+

Sección : Documentación

GUERRA Y PAZ

Basada en la  obra homónima de Lev Tolstói,  Guerra y Paz narra las vicisitudes vitales y espirituales de Natasha Rostova (Liudmila Savelieva), Pierre Bejuzov (Sergei Bondarchuk) y el Príncipe Andrei Bolkonski (Viacheslav Tijonov) en la Rusia decimonónica, con las guerras napoleónicas como telón de fondo. 

Los estudios Mosfilm se embarcaron en la producción de esta epopeya tras el éxito que había tenido en los países soviéticos la adaptación hollywoodiense de esta misma obra, dirigida unos años antes por King Vidor. La película de Vidor, que estaba protagonizada por Audrey Hepburn, Henry Fonda y Mel Ferrer, era estupenda, pero su cartón piedra poco tenía que ver con la Rusia que Tolstói había plasmado en su novela. 

Sergei Bondarchuk se encargó de escribir, dirigir e interpretar el que sigue siendo el filme más caro de la historia, con un coste que rondó los cien millones de dólares de la época. Debido al carácter inabarcable del relato de Tolstói, la película se dividió en cuatro partes que se estrenaron individualmente: Austerlitz, Natasha, La batalla de Borodino y El incendio de Moscú. La duración total es de unos 403 minutos aproximadamente.

Se trata de un filme soberbio, narrado con brío, en el que se combinan con maestría lo épico y lo íntimo, y que a pesar de sus defectos (la última parte puede resultar algo tediosa), constituye una pieza cinematográfica única dentro de la filmografía soviética. 

Las secuencias de batalla, que cuentan con decenas de miles de extras, son las más espectaculares jamás filmadas, destacando la batalla de Borodino, que pone de manifiesto la gran capacidad de Bondarchuk para dirigir a grandes masas.

La dirección se aleja de la convencionalidad clásica; abundando la utilización del punto de vista subjetivo y los movimientos ampulosos de la cámara. Bondarchuk utiliza la voz en off para mostrar las emociones y el mundo interior de los personajes, algo que unido a la filmación poética y contemplativa del paisaje, convierte a esta película en un precedente del lenguaje cinematográfico malickiano. 

Además de las secuencias de batalla anteriormente mencionadas, destacan asimismo el primer baile de Natasha, de mágica y portentosa puesta en escena, o la que nos muestra la onírica seducción de ésta a manos del mefistofélico Anatol (Vasili Lanovoi). 

En el ámbito interpretativo sobresalen el trabajo de Viacheslav Tijonov, así como la hermosa y delicada Liudmila Savelieva. Menos lograda es la interpretación del propio Bondarchuk como Pierre.

Dentro del filme, hay que resaltar también la extraordinaria banda sonora de Viacheslav Ovchinnikov, que había iniciado su andadura en el cine de la mano de Andrei Tarkovsky, y la fotografía de Anatoli Petritski y Aleksandr Shelenkov, que consiguen que cada fotograma sea una pequeña delicia pictórica. 

La película consiguió en 1968 el Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

 

 

Compártelo:

MY BUEBERRY NIGHTS

Con un reparto de lujo, ‘My Blueberry Nights’ (2007) se centra en el personaje de Elizabeth (Norah Jones), una mujer que tras una ruptura sentimental, decide viajar por los Estados Unidos, trabajando como camarera, encontrándose en el camino con otras historias de amor, tan tristes o más que la suya.

 

 

Teniendo en cuenta la carrera del señor Wong Kar-Wai, y tras ver el trailer de la película, nadie puede (o nadie debería) sorprenderse de lo que ocurre en estas noches de (tarta de) arándanos. El cineasta ha rodado en Estados Unidos lo que ya había rodado en su tierra. Un bellísimo y triste drama romántico. Lo que ha hecho siempre. Lo que le interesa.

‘My Blueberry Nights’ es, de este modo, muy similar a ‘Days of Being Wild’ o ‘Deseando Amar’ o ‘2046’ o ese corto que hizo Kar-Wai para BMW, tan recomendable como cualquier película suya; la más atípica es ‘Ashes of Time’ (curiosamente, la única inédita en DVD en nuestro país), pero sólo por incluir algo de arte marciales. Básicamente, y para entendernos, nos encontramos, otra vez, con una delicia para los sentidos, una historia cuya profundidad la ponen los hermosos encuadres, los maravillosos temas musicales y las cuidadas poses de los actores, puestos ahí para componer una obra de tanta belleza como escasa trama.

