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Sección : Crítica Cinematográfica

TRAFICO DE INFLUENCIAS

 

                        FELAS

La película de Elem Klimov, el autor de Masacre, sobrecogedor viaje al horror nazi, nos muestra en “Agonía” el personaje de Rasputín sobre el telón de fondo de los últimos años del zarismo, interpretado por Aleksei Petrenko, el general en “El Barbero de Siberia”. El monje loco, que creció de manera salvaje cerca del rio Tura en Siberia, pasó de ladrón de ganado a confidente de la zarina después de pasar por la secta de los Khlysty,a la fe por el dolor y si es a base de orgias mejor. Rasputín llega a la corte, por mediación de un Santón, para salvar la vida del heredero del Zar que es enfermo de hemofilia, si no es salvado el hijo, la especulación sobre el heredero se ponía en marcha, el éxito del “flagelante” por mediación de la hipnosis es palmario para todos y a partir de ese momento la corrupción se instala en la corte de los Romanov. Klimov nos muestra a un personaje tosco, grosero, con una mirada penetrante, en una clara desmitificación del personaje creado a partir de la biografía interesada de su hija María. El Zar es presentado por Klimov como una persona tímida y de carácter poco propicio que esta al albur de las manipulaciones de su mujer. La película que podemos definir de carácter histórico nos muestra a un Zar recuperado del pánico de 1.905 que pretendió perfilarse como autócrata de todas las Rusias. La destrucción de estereotipos es siempre un proceso dramático. Hubo gente que se opuso a la película y otra que la defendió. Inicialmente, vencieron los primeros. Luego la situación ha cambiado”, añadía Klimov en una reciente entrevista.
La historia de la caída de los Romanov está superpuesta con imágenes reales de la pobreza del campesinado, de la desigual distribución de la tierra, con escenas vibrantes de una marcha de campesinos, obreros y en general gentes del pueblo, descontentos por sus condiciones de vida. Exigiendo mejoras y el establecimiento de un programa de reformas políticas que al menos suavizara el régimen autocrático.se les ve llegar al Palacio, la familia imperial ausente, permaneciendo en el mando el príncipe Sviatpolsk Mirski, que recibe instrucciones por teléfono con un regimiento de infantería de la guardia y un escuadrón de cosacos de la guardia. Ordena abrir fuego y cargar contra la muchedumbre. Con el triste final de más de un centenar de muertos.
Sorprendentes escenas de los lesionados en la guerra que son repuestos como muñecos con nuevas piernas ortopédicas. Una buena lección de historia con elementos surrealistas, y un misticismo que hace estragos al lado del poder.
De todas formas, qué sería Gran Bretaña sin sus fantasmas, Italia sin sus adoradores del diablo, Alemania sin sus duendes, Estados Unidos sin sus conspiraciones OVNI sus predicadores, España sin sus apariciones marianas, sin sus masones…

 

 

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EL DEMONIO EN LOS JUNCOS

                                                  FELAS

Los juncos moviéndose por el viento al ritmo de una música increíble, las guerras medievales en Japón, la extrema pobreza, y la utilización de algunos elementos del teatro Noh, son suficientes para que Kaneto Shindo (La isla desnuda) nos introduzca en una atmósfera demoniaca, de horror y de mal. Si en las historias del Noh el rencor de una mujer abandonada por su pareja son el motivo del sentimiento del odio, en la historia de Onibaba, son los celos del amor que tiene su nuera con Hachi, sustituto de su hijo muerto en la guerra, los que provocan el sentimiento fatídico. Después de observar cómo se aman físicamente, la madre, en una toma genial de contrapicado, se abraza al tronco de un árbol seco, que sería una representación de ella misma, y  no puede soportar su incapacidad de poder amar. Frente a las ansias vitales de la joven que cruza corriendo desesperadamente, con la cámara a ras de suelo, en busca de la cabaña próxima, donde le espera impaciente Hachi, la madre va tejiendo la venganza, y el demonio se instala en la mente, el espíritu y el cuerpo, teniendo que soportar la máscarahannya” hasta ¿su muerte?. No podemos olvidar que entre los juncos pululan animales como , pájaros, espíritus del pez, perros-leones,.. Y  también las tormentas, lluvias, sonidos del aire, simbología de la “quinta categoría” que hace que este film nos provoque, con un final tan sorprendente, y que no podemos desvelar, una gran sensación.

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LA INTERNACIONAL DE LA BONDAD

 

                                 FELAS

 

Para los roussonianos es una oportunidad para el disfrute temporal .Monumento al arte proscrito, la película fue secuestrada, no pudiéndose estrenar hasta el festival de cine de Berlín del año 1.988, sufriendo el director infinidad de vicisitudes hasta que le llegó la expulsión del partido comunista. La “Comisaria” es por encima de todo una película de amor, que tiene su máximo esplendor cuando Efin, interpretado por Rolan Bikov el bufón de Andrei Rublev, lava los pies a su esposa y la dice: “María te amo”. María tiene miedo, y participa del romance fílmico que nos sirve para reflexionar sobre la maldad de la guerra y la violencia, además de ser un verdadero progromo a los hebreos, las imágenes del linchamiento a la familia, y los niños convertidos en fierecillas, son mejores que diez artículos sobre el holocausto. Manifiesto de humanismo y tolerancia, cargado de emociones, el amor está por encima de la violencia de la guerra.
Imágenes memorables son los caballos trotando con la montura puesta sin jinetes, el paso a cámara lenta de la niña en el columpio, el ejército llegando al pueblo, la cámara siguiendo el dulce dormir de los niños, el parto del que son partícipes todos los espectadores, la búsqueda de una religión para el recién nacido, las manos que bailan a modo de títeres…Una gran interpretación de Nona Mordioukova, en el papel de la comisaría, actriz que fue dirigida por Mikhalkov en Los parientes. La peripecia humana que plantea” La comisaria” está perfectamente integrada en un contexto político e histórico determinado, la guerra civil rusa, transmitiendo una emoción épica y lírica como consecuencia de imágenes que claramente podemos calificar de virtuosas.

