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UNA BROMA EN BERLIN

Ya Alfonso Peláez en la sesión anterior nos puso sobre la pista del genial director. Cameron Crowe, el autor del libro que pone título a este ciclo, cuando pudo concretar la cita para hacerle una entrevista en su despacho de Beberly Hills se encontró el mismo con la siguiente decoración:

Un corcho con una foto de Marlen Dietrich

Un colage fotográfico con su esposa Andrey

Wilder con Akira Kurosawa y Fellini

…Y encima de la puerta el famoso letrero diseñado por Saul Steinberg (caricaturista rumano) que decía ¿CÓMO LO HARÍA LUBITSCH?

ESE ERA WILDER

Del libro de Cameron sacamos algunas anécdotas de BERLIN OCCIDENTE: Es una de sus mejores películas. John Lund, le parecía un buen actor, que podría estar a la altura de los mejores. La protagonista Jean Arthur le fue a ver junto a su marido para protestar por la desaparición de un primer plano, y su predilección por la Dietrich. Al cabo de cuarenta años recibió una llamada desde Carmel, en el norte, y era Jean Arthur. He visto la película, aquella cosa en la que yo hacía de congresista, y es maravillosa, siento muchísimo las cosas que le hice. Y dos años después murió… porque había sido amable conmigo (risas)

A Wider se le ocurrió una versión distinta que consistía en hacer al teniente un judío ¿el teniente americano que tiene una aventura con un judío? Nos dio miedo confiesa en la entrevista.

John Lund, no consiguió ser un actor popular, pero lo equipara con Lemon y Mattau. Se inventaba frases durante los rodajes. Memorable es el intercambio del pastel en el mercado negro por un colchón para tener que hacer el amor más cómodamente en la casa de Dietrich, donde se le ocurrió la frase: “Con cuidado cariño, es el día de la madre”.

Es muy potente la primera aparición de Dietrich lavándose los dientes, semejante a la que hizo con faldas y a lo loco con Marylim.

Todo el film está lleno de miradas cruzadas, muy interesante la del pianista cuando canta “mercado negro”

La secuencia del archivador es tremenda. Una peli divertida, sobre un tema muy triste. Si me dan a elegir prefiero la de Rosselini, pero ahora nos toca Wilder. A disfrutar

FÉLIX ALONSO

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