 

Aquí no hay sitio para diálogos complejos ni giros argumentales sorprendentes; no en vano, el director ha revelado alguna vez que rueda sin guión (no al menos uno cerrado). Las palabras apenas tienen importancia, acompañan las imágenes, interesando más la forma que el contenido de las mismas; las trata como canciones que no es necesario entender. Y en cuanto a las historias, en cuanto empiezan ya sabemos cómo acabará todo. La idea es disfrutar contemplando una obra de arte sobre cómo las personas adoramos sufrir y hacernos daños jugando con el amor. No es de extrañar que en el festival de Cannes etiquetaran la película más o menos como de caramelo vacío. El discurso de Kar-Wai está acabado ya para la gran mayoría, es más que comprensible.

Por tanto, la principal novedad de esta obra, casi la única, junto a la (de nuevo en un film suyo) majestuosa banda sonora, que cambia los boleros por el jazz, es que el reparto está integrado por rostros occidentales. Así, nos encontramos con un reparto muy llamativo encabezado por Jude Law, Natalie Portman, Rachel Weisz, David Strathairn y la cantante Norah Jones, cuyo personaje sirve de nexo de unión de las cinco historias de amor (o desamor, más bien) que integran la película.

De ellas, la más floja es la que rodea al personaje de Portman, que encarna a una poco creíble jugadora de póker con problemas para relacionarse con su padre; además, el personaje de Jones está puesto ahí con calzador, gracias a un intercambio poco verosímil. La historia más lograda, por el contrario, es la que protagonizan Strathairn y Weisz; el actor está magnífico, especialmente en un par de momentos muy emotivos, y la actriz nunca ha estado tan impresionante como aquí, en todos los sentidos. En cuanto a Law y Jones, correctos, en su sitio; el primero parece que imita a Takeshi Kaneshiro en ‘Chungking Express’, y la segunda, en su debut en el cine, cumple sin problemas en los pocos momentos en los que tiene que actuar.

Podría decirse, por consiguiente, que ‘My Blueberry Nights’ es una preciosa repetición de la misma película que lleva rodando Wong Kar-Wai durante todos estos años. De esta forma, es una oferta ineludible para los que disfrutaron plenamente de las anteriores obras del cineasta (o para los que aún no vieron ninguna, que algunos habrá) y, posiblemente, una aburrida forma de pasar el tiempo para el resto.

Por supuesto, un servidor lo pasó en grande con esta película, y está escuchando la banda sonora por enésima vez, en este mismo momento. Wong Kar-Wai no realiza cine convencional, sino un cine que es como una droga, de imágenes tan poderosas que, si te atrapa, no abandonará tu cabeza durante mucho tiempo.

 

 

Compártelo:

SIBERIADA

 

Director: Andrei Konchalovsky

Actores: Pavel Kadochnikov, Vitaly Solomin, Nikita Mikhalkov, Liudmila Gurchenko, Yelena Koreneva, Igor Okhlupin …más

Unión Soviética /1979/4 horas 35 minutos

Sinopsis: Gran epopeya que transcurre desde inicios de siglo hasta los años sesenta, esta ambientada en Yelan, un pueblo perdido de Siberia. Alli viven dos familias, los Solomin, fuertes, poderosos y socialmente establecidos y los Ustiuzhanin, rebeldes, joviales y pobres. En 1917 estalla la revolución en Rusia, cambiando radicalmente la vida de muchos ciudadanos, incluyendo los habitantes de Yelan, como los Solomin que no reconocen como propio el nuevo régimen. En la segunda mitad del siglo XX, la revolución y la guerra ya son historia, pero la enemistad irreconciliable de las dos familias sigue sin olvidarse. Sus tierras corren peligro ya que la región y el pueblo pueden quedar sumergidos por un pantano artificial. Para salvar sus tierras deben limar diferencias y buscar una solución.
 

