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¿Por qué William Faulkner se ha metido en el juicio al ‘procés’?

¿Por qué William Faulkner se ha metido en el juicio al ‘procés’?


 

Partidarios y detractores del Nobel estadounidense hablan de la vigencia del autor de ‘Luz de agosto’


BARCELONA

El martes, en el juicio del procés, el abogado de Joaquim Forn, Javier Melero, cerró su alegato recordando una escena de la películaAmanece que no es poco (1989) donde “el guardia civil, el catalán Sazatornil, decía que el mayor problema de orden público que podía producirse era criticar a William Faulkner porque allá eran todos fanáticos de Luz de agosto. Pues eso espero, que reconstruyamos una España en la que solamente nos discutamos por William Faulkner”. En la película dirigida por José Luis Cuerda, en efecto, un escritor argentino afincado en el pueblo escucha la severa reprimenda de la autoridad encarnada por José Sazatornil, quien, tras recriminarle su matrimonio heterodoxo y el sombrero que lleva, exclama: “Y ahora, para rematar, me dicen estos amigos que ha escrito usted Luz de agosto, la novela de Fulkner (sic), ¡de William Fulkner! ¿No podía usted haber plagiado a otro? ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Fulkner?”. Antes de llevárselo detenido, lo conduce ante el cura, interpretado por Cassen, para que le confiese de tamaño pecado.

Cuenta el escritor Enrique Vila-Matas que “a finales de los sesenta, leyendo Una meditación de Juan Benet –admirador evidente de su obra– llegué a Faulkner, del que siendo yo muy extremadamente joven había oído hablar a Gabriel Ferrater, que solía decir que le había leído mucho, pero no se acordaba de nada, salvo que era ‘una bestia racista’. Me impresionó Santuario, aunque lo leí en una traducción parece que pésima de la colección Austral. Pero aunque estuviera mal traducido uno se hacía una idea de la complejidad e inteligencia de lo narrado. Bolaño sí que era un buen conocedor de la obra de Faulkner. Descubrí hace poco que la bella y misteriosa cita de Faulkner que encabezaba Estrella distante (“¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?”) no era apócrifa como tantos de sus lectores creían sino que pertenecía a The Marble Faun and A Green Bough: ‘what star is there that falls, with none to watch it?’”

Vila-Matas: “Gabriel Ferrater decía que lo leyó mucho pero no recordaba nada, sólo que era ‘una bestia racista’”

Cada año se publican nuevas ediciones de los libros de Faulkner, en editoriales como Alfaguara, Edicions de 1984, DeBolsillo, Navona, Alianza, Cátedra, Anagrama… Josep Cots, editor de 1984, acaba de publicar Mentre em moria y, para 2020, anuncia Palmeres salvatges.Destaca “su extraordinaria capacidad descriptiva y profundidad psicológica. Yoknapatawpha, su condado imaginario, concentra todos los elementos de la sociedad contemporánea, la América profunda. Tiene una capacidad de lenguaje brutal, con una construcción totalmente experimental, siempre en diversos planos, nunca lineal. Y todo, con referencias a los clásicos y la mitología”.

 

La traductora al catalán Esther Tallada confiesa que “la primera vez que me lo propusieron lo rechacé pensando que era mucho trabajo. Ha sido de lo más difícil –y estimulante– que he hecho, con esas frases tan largas que avanzan y retroceden, dando rodeos y al final te das cuenta de que son circulares, porque acaban como comienzan”. Otro aspecto complejo es “el lenguaje coloquial, y sus palabras inventadas, entre 80 y 100 solamente en Luz de agosto”.

La discusión entre partidarios y detractores no es ficticia. La némesis de Faulkner es Hemingway, el hombre de las frases cortas, y ambos intercambiaron en vida puyazos considerables. Faulkner opinaba que la prosa de Hemingway era simple y sin audacia, dijo de él que nunca se subía a una rama y que “para leerle no es ni siquiera preciso el diccionario”. La réplica del autor de El viejo y el mar, de Nobel a Nobel, fue: “Pobre Faulkner. ¿Cree realmente que las grandes emociones provienen de las grandes palabras? Él cree que yo no conozco palabras enrevesadas. Las conozco todas. Pero existen otras palabras, más antiguas, más simples y mejores, y esas son las que yo utilizo”.

Hemingway: “Pobre Faulkner. ¿Cree realmente que las grandes emociones provienen de las grandes palabras?”

En webs como Goodreads, también se encuentran opiniones negativas de lectores actuales, que ven a Faulkner “demasiado complejo” o que sencillamente confiesan no haber entendido nada de partes de las novelas. “Encontré un día una página con Consejos para leer a Faulkner –cuenta Tallada– y ahí decían que no había que acongojarse si no se entendía todo, que se trata de captar la sensación, dejarse llevar”.

Miriam Paulo, su editora en DeBolsillo, explica que “no es un autor de grandes ventas pero sí de un fondo que se va vendiendo con constancia cada año, tiene lectores fieles. En una encuesta que hicimos en Penguin, aparecía entre los clásicos que más marcaban a los lectores, sobre todo con El ruido y la furia”.

Un faulkneriano confeso, el bloguero literario Jan Arimany, destaca “la libertad que su estilo desprende y cómo entra en la mentalidad de sus personajes, aunque se trate de un autista, no solo te lo hace comprender sino vivirlo en primera persona”. Arimany cree que el problema de los que lo rechazan “se debe a que empiezan con El ruido y la furia, de los más complicados, y es mejor entrar, por ejemplo, con Luz de agosto. No conozco a nadie que haga ese recorrido y lo rechace”.

 

Como ven, hay tema de debate para ese futuro muy lejano en que, en las tabernas y el transporte público, nos preguntemos: “¿Y tú, eres de Hemingway o de Faulkner?”.

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