 

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JOSEFA EN LES MORTIGUES

 

                                    FELAS

Película precursora del neorrealismo italiano, “TONI” transmite la vida auténtica de los emigrantes  no sólo a través de las imágenes, también con el sonido, el de las canciones populares y el  tren a tiempo real acercándose a la estación de Les Mortigues. Un tren que llega con maletas cargadas de ilusiones al comienzo y que repite su presencia al final, ésta vez con el plano del protagonista sobre las vías.

 Josefa, interpretada por Celia Montalván, de la que no hemos encontrado referencias, habla un francés correcto, y ese sería uno de los puntos flacos de la película, Renoir lo resuelve introduciendo algunas palabras en castellano, pero no es suficiente, hubiera ganado realismo, además de actores no profesionales, un francés propio de quien lleva poco tiempo en Francia.

 Hay una escena omitida por los productores: los dos cargan a Albert  hasta el bosque ocultando en la carreta de la lavandería (recordando la primera escena amorosa) y son acompañados a lo largo del camino por un alegre cortejo fúnebre con los trabajadores cantando. Renoir quería mostrar el irónico contrapunto entre música y drama.

Josefa perturba a Toni y los dos son víctimas tanto de su condición social como de su deseo, y a pesar de algunos defectos, sin duda producto del momento, Renoir siempre nos sorprende. En su libro “Mi vida y mi cine” publicado por Akal dice refiriéndose a “TONI”:

”Rodada con medios escasos, marcó la consumación de mis sueños de realismo intransigente. Veía en ella la perfecta derrota del mosquetero y de los héroes del melodrama. ¡Cómo me equivocaba! Creyendo rodar una lamentable aventura extraída de la vida cotidiana, relataba, casi a pesar mía, una desgarradora y patética historia de amor”.

 

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Las películas de nuestra vida (4)

                                              SERVADAC
El cine se entreteje misteriosamente con los hilos que gobiernan nuestras vidas.

Yo tenía una novia y nuestra relación estaba agonizando. Fuimos a ver una película de José Luis Cuerda: La marrana. Con semejante título la cosa no podía acabar bien. Al salir del cine, dimos por concluida, para siempre, nuestra afinidad. Y cada uno por su lado

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Al cabo de unos meses, me presentaron a la madre de mis hijos. Quedamos para ver Las mejores intenciones, de Bille August, discípulo de Bergman.

Ingmar Bergman no quiso rodar la vida de sus propios padres. Redactó el guión y se hizo a un lado. Con gesto sobrio –la procesión iba por dentro– cedió la dirección a Bille August. El alumno supo merecer la confianza del maestro.

Minicine o microcine o cine infinitesimal. Butacas rojas y sala diminuta. Ahí estábamos los dos mirando la pantalla, mirándonos al bies, como si la proyección se hiciera en varios planos: interno y exterior. Mientras los padres de Ingmar Bergman se daban puñaladas, yo buscaba alguna frase de película que me ayudara a declararme.

– ¿Quieres pasar el resto de tus días a mi lado?
– No.

Después de tanto tiempo, aún seguimos juntos.

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O sea que acabé con La marrana… y comencé con Las mejores intenciones.

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AFRONTAR LA DESGRACIA

 

 

 

La película empieza cuando la cámara entra en una casa y se mueve nerviosa por sus habitaciones y patios. Busca, husmea, con algo animal en el afán; indaga de dónde salen unas voces, quiénes emiten esas voces.
Primero el sonido, luego un reflejo en una ventana, luego ellos: los hermanos gemelos, ese día en que a uno de ellos le da por correr, y al otro por seguirle pegado. Y, de pronto, el que va delante desaparece, a la vuelta de una esquina, en una calleja, como si se hubiera desintegrado.
Desaparecido, esfumado.

No se volverá sobre esa desgracia traumatizante, y cuando unos policías se presenten para comentar sus investigaciones no se les verá. Fuera del cuadro, sólo se oirán sus voces, procedentes de otra habitación.

Los años pasan y en la familia no parecen reaccionar. El dolor se adivina pero tiene contorno impreciso. La sensibilidad oriental late de otra forma, con otro pulso. Permanecen quietos, relativamente impasibles. Es la cámara la que se mueve sin cesar, en todo momento nerviosa.

El hermano superviviente dibuja a su prima, la lleva en bici por el laberinto de calles estrechas entre las casas bajas y los patios ajardinados de la barriada donde viven.
La madre se prepara para el nacimiento de un nuevo hijo. El padre se entrega a la organización de un festival de danza y afirmación vital, una oportunidad para el brillo.

El hermano superviviente vuelve una y otra vez a la esquina de la desaparición, la esquina de las caléndulas. No consigue entender lo ocurrido. Pinta en un lienzo al desaparecido.

Con grandes ideogramas, el padre representa las nociones de ‘Oscuridad’ y ‘Luz’. Cultiva flores en silencio y se esfuerza en aceptar las cosas como son; en continuar embarcado en la vida, que sigue su curso.

Con sensibilidad muy apartada del apasionado desgarro occidental, “Shara” insiste en señalar que cuando llega una desgracia terrible el dolor no se puede evitar, pero el sufrimiento sí.
La íntima dificultad de ese proceso de evitación es lo que relata.

 

 

 

 

 

 

 

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OLGA NEUWIRTH

  

  

  

  

  

  El interés de Olga Neuwirth por el cine puede rastrearse en numerosas piezas de su ya bien utrido catálogo. De hecho la compositora compaginó en San Francisco estudios de música, pintura y teoría cinematográfica cuando, a mediados de los ochenta, no tenía aún demasiado claro el camino que tomaría su creatividad.

Así, desde Sans Soleil. Miroir déformant -dedicada al realizador Chris Marker- o ¡?dialogues suffisants!?-Hommage a Hitchcock, de los noventa ambas, a la más reciente Lost Highway, ópera basada en la película de David Lynch, la autora no ha dejado de manifestar su fascinación por la imagen cinematográfica, por el montaje, técnica a la que recurre constantemente la música de esta amante de los elementos sonoros más heteróclitos, o incluso por el slapstick, cuyo humor absurdo y acción hiperacelerada comparecen en unas obras llenas de sucesos y situaciones sonoras de cierto carácter grotesco. Pero Neuwirth no se ha limitado a utilizar la imagen como simple inspiración de sus trabajos musicales, sino que ha compuesto también lo que podrían llamarse “bandas sonoras” para diversos trabajos audiovisuales, algunos de los cuales ha dirigido ella misma. Este conjunto de obras es el que recoge Music for Films, doble DVD que ayuda a comprender mejor la concepción multidisciplinar de su proyecto artístico y sonoro.
La propuesta más extensa y una de las más interesantes es The Long Rain (2000), con realización videográfica de Michael Kreisl a partir de una idea de Neuwirth. Inspirada en un relato de Bradbury, la acción muestra a una tripulación espacial perdida en un lluvioso planeta, lo que da ocasión al realizador de adoptar un tratamiento casi documental -aún partiendo en tres la pantalla para multiplicar los puntos de vista- y a la compositora de describir obsesivos estados anímicos y un variado catálogo de impresiones sensoriales. Lo consigue mediante precisas sonoridades electrónicas en convivencia con densas, repetitivas y expansivas constelaciones sonoras, en cuyo interior un espléndido Klangforun Wien dirigido por Peter Rudel se mueve con detallado colorido instrumental. La sincronía y el desencuentro entre la imagen y el sonido es también el tema de No More Secrets No More Lies (2005), de Dominique Gonzales-Foerster según una idea de Neuwirth, donde melodías de aire pop con referencias a Die Dreigroschenoper de Kurt Weill se establecen como correlato independiente para la presencia de la cantante Georgette Dee recortada contra un onírico mar.
En Disenchanted Time (2005) Neuwirth se desdobla como realizadora proponiendo un juego de ralentización y aceleración a partir de imágenes cotidianas de París: utilizando fragmentos de Paris qui dort de René Clair y efectos videográficos muy sencillos (bucles, paradas de imagen) la creadora consigue un retrato enigmático de espacios urbanos bien conocidos, una impresión de extrañamiento intensificada por la fuerza de los tratamientos electrónicos y de una serie de obsesivos loops. La reflexión sobre la dimensión temporal está también en el centro de Mirando Multiplo (2007), donde vemos la notación en tiempo real de una partitura, en realidad un cristal tras el que trabaja frenéticamente una mano que evoca en parte el modo de trabajo de El misterio Picasso de Henri-Georges Clouzot. La música se despliega aquí a manera de masas estáticas y flujos en lento desarrollo, al igual que en Durch Luft und Meer (2007), vídeo de carácter hipnótico grabado en el mar Ártico que transcurre en sintonía con unas sonoridades cristalinas como el hielo (elemento que tanto gusta a la compositora como metáfora de la gelidez de algunas relaciones humanas), salidas en parte de su ópera Bählamms Fest.
Habria todavía más piezas para reseñar, como Canon of Funny Phases o The Calligrapher, interesantes trabajos de animación, y en especial Symphonie Diagonale, joya del cine abstracto que filmó en 1924 V.H. Eggeling y a la que Neuwirth ha dotado de lúdica y puntillista banda sonora.

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alagunas claves para seguir EL VIAJE DE LOS COMEDIANTES


  HEMOS SACADO UNAS NOTAS PARA UN MEJOR VISIONADO DE LA PELICULA POR SI OS PUEDE SER DE INTERES.


UNAS CLAVES PARA VISIONAR EL VIAJE DE LOS COMEDIANTES

 1.939 es el año que arranca cronológicamente la película. Tras los primeros planos, que suceden en 1.952, se produce un corte que nos sitúa cuando se anuncia la visita a Olimpia del general Metaxas con el ministro de propaganda del tercer Reich Goebbels.

    En las primeras escenas la compañía esta dividida entre el entusiasta de Metaxa (Egisto) y los que a partir de la referencia a la guerra civil española y la lectura de un texto de Lenin, sufrirán la represión que acompañará a la izquierda griega durante todo el siglo XX.

Tras un monologo sobre la catástrofe de Asia menor se pone fin a las escenas del 39. La compañía llega a otra ciudad, el ambiente patriótico esta exaltado por la negativa del gobierno de Metaxos de aceptar el ultimátum de Mussolini que exigía la entrada de las tropas Italianas en Grecia. En el teatro se lee un comunicado notificando la invasión del ejército Italiano desde Albania.

Por los periódicos se sabe que los italianos han sido frenados y obligados a retroceder. El ejército Griego se apodera del norte del Epiro perteneciente a Albania desde las guerras balcánicas. Esta es una fecha festiva y motivo de exaltación patriótica en Grecia. El ejército Alemán ocupa Atenas el 27 de abril de 1941, plano en silencio donde se alza una bandera nazi. Se cambia el plano y se pasa al 52, inicios de la película, se anuncian elecciones y se presenta al mariscal filofascista  Papagos, su nombre evoca de nuevo a los nazis situándose en el invierno del 41 cuando el periodo de la ocupación es mas fuerte. La resistencia se organiza, las escenas nos remontan a la creación del Frente Nacional de Liberación (EAM), impulsado por los comunistas, y cuyo brazo armado será el Ejército de Liberación Popular (ELAS).

  La compañía es capturada por los alemanes, cuando van a ser fusilados, son salvados por los partisanos. Huida de los alemanes y una gran manifestación popular reivindica un gobierno de unidad nacional.

 Existen en Grecia dos poderes un gobierno: uno en el exilio, desvinculado de la situación interna del país y un gobierno de las montañas, que había llevado el peso de la resistencia vinculado al partido comunista.

 En mayo del 44 se alcanzan los acuerdos del Líbano que instauraba un gobierno de unidad nacional comandado por Giorgios Papandreu, con mínima presencia comunista .El acuerdo fue repudiado por el EAM.

 Mientras tanto las potencias extranjeras se reparten el control de los Balcanes .Grecia cayó del lado Británico .El EAM presionado por los soviéticos asumió los acuerdos del Líbano, aceptando una posición subordinada en el gobierno de Papandreu. Todas estas tensiones son expuestas en uno de mis mejores planos de la película .El plano, rodado en Nauplio Angelopoulos integra diversos espacios y diversos tiempos cubriendo un periodo que atraviesa 1.944.Manifestaciones populares convergen en una plaza (el conjunto de Grecia) banderas griegas, británicas, americanas y comunistas acompañan los cantos de liberación.Unos disparos anónimos dispersan la manifestación y la plaza es atravesada por un militar británico tocando una gaita. Panorámica de 360 º y la plaza vueleve a llenarse esta vez solo con banderas rojas reclamando libertad y poder para el pueblo. Todo termina con los combates del diciembre rojo .El EAM abandona el gobierno por no aceptar los intentos que dicho gobierno hace para restaurar la monarquia.Tras una violenta represión en la Plaza de Sintagma en la que mueren 15 personas el ELAS toma las armas y durante 33 días tiene lugar el primer acto de la guerra civil. Esta secuencia se rueda en Lavrio donde la compañía de actores intenta huir del enfrentamiento urbano entre las tropas del ELAS y las británicas de los monárquicos.

 Bajo presión del gobierno británico y su representante el general Scoby, se firma el tratado de Varkiza que pone fin a la batalla y se pacta un calendario que no se respetará

 El control de las fuerzas monárquicas y reaccionarias apoyada por los británicos es cada vez mayor.En contra de lo acordado en el tratado se anuncian elecciones con un plebiscito sobre la monarquía .Los republicanos y el partido comunista promueven la abstención. Electra camina mientras se escuchan mensajes abstencionistas, entra en una sala donde se celebra el año nuevo del 46, y en otro plano maravilloso el grupo progresista debe de abandonar la sala ante la amenaza del grupo monárquico.

  Traveling que partiendo del 46 (triunfo fascista) acaba en el 52 donde se integra con la candidatura del mariscal Papagos, ahora auspiciada por los americanos.

  Guerra civil en las montañas. Antes del plano del año nuevo del 46, se introduce la sospecha de que la izquierda se ha empezado a movilizar cuando tres hombres se presentan en casa de Electra preguntando por su hermano. Algunos partisanos no vuelven de las montañas y otros están empezando a refugiarse en ellas.Un sospechoso plebiscito permite la restauración de la monarquía. ELAS vuelve a las montañas.La guerra civil no tiene vuelta atrás.El 12 de abril la doctrina Truman da a la guerra un giro considerable. Se muestra la derrota de la izquierda. Orestes es fusilado .Pílades firma una renuncia tras ser hecho prisionero, y el poeta que resistirá sufrirá irremediables trastornos físicos y psíquicos.

  El final de la guerra lleva a los personajes de Angelopoulos al silencio .El único que no sufre es Electra, que es un referente mítico, la memoria viva del clan, y la transmisora de la historia. Así se manifestará cuando le imponga los atributos de Orestes al hijo bastardo de Crisótemis que tomará el relevo de la representación de la obra.

  Tras la muerte de Papagos el rey nombrará su sucesor a Constantino Karamanlis, que reconvirtió la Unión Helénica del mariscal en la Unión Radical Nacional (ERE) continuando con la misma política represiva.

  En las elecciones del 58 consiguió mayoría parlamentaria, siendo el partido de oposición la Izquierda Democrática Unida (EDA) con la presencia camuflada de los comunistas que estaban ilegalizados.

 En el 61 nueva victoria del ERE con Karamanlis, aunque Giorgos  Papandreu consiguió unificar en torno a la Unión de Centro (EK) diversos grupos desde la derecha hasta los trasfugas del comunismo desplazando al EDA del protagonismo de oposición.

  En mayo del 63 es asesinado en Tesalónica durante una marcha por la Paz el diputado del EDA Grigoris Lambakis.En el 64 elecciones generales con la victoria de Giorgios Papandreu (EK).El 15 de julio del 65 fin del gobierno Papandreu y comienza el gobierno de los apostatas,que fue un golpe promovido por el Rey Constantino para que un grupo de diputados de centro se pasaran a la derecha.El 21 de abril del 67 golpe de los coroneles con el reconocimiento de la monarquía, con la junta militar toma posesión Constatino Karamanlis que regresa del exilio y Angelopoulos sigue rodando su viaje de los comediantes.

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EL DOLOR DE VIVIR

 


Si es que no ha habido suficiente supermineralización en fiestas (o por si, precisamente a causa de ello, hace más falta que nunca) Nuestro Bar estará abierto todo seguido hasta Reyes.
Con los saludos afectuosos de LUPO


EL DOLOR DE VIVIR
La película que cierra la trilogía comienza con Apu convertido ya en hombre de letras, como acredita un certificado manuscrito en la primera imagen.
Enseguida vemos a Apu dormido sobre unas cuartillas, el tintero volcado, manchando la cama, en una habitación cochambrosa, junto a la estación de tren.
Lleva existencia de bohemio, atrasado el alquiler, dando clases particulares para sobrevivir lo justo mientras escribe una novela semiautobiográfica (como en el libro de Bibhutibhushan que sirve de base a Ray), alérgico a cualquier trabajo de oficina, con horario fijo.
Por intervención de su amigo anglófilo conocerá el amor conyugal, junto a una esposa joven y alegre, y también la paternidad.
Y la acumulación de muertes cercanas quebrará sus ganas de vivir. La aceptación de las cosas como vienen, actitud reinante en las películas de la trilogía, se vuelve casi imposible. Hay dolor y rebelión, en tono trágico, y un vagabundeo de alma en pena.

Más introspectiva y menos paisajista que las anteriores, “Apu Sansar” es por ello, y también por la desenvoltura técnica adquirida, con amplio repertorio de movimientos de cámara, la más europea. La contraposición al cine indio se hace explícita al citar una película ‘Bollywood’, vidas de dioses en tono popular, entre rudimentarios efectos especiales. En magistral transición, la pantalla de la sala donde se proyecta la cinta se convierte en ventanilla del carruaje en que los jóvenes esposos regresan a casa.
La trilogía está sembrada de detalles visuales que permiten articular una sabia narración, cargada de sugerencias a partir de los elementos justos, bien escogidos. Ahí está esa horquilla vibrante de significación erótica sobre la almohada nupcial.
Así alcanza inusitada fuerza poética un relato que profundiza con elaborada sencillez en la vida del hombre, hasta alcanzar sin patetismo la esencia de dolor y goce alternantes que la forman.