AUGUSTO M. TORRES 25/06/1982 EL PAIS “Siberiada”, historia de tres generaciones. (CRÓNICA DE LO QUE IBA A SER UNA PROYECCION EN TVE EN EL AÑO 1.982

Anunciada para ser emitida en cuatro episodios durante las noches de los lunes del pasado mes de febrero por la primera cadena, se emite hoy Siberiada (1979), de Andrei Mikhalkov-Kontchalovski, en la segunda y en un solo bloque. Esta superproducción soviética, estrenada en España hace poco más de un año, ganadora del premio especial del jurado del Festival de Cannes y dirigida por uno de los mejores realizadores de la Unión Soviética, es una de las pocas películas de esta nacionalidad programadas por TVE.La más grave y astuta de las censuras españolas ha pesado sobre el cine soviético a lo largo de casi cuarenta años. No sólo se han prohibido sus películas, sino que se ha convencido al público de que es un mal cine por su propia naturaleza. Por ello, tenemos un gran desconocimiento de esta cinematografía y los raros estrenos de sus películas tienen muy poca repercusión, al margen de su posible calidad. Esto es lo que ocurrió hace un año cuando se estrenó Siberiada, que se exhibió fragmentada en dos partes y en locales diferentes, a causa de su larga duración.

Siberiada cuenta, a la manera de Novecento (1976), de Bernardo Bertolucci, la historia de tres generaciones entre 1900 y 1965 a través de dos familias, los Salomin y los Ustuzhanin: ricos y pobres, que viven en la aldea Yelán, perdida en Siberia. La evolución de la aldea a raíz de la revolución de 1917 se centra en la figura de Nikolai Ustuzhanin.

“Es una película”, dice su director, “sobre los cambios de pensamientos y mentalidad de una nación a lo largo de un siglo. Estos cambios siempre van seguidos de sufrimientos, porque comprenden la destrucción de algo que existe. Es el problema de lo antiguo y lo nuevo. He querido captar el reflejo de estos cambios en la vida cotidiana de un pueblo perdido en la taiga siberiana, muy aislado, muy lejos de la civilización, que vive una vida natural, primitiva, muy fuerte y sana, porque sus habitantes tienen una relación directa con la naturaleza. Cada diez años se producen cambios bajo la presión de las fuerzas económicas y políticas que cada vez desarraigan más a sus habitantes y les alejan de sus tierras”.

El director Andrei Mikhalkov-Kontchalovski, kirghistaní de nacimiento, estudia en la famosa Escuela de Cine de Moscú, donde dirige algunos cortometrajes y colabora en varios guiones. Con su primer largo, El primer maestro (1965), obtiene gran éxito en el Festival de Venecia. Rodado en Kirghistán, cuenta el nacimiento del amor y la lucha contra la ignorancia Y revela una especial habilidad para construir un relato primitivo y romántico lleno de fuerza épica. La felicidad de Assia (1966), también rodado en Kirghistán, es un melodrama hecho de forma documental con mayoría de actores no profesionales, prohibido durante años y finalmente estrenado en circuitos de poca audiencia.

Desconcertado por esta prohibición, cerrada la posibilidad de hacer un cine personal dentro de unas formas renovadoras, acepta el encargo de rodar una película que conmemore el 150º aniversario del nacimiento del escritor Ivan Turgueniev. Nido de nobles (1969), basada en la novela homónima publicada en 1859, es una producción. de los Estudios Mosfilm realizada con un elevado presupuesto, donde logra superar las imposiciones para hacer una gran película.

Su siguiente obra, Tio Vania (1970), tiene un planteamiento similar, pero el punto de partida es la obra teatral del genial Anton Chejov. Siguen El romance de enamorados (1972) y Siberiada, su última obra de tres horas y media de duración.

 

Compártelo:

BERTOLUCCI

 

Bernardo Bertolucci, hijo del poeta Attilio, al principio se sintió también atraído por la poesía, pero en 1961 abandonó sus estudios de literatura moderna en la Universidad de Roma para trabajar como asistente de dirección de Pier Paolo Pasolini, Acatone. Al año siguiente, gracias al interés del productor Tonino Cervi, debutó con el largometraje “La commare secca”, con argumento y guión de su maestro, que también hubiera tenido que dirigir la película. En 1964 dirigió “,Antes de la Revolución, una de las obras juveniles más intensas de esos años; en 1968 colaboró en el guión de “Hasta que llegó su hora” de Sergio Leone y dirigió “Partner”, inspirado libremente en “El doble (Il sosia) ” de Dostoievski.

