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EL CIELO SOBRE BERLÍN

EL CIELO SOBRE BERLÍN (1987). Los ángeles de Wim Wenders.

 

Win Wenders, según sus propias palabras, después de pasar una temporada en EEUU, quiso volver a Berlín con la idea de hacer un film sobre ángeles y sobre la ciudad dividida por el muro. Le pidió a su amigo y guionista Peter Handke que escribiera la historia . De modo que el film se elaboró partiendo de una idea o un concepto claro, pero sin un guión completamente finalizado. Se comenzaron a rodar escenas sueltas en una especie de “brain storming” con los actores. El primer resultado fue un film casi mudo al que luego  se le fueron agregando en off, voces y pensamientos de los personajes. Dos ángeles observan Berlín desde las alturas y se acercan a los seres humanos con inmensa ternura. El film cuenta con las actuaciones de Bruno Ganzen el papel del ángel Damiel y Solveig Dommartin como Marion, la trapecista que vuela sin alas. Otto Sander es el otro ángel, Cassiel, que acompaña a Damiel. Un gran elenco de actores europeos no conocidos en el mercado estadounidense conforman la historia, a excepción de Peter Folk(el conocido detective Colombo) que se interpreta a sí mismo como actor que llega a Berlín para participar en  una película de intriga sobre La Segunda Guerra Mundial ubicada en Alemania. Los ángeles Damiel y Cassiel forman una curiosa pareja. Están entre los humanos sin que puedan ser vistos, sólo los niños se percatan de su presencia. Tampoco pueden tocarlos, ni hablarles, son meras presencias que pasan desapercibidas entre las personas. Pese a su gran bondad y sus intentos de cuidar a los humanos, no pueden actuar para modificar el curso de los acontecimientos.

Son meros testigos de situaciones emocionales críticas que sufren los humanos. Otra de las grandes cualidades que poseen consiste en “poder escuchar” los pensamientos de las personas. De este modo, logran adentrarse en la intimidad mundo emocional de cada cual, llegando a percibir si una persona se siente triste, abatida, decepcionada, preocupada, sola o angustiada antes que los demás. Curiosa manera la de Wim Wender para mostrar todo un sentimiento colectivo centrado fundamentalmente en los desastres de la guerra. El relato comienza el día que uno de ellos, dispuesto a interaccionar más con los humanos, se enamora de una joven trapecista. Un complejo relato que se nos muestra como una gran alegoría de las vivencias en una ciudad que todavía no ha podido recuperarse de su pasado. La Gran Guerra terminó hace décadas, pero el famoso “Telón de acero” se encarga de mantener indemnes los  recuerdos de las inmundicias humanas. Berlín, gracias al inmenso trabajo fotográfico de Henri Alekan  aparece como una gran metrópolis en la que junto a majestuosos monumentos observamos páramos desolados y grandes ruinas, recuerdos del intenso bombardeo que desoló esa gran ciudad. Postdamer Platz era todavía un espacio abandonado y sus calles reflejaban aún la separación por el muro.
Con una ambientación congruente con la fecha de la película, 1987  y el telón de acero como fondo, Wim Wenders  utiliza la magia , valiéndose del gran trabajo fotográfico de Henri Alekan, para adentrarnos en el drama vivido por los alemanes durante su período de post guerra. Es una cinta rodada casi en blanco y negro en su totalidad, labor que llevó a cabo el fotógrafo francés. Para conseguir separar el mundo terrenal de aquel en que los ángeles aparecen en escena, se optó por utilizar el monocromo frente al color, el cual sólo tiene cabida en escenas puntuales. El blanco y negro utilizado por Alekan, es un blanco y negro que se nos antoja añejo, dota a las escenas de un espacio tiempo clásico, solemne, alejado del universo de colores pop de finales de los 80 que inundan la pantalla en los momentos donde se prescinde del monocromo. No se trata de un B/N nítido, más bien utiliza un tipo de tonos cercanos al sepia, con una especie de bruma que al mostrar bellísimas imágenes de la ciudad, ya sea desde el cielo en contrapicado o desde el suelo en poderosos ángulos, nos trasladan a otra dimensión en el tiempo. Es una película que se empezó a rodar apenas con varios diálogos, donde la imagen es un elemento más del guión y la fotografía como tal es abrumadora y poética. De hecho hay planos fijos con fotogramas que nos invitan a deleitarnos con encuadres de paisajes urbanos y contrapicados elaborados por la enorme sensibilidad de Henri Alekan.

Frase para recordar: 

“Cuando el niño era niño caminaba con los brazos abiertos.

Quería que el riachuelo fuera un río, el río un torrente y el charco el Mar.

Cuando el niño era niño, él no sabía que era un niño, todo en él era alegría.

Todo le parecía lleno de vida, y todas las almas una sola.

Cuando el niño era niño, no tenía opinión sobre nada, no tenía costumbres,[…]Y nunca hacía muecas al hacerse fotos.”

Título original: Der Himmel über Berlin  (Wings of Desire.

Director: Win Wenders.

Intérpretes: Bruno Ganz, Peter Falk, Solveig Dommartin, Otto Sander, Curt Bois, Hans Martin Stier, Elmar Wilms, Lajos Kovacs, Bruno Rosaz. 

Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

 

 

 

 

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