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ESTUDIO ESTILISTICO DE ROHMER

 

      PARA LOS ESTUDIOSOS NOS BAJAMOS DE MIRADAS DE CINE UN ESTUDIO
      ESTILISTICO DE ERIC ROHMER.VAMOS A TERMINAR CON ROHMER EL CICLO DE CINE.

Realizar un estudio estilístico de cualquier realizador siempre conlleva un ejercicio rayante en el sadismo sobre el afortunado (o no) crítico responsable. Para que éste pueda llevar a buen término un mínimo coherente de estilemas y reflejos autorísticos, no sólo a de haber entendido y aprehendido la obra completa del realizador, si no que además, debe como mínimo, aportar su pequeña dosis de juicio sobre obras, en ocasiones, más que estudiadas. De hecho, la mayoría de la insufrible crítica española básicamente se apoya en los cuatro clichés canonizados, y a partir de ellos, enarbolan toda una serie de verdades ya dichas, que a la postre, acaban por aburrir hasta al mayor fan de Manoel de Oliveira. Pongamos unos ejemplos: Howard Hawks como el hombre que ponía la cámara a la altura de los ojos, Hitchcock como el hombre que describía sus torturadas pasiones a través de suculentas intrigas, Ozu como el fundador del plano fijo, Godard como el intelectual de izquierdas que ha acabado siendo devorado por sus propias teorías… Es aburridísimo leer según qué estudios críticos, incluso, algunos de los que yo mismo realicé en mis inicios como crítico, pues al ser un estudiante autodidacta, uno acaba cometiendo los mismos o peores errores de los críticos que lee. En este aspecto, y sé que no tiene nada que ver ni con Eric Rohmer, ni con la nouvelle vague, es realmente encomiable el libro de Carlos Losilla La invención de Hollywood, ofreciendo nuevas miradas a cineastas demasiadas veces retratados. Así que me he obligado a hacer esta introducción al estudio de Eric Rohmer, pese a que peque de cierto yoísmo , porque creo necesario abordar en este artículo la figura de Eric Rohmer de una manera plenamente subjetiva. No creo necesario realizar el mismo cúmulo de tópicos tantas veces escrito, por que al final ni mi texto resultará interesante, ni el lector conseguirá conectar con Rohmer a través de este crítico. Así quien quiera abordar a Rohmer en toda su complejidad, con un análisis tan completo como detallado, puede encontrar su mejor referencia en la obra de Carlos F.Heredero y Antonio Santamarina Eric Rohmer editado por Cátedra en 1991.

Por eso me habréis de permitir que empiece desde el principio y desde el final, para elaborar un flash-back que nos lleve desde Triple agente (Triple agent, 2004) a Le signe du lion (Ídem, 1963), y descubramos así una de las principales virtudes, al menos una de las que a mi más fascina, del realizador de Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud, 1969): su absoluta coherencia como crítico, cineasta y ser moral. Y es que los principios plásticos de la obra rohmeriana, ya estaban presente s incluso en sus postulados como crítico cinematográfico, función, por cierto, que ejerció como máximo heredero de André Bazin, teniendo en cuenta que para sus compañeros de la nouvelle nague, el interés por la crítica era muy variable: Tanto Chabrol como Truffaut reconocieron que se habían aprovechado de la crítica cinematográfica, no sin armar el suficiente ruido como para provocar toda una revolución tanto en la crítica como en el propio cine, para saltar a la dirección, Godard simplemente no ve diferencia cualitativa entre escribir y dirigir, únicamente cuantitativa, y Rivette, bueno, Rivette, que estaría más cercano a Rohmer en lo crítico y en lo fílmico, fue posiblemente el más radical, y a la vez errático, a la hora de llevar sus postulados y afinidades críticas a la gran pantalla. Eric Rohmer, no es ajeno a este aprovechamiento de la función crítica, aunque él jamás se definió como crítico, sino que definió al grupo como «cineastas que hemos hecho un poco de crítica para empezar» (3), lo que implica cierta modestia de un realizador que ya en sus primeros textos alababa a cineastas como Hawks, Renoir o Rossellini, de los que heredó un gusto por el naturalismo subjetivo, proveniente de la puesta en escena objetiva que diera la mayor sensación de transparencia. Rohmer es un realizador absorbido por la composición espacial de sus obras, pero nunca se plantea la puesta en escena como herramienta cinematográfica, como un truco gramatical usado con inteligencia. Para Rohmer, el espacio retratado es tan importante como los abundantes diálogos presentes en sus películas, y de dicha conjunción, queda al desnudo no su complementación, sino su significación: es tan relevante la contradicción de los personajes morales de Rohmer entre lo que piensan y dicen de sí mismos con lo que finalmente acaban haciendo, como la manera en que se desenvuelven en el interior del plano, nunca de un modo efectista, pero igualmente cargado de sutiles connotaciones metafóricas. Quizás uno de los ejemplos más evidentes sea el de la violación en La marquesa de O (Die Marquise Von O, 1975), donde Rohmer emula al cuadro de J.H. Füssli La pesadilla, sustituyendo del plano el elemento perturbador y poniendo en contraplano al soldado interpretado por Bruno Ganz (4). Esta búsqueda por la transparencia Rohmer la resume a la perfección ya en uno de sus primeros textos críticos, hablando sobre la figura de Orson Welles, uno de los puntos de discusión con su maestro Bazin: «La misión del cine es más la de dirigir nuestros ojos hacia los aspectos del mundo para los que todavía no tenemos una mirada, que la de situar ante nuestros ojos un espejo deformante, por muy buena calidad que tenga» (5).

Si ejecutamos el flash-back temático, evidentemente, lo primero sería lo último, es decir, que habría que centrarse en Triple agente y La inglesa y el duque (L’Anglaise et le Duc, 2000), para señalar los rasgos estilísticos que el cineasta ha mantenido durante más de cuarenta años con un inapagable tesón. Aquí quizás habría que injerir un matiz, pues la puerta abierta en este ensayo es fácilmente atacable: que un cineasta sea coherente no es en sí mismo una virtud, si no fuera por la búsqueda continua de la belleza que implica esa coherencia. «La meta primera del arte fue la de reproducir no el objeto, sin duda, sino su belleza; lo que se llama realismo no es más que una búsqueda más escrupulosa de esta belleza» (6). Esta búsqueda posee un ejemplo bastante relevante en sus dos últimas obras, que según Heredero, conforman un nuevo ciclo abierto, aunque no confeso por el realizador, que vendría a llamarse “Tragedias de la historia”. Siendo dos films de época, una rareza en un realizador siempre ceñido a lo contemporáneo, están emparentadas en la búsqueda de la representación con sus otros films de época: La marquesa de O y Perceval le Gallois (Ídem, 1978), y es que si Rohmer busca en los relatos contemporáneos una transparencia más allá del realismo empírico, la forma de aproximación a los relatos del pasado , no es a través de una construcción naturalista de la época, sino mediante la asunción de los “modos de representación” que poseemos de dicha época, en palabras de Enrique Alberich: «…no como una operación puramente esteticista, sino que resulta coherente con su postura moral ante el cine: el realizador sabe que no filma el pasado, sino su recreación arbitraria». Por eso si La marquesa de O busca la realidad pictórica de una época, de la misma forma que otras películas como Barry Lindon (Ídem, 1975. Stanley Kubrick) o La joven de la perla (Girl with a Peral Earring, 2003. Peter Webber), y Perceval le Gallois es representada con formas estrictamente teatrales, con unos decorados que no tienen nada que envidiar a los de El Casanova (Il Casanova di Federico Fellini, 1976) o El satyricon (Satyricon, 1969) de Federico Fellini, La inglesa y el duque y Triple agente prosiguen en la misma indagación estética, haciendo de la primera de ellas, posiblemente una de las obras más radicalmente modernas del nuevo siglo, sin nada que envidiar a los logros formales de cineastas tan vanguardistas como Alexander Sokurov o Lars Von Trier.

Sin duda estos dos últimos films de Eric Rohmer sitúan a éste, junto a otros cineastas tan atractivos como Manoel de Oliveira. Michelangelo Antonioni o Shohei Imamura, en el extraño paraíso de cineastas que superan los ochenta años y aún así siguen siendo capaces de realizar obras cumbre. Curiosamente a Eric Rohmer siempre se le ha tachado de cineasta adulto, cuando no directamente viejo, incluso en sus inicios dentro de la nouvelle vague , donde hasta fueron más llamativos los primeros films de Alain Resnais –no en vano se trata de dos joyas como Hiroshima, mon amour (Ídem, 1959) y El año pasado en Marienbad (L’anneé dernière a Marienbad, 1961)– que sus tres primeras obras: Le signe du lion, La panadera de Monceau (La Boulangère de Monceau, 1963) y La carrière de Suzanne (Ídem, 1963). Jean Marie Maurice Sherer, transmutado en Eric Rohmer para Cahiers du Cinema, fue, junto con Rivette, como he dicho antes, uno de los cineastas más incomprendidos del movimiento, sino el que más, de los más tardíos en despuntar. El bello Sergio (Le Beau Serge, 1958. Claude Chabrol), Los 400 golpes (Les quatre-cents coups, 1959. Francois Truffaut) y Al final de la escapada (A bout de soufflé, 1959. Jean-Luc Godard) fueron los films abanderados de un movimiento en el que Rohmer no se vio plenamente reconocido hasta el éxito de Mi noche con Maud. Curiosamente, y esto sí que es un apunte meramente personal, sus films más apegados al estilo de la nouvelle vague –en términos de producción y de estilo–, son los que menos interesantes me parecen: sus dos primeros cuentos morales citados antes, y las posteriores El rayo verde (Le rayon vert, 1985) y Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle (Quatre aventures de Reinette et Mirabelle, 1986). Habría que ser sincero y reconocer que la nouvelle vague oficialmente acabada a partir del enfrentamiento entre Jean-Luc Godard y Francois Truffaut, casi a la misma vez que Rohmer dejaba el cargo de redactor jefe de Cahiers, para que le sucediera Jacques Rivette, prácticamente sólo existió durante diez años: de 1959 a 1969, pues poco o nada tienen que ver entre sí films tan dispares como Domicilio conyugal (Domicile conjugal, 1970. Francois Truffaut), Todo va bien (Tout va bien, 1972. Jean-Luc Godard), La década prodigiosa (La decade prodigiouse, 1972. Claude Chabrol), Celine y Julia van en barco (Céline et Julie vont en bateau, 1974. Jacques Rivette) o La mujer del aviador (La femme de l’avaiteur, 1980. Eric Rohmer); sin embargo, como cinéfilo kamikaze y autodestructivo, no puedo más que sentir una tremenda admiración por unos cineastas que incluso en sus últimas obras no bajan de la maestría: Nuestra música (Notre musique, 2004. Jean-Luc Godard), La dama de honor (La demoiselle d’honneur, 2004. Claude Chabrol), Histoire de Marie et Julien (Ídem, 2004. Jacques Rivette) y Triple agente (40 años después de su debut, 20 años después de la muerte de Francois Truffaut).

Dice Olivier Assayas que «la generación de la Nouvelle Vague fue históricamente la primera en considerar que hacer películas era más digno de sus ambiciones que escribir libros» (7), curiosamente, Eric Rohmer, que empezó defendiendo el cine como un arte independiente de la pintura, el teatro o la literatura, con el paso del tiempo ha ido matizando dichas afirmaciones, hasta el punto de llegar a renegar de la cinefilia, entendida esta como alejar el cine de las otras artes y valorar únicamente por sí mismo. «Ahora, por desgracia, ocurre que en la actualidad hay gente que la única cultura que tienen es cinematográfica, que piensan sólo en el cine, y que cuando hacen películas, hacen películas en las que hay seres que solamente existen en el cine» (8), quizás por ello la mirada sobre la historia planeada en sus dos últimos films, no sólo beba de los modos de representación existentes sobre la época, si no que añada un punto de vista moral sobre lo narrado, mediante cierta atracción tanto por la historia como por los diferentes medios artísticos que la han abordado. Quizá haya en Rohmer algo de indignación ante cineastas, muchos coetáneos suyos, que hacen del cine cita y contexto, con lo que enmarañan la naturalidad buscada en la obra (en caso de que se busque). Lo curioso es que el realizador consigue mostrar su discurso usando la misa coherencia estética ya aludida antes, por cierto, dicha constancia es la que hace que el colectivo antirohmeriano se vea incapaz de disfrutar de ninguno de sus films, bien achacándolo de teatral (¿?), discursivo (¿?¿?) o reaccionario (¿?¿?¿?).

Justo antes de estas dos “tragedias de la historia”, Rohmer construyó sus “Cuentos de las cuatro estaciones”, a mi parecer, su mejor ciclo junto con “Los cuentos morales”. Quizás dicha atracción me venga dada por una constancia que noto en casi toda la filmografía del realizador de La rodilla de Clara (Le genou de Claire, 1970), y es que, ya sea comedia o drama (tanto da en Rohmer el encuadramiento genérico, pues ya se sabe que ni las comedias son comedias puras, ni los proverbios son metáforas o, simplemente, moralejas), siempre hay una mirada bastante amarga sobre el ser humano, su afinidad moral y su final rendición ante lo apacible. Esto no tiene nada que ver con la presencia en el film de un happy end al uso, de hecho, tildar de convencional a Rohmer por que sus protagonistas de los “Cuentos Morales” acaben siempre tomando la opción de la mujer que representa la estabilidad y la seguridad, por encima de las mujeres que representan la tentación (moral y erótica), no es hacerle justicia, Rohmer jamás toma partido en lo narrado, el único demiurgo es el protagonista, que con sus divagaciones sobre lo que quiere y lo que es, en contraposición con lo que se acaba convirtiendo, deja realmente una visión pesimista sobre la vida, que Rohmer no tiene por qué compartir. A su manera, es pura comedia, pero de un humor bastante más complejo que el que se puede discernir en films tan melancólicos como La mujer del aviador (La femme de l’aviateur, 1980) o El amigo de mi amiga (L’ami de mon amie, 1987), primer y último episodio de sus “Comedias y proverbios”. Quizás por ello veo cierto cambio en la mirada de Rohmer sobre el mundo en los “Cuentos de las cuatro estaciones”, donde sus protagonistas, más tenaces que en el resto de su ciclos, a su manera, ven recompensada esa coherencia con la que enfocan sus dilemas éticos con el logro de sus aspiraciones románticas. Tomemos como ejemplo la protagonista de Cuento de invierno (Conte d’hiver, 1992) –este film, por cierto, posee un arranque realmente extraño, con un prologo musical (¡!), totalmente inusual en Rohmer(9)–, una joven persistente hasta posiblemente caer en lo ridículo, manteniendo la esperanza de poder encontrarse de nuevo con un amor del pasado, dicha cabezonería, que la lleva a rechazar a sus dos candidatos a pareja –seres totalmente antagonistas, que le sirven a Rohmer para reírse tanto de la intelectualidad como de la torpeza mental-, acaba por darle la razón, al, por ese azar tan rohmeriano, encontrarse con el joven en un autobús. ¿Es Cuento de invierno un film capriano? En absoluto, o al menos, en la misma medida que lo pueden ser los otros cuentos, donde sus protagonistas –Cuento de primavera (Conte de printemps, 1989) sería más ambiguo al respecto– acaban obteniendo lo que esperan, en el que caso del Cuento de verano (Conte d’eté, 1996), el protagonista librándose de una encrucijada a la que su indeterminación le tiene atrapado y, en Cuento de otoño (Conte d’automme, 1998) –mi preferido, en muchos aspectos–, llevando a buen término un juego de relaciones casi hitchcockiano, que de nuevo sorprende por su definición optimista.

El azar presente en Cuento de invierno y Cuento de verano, también encontrado en el film intermedio Les rendez-vous de Paris (Ídem, 1995), curiosa mezcla de “Comedias y Proverbios” (los dos primeros capítulos) y “Cuentos Morales” (el tercero) –menos interesante encuentro El árbol, el alcalde y la mediática (L’arbre, le maire et la mediatéque, 1993), film discursivo, netamente político y de estética desmañada (por supuesto, totalmente consciente), de un realizador que, por cierto, se confiesa como «en todo caso, no soy de izquierdas» (10)–, así como las abundantes conversaciones que entablan sus protagonistas, generalmente en los films del francés presentados como filósofos, etnólogos, profesores, etc., y que suelen versar frente a temas como filosofía, moral, tentación, fidelidad, religión, … nos sirven más que para acompañar la imagen o completarla, como una declaración de intenciones encubierta de los narradores. Me explico, el personaje puede estar deseando algo mucho más prosaico, simplemente, entablar relaciones con su compañera, pero para ello, Rohmer hace hablar a los personajes sobre Pascal, Balzac, Sartre, numerología, etc., define parcialmente a los personajes mediante su lenguaje, otra parte mediante sus actos físicos y finalmente por su enjundia moral. Este azar más el abundante uso del lenguaje emparentan a Rohmer con dos cineastas tan actuales como Richard Linklater, cuya Antes del atardecer (Befote Subset, 2004) es un Rohmer algo exhibicionista, o Quentin Tarantino (no en vano, el realizador de Kill Bill siempre ha alabado la nouvelle vague y sus componentes), porque puede que los personajes de Rohmer sean verborreicos, pero en la misma medida que lo son los de Tarantino, eso sí, cada uno habla de lo que conoce, ya sean conversaciones sobre el individuo y la individualidad, o sobre Big Mac y superhéroes.

Aunque El rayo verde esté contabilizado como la quinta “Comedia y proverbio”, sería lo justo englobarla junto con Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle, aunque sólo sea por las condiciones de rodaje: 16mm, cuatro mujeres (actriz, operadora, sonido, producción), sin subvención, orden cronológico, sin guión ni diálogos e improvisando. Ambas obras conectan también con los “Cuentos de las cuatro estaciones” en su relación con la naturaleza, que si bien siempre está presente en el cine de Rohmer, es en estos cuentos y estas indefinidas obras, donde cobra especial relevancia. Existe también un vínculo entre estos dos films y la segunda “Comedia y proverbio” La buena boda, y es en lo cargantes que resultan todas sus protagonistas. Posiblemente influenciadas por el verdadero carácter de sus intérpretes (Marie Rivière, Joëlle Miquel y Béatrice Romand), la consistente tozudez de estas protagonistas en encontrar el novio perfecto, mantener su ética desclasada intacta y encontrar marido a cualquier precio, respectivamente, resultan de lo más agresivo escrito nunca por Rohmer en la definición de personajes. Eso sí, el realizador da rienda suelta a su vena más malévola en La buena boda (La Beau mariage, 1982) cuando enfrenta directamente a su protagonista con el idílico pretendiente, que ciertamente, no tiene ya interés en casarse, sino ni siquiera en tener una simple relación amorosa.

Esta crueldad en La buena boda, expresada como bofetada a las más bien incorrectas poses morales de sus protagonistas, recordemos, mujeres en toda la serie de “Comedias y proverbios”, que al terminar el film han recibido un escarmiento del que no acaban por entender todas sus connotaciones. Como bien dice Serge Daney: «Un personaje rohmeriano no evoluciona, no cambia, no resuelve nada: es al final del film lo que era al comienzo y era al comienzo lo que era el actor más allá del film», y ni el protagonista de La mujer del aviador, ni cualquiera de los personajes de Pauline en la playa (Pauline a la plage, 1983) (librando al mefistofélico y, a su manera, brillante, Henri), o la protagonista de Las noches de la luna llena (Les nuits de la pleine lune, 1984), se ven capaces de interpretar los designios de sus avatares. Quedan en el más simple de los ridículos al verse superados por su circunstancia, sus estúpidos celos y su creencia a poder desenvolverse en la vida muy por encima de sus afecciones emocionales. Posiblemente la comedia más rica, entendida en su vertiente más hawksiana, sea Pauline en la playa, film brillante en su descripción de un corpúsculo de personajes definidos bien prontos en la película (en una secuencia brillantemente rodada, nada que envidiar a Jean-Luc Godard), y su caótico devenir, cuya culpa vendría repartida entre lo irreflexivo de sus actos y, cómo no, el azar poco casual habitado en los guiones de Eric Rohmer. La comedia se alargará en el tiempo bajo una mutación en nombres y geografía, y en el Cuento de verano podremos ver a una Pauline convertida en Margot, cuya novio habita en la Polinesia (no olvidemos que Henri vivía en Oceanía). ¿Es que la única manera de triunfar en la vida es ser definitivamente amoral? Quizá, pero para ello, esta amoralidad debe ser plenamente íntegra.

El amigo de mi amiga, El amor después del mediodía (L’amour après-midi, 1972), y a su manera, Les rendez-vous de Paris, funcionan como epílogos a las “Comedias y proverbios” y los “Cuentos morales” (la tercera es como un epílogo simpático), representando de manera menos sutil y quizás más agresiva los principios estéticos y dramáticos de las series. El amor después del mediodía es entonces el “Cuento moral” en que menos matices entran en juego, y cuyo protagonista es si cabe, el más perdido de la colección de los seis films. Si consideramos La panadera de Monceau y La carriere de Suzanne como films ingresados en lo temático, por más que la segunda tenga unos personajes inusualmente antipáticos en la filmografía de Eric Rohmer, pero alejados en la estética del grupo, sin duda, La coleccionista (La collectionneuse, 1966) queda como un film híbrido. Por una parte posee la ambigüedad moral de sus compañeras, pero a nivel de forma seguramente es lo más cerca que han estado nunca Eric Rohmer y Jean-Luc Godard. Los “Cuentos morales”, los ya citados más las magníficas Mi noche con Maud y La rodilla de Clara, es posiblemente lo mejor del trabajo de Eric Rohmer como cineasta. De hecho, como dice Enrique Alberich, la mítica secuencia en la que Jerôme por fin acaricia la deseada rodilla resume casi toda la filosofía de este jansenista del placer(11) a quien debe tanto el cine, el arte y la belleza: «La incidencia del azar que siempre es relativo, el aplazamiento del deseo como modo de objetivizarlo, la cerebralidad como vía para moderar la pasión, la táctica del autoengaño y, desde luego, la perversión de la moral al tomarla en vano, al acudir a ella como pretexto» (12).

(1) ROHMER, Eric. El cine, arte del espacio. Me permito, como homenaje a Rohmer, abrir el artículo de estudio con su primer párrafo publicado como crítico. Publicado en La Revue du cinéma, nº14, junio de 1948. Extraído de Eric Rohmer, el gusto por la belleza. La memoria del cine. Ed.Paidós. Barcelona, 2000.

(2) BAZIN, André. De la política de los autores . Cahiers du Cinema, nº 70, Abril de 1957. Extraído de La política de los autores. Pequeña antología de Cahiers du Cinema. Ed. Paidós Comunicación 145. BCN, 2003.

(3) Eric Rohmer a Jean-Claude Biette, Jacques Bontemps y Jean-Louis Comolli. Cahiers du Cinéma, Nº 172, noviembre de 1965.

(4) Pedro Almodóvar realizaría una fuga similar en Hable con ella, introduciendo un cortometraje con estética del cine mudo, para que funcionase tanto “como una metonimia de la violación, como una metáfora de la elipsis”, en palabras de Pascal Bonitzer.

(5) ROHMER, Eric. Orson Welles: Mr.Arkadin. Cahiers du Cinema, nº61, Julio 1956. Extraído de Eric Rohmer, el gusto por la belleza. La memoria del cine. Ed.Paidós. Barcelona, 2000.

(6) ROHMER, Eric. Vanité que la peinture, Cahiers, núm 3, junio 1951. Extraído de F. HEREDERO, Carlos; SANTAMARINA, Antonio. Eric Rohmer. Ed. Cátedra. Signo e imagen/Cineastas. Madrid 1991.

(7) ASSAYAS, Olivier. ¡Cuantos autores, cuantos autores! Sobre una política. Cahiers du Cinema, nº352-352, octubre y noviembre de 1983. óp. cit. en (2)

(8) Entrevista a Eric Rohmer por Jean Narboni. óp. cit. en (1) .

(9) «No veo para qué puede servir la música, si no es para arreglar una película mala. Sin embargo, una película buena puede perfectamente no necesitarla», óp. cit. en (3)

(10) Óp. cit. en (3)

(11) Cortesía de Jöel Magny

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