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Comentario Fassbinder y Berlin Alexanderplatz

Berlin Alexanderplatz,la novela de alfred Döblin se considera una “novela moderna” por muchos aspectos: no solamente por la ruptura con el carácter tradicional de héroe y con la estructura cronológica de relato, sino también por el uso de nuevas maneras de narrar (monólogos interiores, combinación de distintos niveles de lenguaje y puntos de vista…) y por el constante uso del collage intertextual (mezclando textos de canciones, titulares de los periódicos, transcripciones de sonidos, etc.).

Berlin Alexanderplatz,la novela de alfred Döblin se considera una “novela moderna” por muchos aspectos: no solamente por la ruptura con el carácter tradicional de héroe y con la estructura cronológica de relato, sino también por el uso de nuevas maneras de narrar (monólogos interiores, combinación de distintos niveles de lenguaje y puntos de vista…) y por el constante uso del collage intertextual (mezclando textos de canciones, titulares de los periódicos, transcripciones de sonidos, etc.).
La historia se sitúa en el barrio de clase obrera Alexanderplatz en el Berlín de los años 20, y empieza con la salida de la cárcel de Franz Biberkopf. Döblin describe su lucha y su desdicha al intentar buscar por los submundos de Berlín un futuro y su intención de convertirse en “un hombre nuevo”.Rainer Werner Fassbinder la convirtió en una serie de televisión de 15 horas y media de duración, en 1980.La fundación Rainer Werner Fasbinder ha decidido restaurar la polémica cinta compuesta de 14 capítulos, en un total de 15 horas y media de duración, con la intención de reestrenarla en los cines (en presentaciones especiales en diferentes festivales) y luego en formato DVD. El trabajo de restauración estará a cargo del director de fotografía, un productor y el editor de la película, asegurando así un trabajo de primer nivel.
l Fassbinder (Bavaria, 1945-1982) nunca fue un cineasta al uso, así que de él no podía esperarse una serie al uso y lo cierto es que procura nadar en la dirección contraria. Mientras las reglas de la televisión imponen que cada episodio es una unidad narrativa dependiente del todo, que debe saturar por una acumulación de acontecimientos que no permiten que la acción decaiga, Fassbinder usa el tiempo para escudriñar a fondo y sin restricciones, tomándose libertades como el cuarto capítulo (titulado Un puñado de gente en las profundidades del silencio), en el que la acción no avanza ni un milímetro, o incluir un epílogo de dos horas totalmente desconcertante que aparece desvinculado del estilo narrativo de la serie y da pistas que redimensionan el todo. A lo largo de sus 940 minutos penetra hasta la intimidad del personaje, lo revisa desde todos los ángulos, y también explora su entorno, ese barrio agitado, económicamente en crisis, y los personajes que se acercan a Biberkopf: Mieze, la niña prostituta que le ama (jovencísima Barbara Sukowa); Eva, una antigua amante (Hanna Schygulla, actriz fetiche del director) y Reinhold Hoffmann (Gottfried John), el hombre que le despierta sus más escondidos secretos homoeróticos.
“Lo crucial de Berlin Alexanderplatz no está en la historia sino en la estructura”, había declarado Fassbinder en el momento de su emisión para enfatizar que en sus manos el libro no había perdido su esencia. Y es que la novela de Döblin ha pasado a la historia de la literatura alemana como un importante bastión del modernismo. Rompe con la figura tradicional del héroe e introduce como parte de su propia narrativa letras de canciones, noticias de los periódicos e incluso onomatopeyas de sonidos cotidianos de la ciudad. Todo ello le daba un carácter marcadamente cinematográfico. De hecho, el mismo Döblin colaboró en el guión de cine que Piel Jutzi hizo en 1931, apenas a tres años de su publicación.
Contrariamente a lo que pudiera pensarse, la serie Berlin Alexanderplatz no tuvo buena acogida durante su primera emisión en Alemania pero en Estados Unidos se convirtió en obra de culto al instante y le allanó el terreno a Fassbinder para sus incursiones en Hollywood. El joven cineasta alemán Tom Tykwer (Corre, Lola, corre) recuerda que, años después, los alemanes compraban la obra en formato VHS en Estados Unidos porque en Alemania no estaba editada. Rodada en 16 milímetros y pasada luego al formato de televisión, la calidad de la imagen nunca fue óptima. Por iniciativa de la Fundación Fassbinder y Bavaria Media, bajo la supervisión de Xaver Schwarzenberger, el director de fotografía, se procedió a recuperarla para el formato digital a 25 años de la muerte del célebre realizador. Su reestreno fue uno de los acontecimientos del Festival de Berlín 2006, coincidiendo con una importante retrospectiva del realizador. “La diferencia básica entre el original y la nueva versión digital es que ésta se ve”, bromeaba Schwarzenberger durante la primera proyección. Ahora, por primera vez, esta pieza recuperada y remasterizada de Fassbinder aparece en español en un pack de seis discos editado por Cameo, que permite redescubrir la que está considerada una de las obras más complejas e importantes de su enorme catálogo de títulos.
Es difícil abarcar toda la obra de Fassbinder, un creador compulsivo y prolífico que consiguió dirigir 44 películas entre 1966 y 1982, año en que murió de una sobredosis de droga, y que se suman a una cantidad no menor de colaboraciones como actor, guionista, dramaturgo, productor, director de fotografía o compositor de proyectos cinematográficos y teatrales propios y ajenos. Enmarcado junto a realizadores como Werner Herzog o Wim Wenders dentro de lo que se dio por llamar el Nuevo Cine Alemán, las películas de Fassbinder fueron únicas y lo más parecido a ellas es su propia vida e ideas radicales. Célebre por su carácter volátil y malhumorado, vistiendo siempre una chupa de cuero negra, el cineasta llevó una doble vida: la de artista compulsivo y disciplinado, y la de bohemio nocturno que pululaba por bares gay en busca de sexo y drogas. Se casó dos veces y aunque nunca ocultó sus preferencias sexuales, su cine llegó a ser homófobo en ocasiones, y muchos críticos lo han señalado incluso como antisemita y desagradable. En general, sus películas tratan historias de seres marginados y pequeños, oprimidos sociales siempre al borde del abismo. Y es así aún en sus producciones de corte histórico (El matrimonio de Maria Braun, Effie Briest y, desde luego, Berlín Alexaderplatz) con esos tétricos personajes-perdedores que no contrastan demasiado con los antihéroes de sus dramas más sórdidos (el ángel exterminador de Querelle o el protagonista de La ley del más fuerte, interpretado por él mismo, en su película más personal y tremenda).
A pesar de ausencias lamentables como El matrimonio de Maria Braun (1979), Lili Marleen (1981) o su terrible tragedia lésbica, Las amargas lágrimas de Petra Von Kant (1972), Fassbinder regresa estos días renovado a las tiendas de vídeo locales. Junto a la reaparición íntegra de Berlin Alexanderplatz se ofertan también dos packs que contienen una nada desdeñable selección de cuatro filmes tardíos, en el editado por Avalon dentro de la colección Fnac (de venta solamente en estas tiendas), y una lata de lujo, con 10 títulos de sus años tempranos, editados por DeaPlaneta. En el primero se recogen el drama decimonónico Effie Briest (1974); La ley del más fuerte (1975), un filme imprescindible; El mercader de las cuatro estaciones (1972), en la que un álter ego suyo, un hombre hijo de burgueses atiborrado de deudas, se suicida con alcohol, y Querelle (1982), obra póstuma y maldita, levantada a partir del texto descarnado, oscuro y poético de Jean Genet, que cuenta bajo un ambiente marcadamente teatral la peripecia de Querelle (Brad Davis), un marinero bello y mortal por el que sucumben hombres muy machos y mujeres muy tristes. Adicionalmente, este pack oferta el interesante documental Fassbinder en Hollywood, que narra la aventura, no siempre feliz, del cineasta en Estados Unidos.
El otro pack, presentado en una decorativa caja en forma de lata de película, atesora verdaderas rarezas con un total de diez de sus filmes tempranos, muchos de ellos portadores de claves y pistas para comprender su complejo universo poético. Son: El amor es más frío que la muerte (1969), uno de sus primeros éxitos (también editado recientemente de manera individual por DeaPlaneta); Kazelmacher (1969), la historia triste de un emigrante griego que sufre ataques xenófobos en Alemania; el drama de gánsteres El soldado americano (1970), con resonancias de cine negro; Dios de la peste (1970), historia de un triángulo amoroso fatídico que acaba en asesinato; la curiosa El viaje de Niklashausen (1970, para televisión), filme atípico que explora el papel de la religión a través de la historia de un monje que dice que la Virgen le ha incitado a una revolución social; Rio Das Mortes (1971, también para televisión) que habla de las ilusiones de dos cándidos obreros alemanes que planean viajar a Perú para encontrar un tesoro enterrado; Atención a esa prostituta tan querida (1971), ejercicio de cine dentro del cine sobre un equipo que espera por su director que ha desaparecido; El asado de Satán (1976), la historia de un poeta anarquista sin blanca; la terrible La ruleta china (1976), en la que una adolescente macabra planea una venganza cruel contra sus padres y sus respectivos amantes, y el telefilme Miedo al miedo (1979), con una mujer entregada al alcohol y las pastillas ante el acoso de su suegra y su cuñada.



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