 En 1970 dirigió “La estrategia de la araña” (Strategia del ragno) y “El conformista”, la primera inspirada en Borges y la segunda en una novela de Moravia: se trata de dos títulos fundamentales – según algunos incluso los más inspirados – de su filmografía, que anuncian la conocidísima “Último tango en París (Ultimo tango a Parigi)” (1972), una de las películas de mayor éxito en la historia del cine, que en Italia sufrió un sinfín de problemas con la censura. En 1976 dirigió “Novecento”, una película épica que narra las luchas de los campesinos en Emilia y que pretende crear un gran fresco histórico. “La luna” (1979) es un melodrama atípico en el que se mezclan la droga y el incesto con el fondo de la música de Verdi. “Historia de un hombre ridículo (La tragedia di un uomo ridicolo)” (1981) es un retrato agudo y penetrante de la contemporaneidad italiana , con tonos que van de lo grotesco a lo desconsolado. Con “El último emperador (L’ultimo imperatore)” (1987), ganadora de nueve premios Oscar entre los cuales el Oscar a la mejor dirección, inició una trilogía de peculiares superproducciones de autor que siguió, con resultados alternos con “El cielo protector (Il tè nel deserto)” (1990) y “El pequeño Buda (Piccolo Buddha)” (1993). En 1996 este director volvió a rodar en Italia “Belleza robada (Io ballo da sola)”, la delicada historia de una iniciación sexual ambientada en una magnífica villa de la zona del Chianti, en Toscana. En cambio “L’assedio” (1999) – rodada con un presupuesto limitado y muy lograda precisamente por ello – relata la historia de un pianista enamorado de su asistenta extranjera, que consigue conquistar el cariño de la mujer vendiendo todos sus bienes para salvar al marido de ella, prisionero político en su país de origen. En 2003 rodó en París “The Dreamers”, una relectura muy personal de los temas relacionados con la rebelión juvenil de 1968.

 

Compártelo:

EL CONFORMISTA

 

En 1938 en París Marcello Clerici está inmerso en sus recuerdos. Es un joven profesor de filosofía, cuya existencia ha sido marcada por un acontecimiento dramático: en efecto, cree que de pequeño mató a Lino Seminara, un chofer que intentó mantener relaciones homosexuales con él. A partir de entonces ha estado constantemente buscando algo que le rescate del remordimiento que le atormenta. Cuando el fascismo llega al poder, persiguiendo su propio deseo de normalidad, Clerici comulga con el régimen: esta elección le permite introducirse en una sociedad cuyos emblemas son el orden y la disciplina y en la que el mal y la violencia se han convertido en modelos de comportamiento muy extendidos. También su vida privada revela una evidente vocación de conformismo: atormentado por una madre morfinómana y un padre violento, Clerici está comprometido con Giulia, una chica burguesa, fácil y ambiciosa. Sin embargo, él cree que al casarse ella también se convertirá en una señora “normal”. La oportunidad de superar su sentido de culpabilidad se la ofrece la propuesta que le hace la Ovra, la policía secreta fascista: debe entregar a los sicarios del régimen al profesor Quadri, su antiguo profesor de la Universidad y actualmente exiliado político en Francia.

 Colaborando en este delito, Marcello cree que podrá redimirse del asesinato que cometió en su juventud: en efecto, esta vez la muerte se justifica por los principios en los que cree. Con el pretexto del clásico viaje de novios a París, Marcello se reúne con Quadri y su mujer Anna, una francesa muy guapa y emancipada que entabla una amistad morbosa con Giulia, su mujer. Marcello, que se enamora de Anna, intenta evitar que se vea envuelta en el delito que está a punto de cometerse, pero ya no puede aplazar su misión: durante un viaje encoche, asiste impasible al asesinato de Quadri y Anna. Pasan los años y precisamente el 25 de julio de 1943, cuando en Roma se celebra la caída del fascismo, Marcello encuentra por casualidad al hombre al que creía haber matado de pequeño. A pesar de darse cuenta de las aberraciones a las que le ha llevado un remordimiento infundado, una  vez más su comportamiento se adecúa a los nuevos acontecimientos: acusa a Seminara del delito que él mismo ha cometido, denuncia a un amigo fascista y se une a los que festejan la caída del régimen.

Compártelo: