está el límite / Ya nunca ,/ Oscuros por la sombra bajo la noche sola, / Podríamos volver / Pero no cedas, baja / Al antro donde / Se envuelve en sombras la verdad / Y bebe / De bruces, como animal herido, bebe su tiniebla / Al fin‘.

El titulo de este articulo pertenece a un verso del poema ‘Limite‘, del libro ‘El Inocente‘: ‘Qué oscuro el borde de la luz / Donde ya nada / Reaparece

Poética del Límite, Borde, Umbral, Frontera, Cerco: cernir el vacio como condición de la palabra poética. La luz, metáfora donde la palabra se dirige, quedándose en el borde, sin cruzar el cerco. María Zambrano, en su libro ‘Algunos lugares de la poesía‘ dirá ‘una luz remota esclarece la poesía de José Ángel Valente ….no haciendo sospechar de inmediato que viene de una herida‘ y también, a propósito del poeta ‘todo método depende de la luz y si alguien la recibió solo un instante, aunque fuese para perderla, se quedará ella ya indeleble‘. ‘La luz remota‘ es ¿hacia dónde la palabra se dirige o desde dónde la palabra parte?. Pues en Valente, el origen y el final se intercambian ‘Nací viscosamente pegado a los residuos de mi vida‘ (El inocente), momento del nacimiento o imagen de un final, la biografía como biografía de restos.

Heidegger, en su artículo ‘La cosa‘ del libro ‘Ensayos y conferencias‘ pone como ejemplo de La Cosa, el vacío que crea el alfarero al crear el hueco de la jarra al modelar sus bordes. El poema el ‘Cántaro‘ de Valente está próximo a la temática del vacío de Heidegger, ‘pues la matriz de la creación es la nada, o dicho de otro modo, la creación de la nada es el acto que precede a toda creación‘. En este poema, Valente dice:

valente 7El cántaro que tiene la suprema / Realidad de la forma / Creado de la tierra / Para que el ojo pueda / Contemplar la frescura / El cántaro que existe conteniendo / Hueco de contener se quebraría / Inánime. Su forma / Existe solo así / Sonora y respirada / El hondo cántaro / De clara curvatura / Bella y servil / El cántaro y el canto‘.

No obstante entre Heidegger y Valente hay una diferencia. Para Heidegger, la cosa es un mero vacío, un límite de la representación, el custodio del ser frente a lo ente. Para Valente, en cambio, es el lugar del canto. El vacío más que ontológico es material ‘sonora’, ‘respirada’, ‘se quebraría’. Hará referencia, al cuerpo, al dolor de existir, al barro y lo germinal de la protopalabra. Así en ‘Fragmentos de un libro futuro‘:

Formó/ De la tierra y de la saliva un hueco, el único/ Que pudo al cabo contener la luz/ Vacio/ No tener/ No sentir el calor de tu cuerpo‘.

Valente, se dirige a lo real, lo real de la realidad, pues ‘oscura es la naturaleza del canto‘. El fondo está vinculado con ‘lo oscuro’: ‘aguas’, ‘limos’, ‘sustancias viscosas’, ‘peces’, ‘branquias’, ‘serpientes’. Invasión de la superficie por las formas reptantes del fondo. Hay una resonancia entre el inconsciente real (el inconsciente real es la pulsión) y esta caracterización del fondo.

Homología, de Valente con La Cosa, el Das Ding, de Lacan ‘centro vivo, incandescente, que aspira‘ y el horror que se insinúa. En ‘El fin de la edad de plata‘, Valente, escribe: ‘Nadaba en aceite un pez enorme. Tenía un ojo solo, el otro, sumergido, abrasado, chirriaba. Lo miraste. Era tiempo de huir‘ y también, en ‘Tres lecciones de tinieblas‘, ‘musgo, humedad, arcillas, limo, fenómenos del fondo y no del sueño o de los sueños sino de los barros oscuros donde las figuras de los sueños fermentan‘ mundo de lo informe.

valente 6En el poema ‘El vino‘, del libro ‘El dios del lugar’, el dios aparece ligado a la muerte. La muerte como fondo de la vida ‘Beber la ceniza hasta las heces‘ y frente a ese fondo la escritura es cercanía y distancia, de forma simultanea, respecto a La Cosa.

El borde en un sentido topológico, no discrimina un lado u otro de una superficie. Límite que conjuga un exterior y un interior en continuidad. Lógica paradójica, donde lo uno comunica con lo otro. La Banda de Moebius o ‘lo estimo’ de Lacan.

La escritura en Valente, al igual que el inconsciente tiene una estructura de borde, pues no hay contradicción entre los términos, en la escritura de Valente un término se puede transformar en su opuesto. En el libro ‘Nadie

Entrar ahora en el poniente / Ser absorbido en luz / Con vocación de sombra‘.

EL primer libro de Valente, ‘A modo de esperanza‘, se abre con los siguientes versos, del poema ‘Serán ceniza‘:

Cruzo un desierto y su secreta/ Desolación sin nombre

En estos primeros versos de su primer libro se ha considerado que está el núcleo de su obra, siendo está un desarrollo de lo que ya está aquí poetizado: nombrar lo que no tiene nombre. Heidegger dirá en ‘El habla del poema‘ en su libro ‘Del camino al habla‘. ‘El lugar es el lugar de un decir poético, el decir de un poeta permanece en lo no dicho. Ningún poema individual lo dice todo, cada poema habla desde la totalidad del Poema único, que permanece por decir‘.

Lugar del canto: la voz y el dolor. Dolor existencial con el quevediano ‘serán ceniza‘ y la voz que surge de ‘un desierto sin nombre‘. Voz que surgirá también de la noche, en el libro ‘No amanece el cantor’.

‘La noche’, ‘el desierto’, ‘la luz’, ‘la sombra’, formas de poetizar lo no dicho. Formas en que la voz declina lo indecible.

Valente recogerá la siguiente cita de Lezama Lima ‘la luz es el primer animal visible de lo invisible‘.

Valente 1En las palabras de la tribu‘ Valente, opondrá el lenguaje poético al lenguaje referencial. La poesía como conocimiento a la poesía como comunicación. Pues la poesía es una palabra insumisa en contra de los sentidos instituidos o cristalizados. Lo propio de la palabra poética no es la significación, sino la significancia, una palabra no determinada por el referente, sino indeterminada. ‘El punto cero‘ de la poesía de Valente es el lugar de la indeterminación del sentido.

José Miguel Ullán, en su artículo ‘La luminosa opacidad de los signos‘, dirá ‘El lenguaje poético: es destrucción, metamorfosis, generación, las oposiciones en Valente: luz/sombra, vida/ muerte, amor/odio, exilio/reino…..se metamorfosean la una en la otra, destruyéndose mutuamente. Reversibilidad de la palabra, agujero, vacío de la palabra.’

El uso que hace Valente del fragmento, tanto en ‘Treinta y siete fragmentos‘, como en ‘Fragmentos para un libro futuro‘, tiene que ver con destituir el sentido, pues el fragmento hace corte, corta el sentido.

El punto cero del lenguaje es el lugar de la indeterminación de la palabra, lenguaje como germen, como posibilidad del sentido. Más allá del sentido, la palabra poética se ocupará (Tres lecciones de tinieblas) ‘del oscuro barro de los sueños inconscientes‘.

La palabra poética dirigida hacia la materia, a lo que la antecede: voz, ritmo, limo, germen, cuerpo, sexo. Erótica de la escritura y la palabra como ‘oscura luz del engendramiento’.

Con las manos se forman las palabras / Con las manos y en su concavidad / Se forman corporales las palabras / Que no podíamos decir’

escribir es como la segregación de las resinas, no es acto, sino lenta formación natural’ (Mandorla).

La poesía como conocimiento, es una poesía más allá del yo, hacia el pensamiento del afuera (Blanchot). No hay un uso instrumental del lenguaje, sino que el poeta sirve al lenguaje, la escritura poética es un desposeerse, de ahí su confluencia con la mística.

Cima del canto / El ruiseñor y tú / Sois lo mismo

Valente 2El yo desposeído, como otro, como un tú. El cantor frente al autor. Pájaro solitario ‘el silencio como resultado, donde la palabra al fin se encuentra‘ Valente tiene en común con la modernidad, la preocupación por el lenguaje y la búsqueda de una palabra poética insumisa, no coloniza. El poetizar como objeto poético, siendo ‘la cortedad del decir’ un dirigirse hacia los límites, hacia lo imposible de decir. Poesía ‘retraida’ entre la antepalabra y el silencio

Los últimos libros da Valente se hacen más graves; a el tono de elegía de ‘El fulgor‘ le siguen libros escritos desde la otra orilla, desde el mundo de las sombras, lo traumático de la muerte del hijo y el avance de su enfermedad, dan lugar a una escritura melancolizada, hermosísima y de gran profundidad. Textos que dan razón a ‘Duelo y melancolía‘ de Freud, donde ante la pérdida el sujeto se pierde con lo perdido. Cenit del desposeimiento.

Quedar / En lo que queda / Después del fuego / Residuo solo’ y también ‘Se llena a veces el mundo de tristeza / Loa armarios de luna con la imagen de un niño / Navegan en la noche‘.

José Ángel Valente, tradujo a su admirado Paul Celan, este escribió ‘dice verdad quien dice sombra‘ y Valente, ya muy enfermo, sobre una hermosa fotografía de Manuel Falces, dejó escrito ‘Para siempre la sombra‘.

*Félix Recio es Profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid y Psicoanalísta
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José Ángel Valente

Que la palabra sea solo verdad

Diciembre 2017

 

José Ángel Valente es un poeta profundo, melancólico y veraz. Su palabra es precisa, rigurosa, cortante. Surge de las tinieblas para dar testimonio de un mundo agónico que se desmorona. Busca la luz con ahínco, amplitud de miras y una inmensa curiosidad intelectual por el ser, por el hombre, por la creación.

Es un poeta metafísico y profético. Como sucede tantas veces en nuestro país, se le lee poco y se le recuerda menos. Quizás, porque fue un hombre solitario y porque su existencia fue de amor a la palabra, transcurrió sin hacer apenas ruido.

Sus poemas son difíciles y sin concesiones. Hay quienes lo consideran vinculado a la generación del 50. Pudo ser así en un principio… después se eleva en solitario, recorre un largo y tortuoso camino que él mismo se ha trazado rasgando y penetrando las tinieblas.

A un creador, el mejor homenaje que puede hacérsele es mantenerlo vivo en la memoria… aprovechar sus hallazgos y analizar las rutas y los caminos, muchas veces inexplorados, por los que su pensamiento se aventura.

José Ángel Valente tiene muchas facetas y, en no poca medida, es un intelectual poliédrico. Se siente atraído por el halo de misterio que rodea la existencia. El poderoso influjo de María Zambrano, es perceptible a poco que se sepa avanzar en su esencialismo lírico. Grandes creadores que saben emplear la palabra con maestría como Lezama Lima, lo han elogiado por su rigor y por su hondura.

En el ámbito de la poesía española contemporánea su voz es singular e imprescindible, por su reciedumbre, por su precisión y por su búsqueda infatigable de la verdad. Como él mismo expone en uno de sus poemas, el poeta debe ser más útil que ningún otro ciudadano de la tribu.

La poesía de José Ángel Valente es una trayectoria y una guía de conocimiento que no se detiene y, que pese a los logros alcanzados se mantiene insatisfecho consigo mismo, exigiéndose más y más en esta dura ascensión por la ladera dolorosa de la existencia. Atraviesa en sus reflexiones ontológicas las diversas capas de que está revestida la memoria.

Juan Goytisolo comentando su obra ha dicho de él que su lenguaje poético engendra su propio lenguaje crítico. Esta es quizás, una de las vías que abre mayores perspectivas para asomarnos a su universo creativo.

Leer y meditar sobre lo que Valente nos plantea es un ejercicio gozoso y una invitación al rigor intelectual. Sus libros de poemas y sus textos críticos en prosa, se retroalimentan y se enriquecen mutuamente.

Suele decirse que en el primer poemario está presente la semilla del resto de la obra de un creador. Citaré sus dos primeros libros ‘A modo de esperanza’ y ‘Poemas a Lázaro’, así como ‘Material memoria’, ‘Tres lecciones de tinieblas’ y ‘Mandorla’ como aquellos, que por subjetivo que sea, más me han impresionado. Entre sus textos en prosa, que ponen de manifiesto su rigor analítico, su conocimiento de la poesía española, especialmente de la mística y también su alta exigencia ética me referiré sucintamente a ‘Palabras de la tribu’, ‘La piedra y el centro’ y ‘Variaciones sobre el pájaro y la red’ que deberían ser una lectura obligada para todo espíritu sensible, por su capacidad de penetrar por intrincados vericuetos, extrayendo profundas reflexiones. José Ángel Valente establece un ‘modus operandi’ curioso y certero ya que diciendo mucho, es más lo que sugiere, las conexiones que establece y los flecos que deja pendientes para que el lector complete la tarea.

José Ángel Valente fue un hombre comprometido. Algunos de sus mejores conocedores lo han calificado como un exiliado cultural de la dictadura. Lo cierto es que residió fuera de España muchos años y que en 1972 tuvo que enfrentarse a un Consejo de Guerra por el contenido antimilitarista de uno de sus cuentos.

Colaboró en revistas emblemáticas como: ‘Ínsula’ o ‘Rosa Cúbica’, no hay que olvidar, tampoco, los ‘Cuadernos del Ruedo Ibérico’, editada por los exiliados españoles. Otra faceta, igualmente muy brillante, son sus traducciones de poetas como Kavafis, John Keats, Eugenio Montale, Hölderling, a quien vertió con maestría al gallego o Edmond Jabes (poeta místico judío). Todos ellos recogidos por Claudio Rodríguez Fer en ‘Cuaderno de Versiones’.

Me detendré un momento. Valente prestó servicios como traductor en varios organismos internacionales como la ONU o la UNESCO. Dominaba entre otras lenguas: inglés, francés, alemán, griego… pero donde volcó magistralmente sus conocimientos fue en sus traducciones de obras líricas, donde llevó a cabo una auténtica labor interpretativa.

Para traducir poesía hay que tener una especial sensibilidad y captar el sentido de un poema… para al trasladarlo a otro idioma colaborar con su autor, captar no sólo su significado sino su cadencia, su ritmo y su musicalidad. Solía distinguir entre ‘traditore’ y ‘traduttore’. Él prefería definirse como ‘traditore’ hasta llegar a titular versiones a sus traducciones porque no son otra cosa que un esfuerzo por apoderarse del texto admirado, meterse en su interior, bucear en él y captar su esencia… para luego verterlo a nuestro idioma.

Basta con mencionar a este respecto su trabajo sobre los poemas de Kavafis, ‘Esperando a los bárbaros’ o ‘Ítaca’ o por no citar más que otro ejemplo ‘Oda a una urna griega’ de John Keats.

Obtuvo numerosos premios y reconocimientos como el Adonais, el de la Crítica, el Nacional de Poesía, el Príncipe de Asturias de las Letras o el de Poesía Española e Iberoamericana.

En un país como el nuestro, que desprecia la poesía y el pensamiento, nunca obtuvo el reconocimiento que merecía, salvo en círculos especializados, departamentos universitarios y revistas. De José Ángel Valente, como de tantos otros, cabe decir que es más valorado fuera de nuestras fronteras que entre nosotros.

Todo creador está vinculado a unas ciudades. En el caso de José ángel a Orense que le vio nacer, a Oxford, donde pudo respirar un aire de libertad y de rigor concienzudo, a Ginebra, a París, a Almería, donde se conserva, con veneración, su memoria y dónde está ubicada la Casa-Museo del Poeta, inaugurada en 2015.

Otra faceta que merece la pena recordar de Valente es su colaboración con pintores como Saura y Tapies, entre otros, con los que realizó libros, que podrían calificarse de experimentales y, desde luego, interdisciplinares como ‘Emblemas’ o ‘El péndulo inmóvil’.

En su obra hay algunos ejes vertebradores y determinados hilos que conducen a ahondar en el misterio de la existencia, a poner de relieve la densidad filosófica de sus preocupaciones y a reflexionar, insistentemente sobre lenguaje y materia… siempre, desde una implacable búsqueda de la verdad, a través de la palabra, por descarnada que se muestre, en su compromiso con la luz cercada por las tinieblas.

Por todas estas razones es de justicia que quienes nos hemos aproximado al ‘Territorio Valente’ hagamos un modesto ejercicio pedagógico para divulgar su poesía y su pensamiento. No es aventurado afirmar que el siglo veintiuno, lo redescubrirá y le rendirá el tributo de admiración que no le ha otorgado hasta ahora.

El uso que hace del lenguaje nunca es simplemente instrumental, sino que está al servicio de una tantálica tarea como es penetrar en las sucesivas capas que envuelven el misterio, hasta llegar a la luz que nace del fondo de esta obscuridad abismal. Hay quienes han denominado este esfuerzo, recurriendo a la paradoja de poesía del silencio.

De uno de sus libros más desasosegante pero lúcido ‘La memoria y los signos’ quisiera citar unos versos del poema ‘Epitafio’ dedicado a la memoria de Alberto Jiménez Fraud:

 

Fue ajeno por igual
Al halago mezquino o al menosprecio
Del que a expensas tal vez de él y de otros
A inmerecido monumento optaba

Y concluye

Y así en su claridad
En su fe y en nosotros
Sobrevive.

Quiero terminar expresándoles mi convencimiento de que si hacen ustedes la prueba…de abrir un libro de poemas de José Ángel Valente, y responder después a la pregunta ¿mereció la pena? Sin lugar a dudas, la respuesta será, no sólo afirmativa sino gratificante. El rigor intelectual de su poesía nos hace no sólo mejores… sino, también, más sensibles y despiertos.

 

  

Antonio Chazarra Montiel

Profesor de Historia de la Filosofía

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milonga de andar lejos

Milonga de Andar Lejos
Daniel Viglietti

Qué lejos está mi tierra
Y, sin embargo, qué cerca
O es que existe un territorio
Donde las sangres se mezclan.

Tanta distancia y camino,
Tan diferentes banderas
Y la pobreza es la misma
Los mismos hombres esperan.

Yo quiero romper mi mapa,
Formar el mapa de todos,
Mestizos, negros y blancos,
Trazarlo codo con codo.

Los ríos son como venas
De un cuerpo entero extendido,
Y es el color de la tierra
La sangre de los caídos.

No somos los extranjeros
Los extranjeros son otros;
Son ellos los mercaderes
Y los esclavos nosotros.

Yo quiero romper la vida,
Como cambiarla quisiera,
Ayúdeme compañero;
Ayúdeme, no demore,
Que una gota con ser poco
Con otra se hace aguacero.

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CHARLATANES

Tengo pocas ganas de salir a la calle.
No por el calor, o no solo por eso.
Cotorreos. Bobadas. “Estas vacaciones
han sido…”. Sandeces. Las palabras avanzan
antes de ser pensadas. “Mi opinión, si quieres
que te diga…”. No quiero, en absoluto. Tengo
que encontrar la manera de hacer que se callen
o la manera al menos de que no disloquen
con sus gritos el terco transcurrir, el seco
gorgoteo. Nadie avanza pero nadie
se para: como hojas que no se recogen.
“Mi opinión, sin embargo…”. No quiero saberla,
así que es muy probable que me quede en casa.

DEL BLOG DE JUAN TORRES

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