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EL VIEJO TOPO

SELECCIONAMOS EL ARTICULO DE MIGUEL RIERA QUE APARECIO EN LA REVISTA EL VIEJO TOPO CON MOTIVO DE SU ANIVERSARIO.ANIMAMOS A SU LECTURA Y A SEGUIR COMPRANDOLA CADA MES.

El Viejo Topo nº 229, Febrero 2007

 

Parece que fue ayer, pero se han cumplido ya 30 años de la aparición de El Viejo Topo . La revista irrumpió en los quioscos en noviembre de 1976, tras casi dos años de peleas (¿o fue sólo uno? Ay, la memoria…) con el Ministerio de Información para conseguir el imprescindible permiso. Para sorpresa de todos -y a pesar del nombre, tan exótico para los quiosqueros-, el éxito fue fulminante. Se alcanzó rápidamente una tirada (real) por encima de 30.000 ejemplares, con picos que alcanzaron los 50.000.
¿Las causas? Seguramente su contenido, tan radical como plural; la priorización del debate por encima del axioma dogmático; la apertura a los entonces nuevos movimientos, hijos del 68 (feminismo, ecologismo, liberación sexual, etc.); el tratamiento de la cultura y la contracultura; el respeto a la disidencia; un diseño entonces tan innovador que consiguió el premio Laus…
No fue, sin embargo, un camino de rosas: las visitas a los juzgados fueron frecuentes (por atentar a la seguridad interna del Estado, nada menos); los secuestros de ejemplares por la policía, el pan nuestro de cada día; hubo alguna amenaza de bomba; y, para rematar la faena, el intento de captura de uno de sus co-directores por parte de un grupo paramilitar armado el día del tejerazo. Al final, sin embargo, todo quedó en agua de borrajas y la revista prosiguió su andadura, hasta que en 1982 echó el cierre, un cierre provisional que duraría unos años.
Ahora, para celebrar esos treinta años de su nacimiento, Jordi Mir ha efectuado una antología con algunos de los textos más interesantes de entonces, reproducidos en edición facsímil. Quien se interese por esa recopilación puede encontrarla en librerías, o en su defecto, en nuestra web (www.elviejotopo.com). Los textos que incluye dibujan, mejor que cualquier ensayo, cómo éramos y cuáles eran nuestros sueños en aquellos creativos y vibrantes años setenta.
Pero ahora, treinta años después, ¿qué hacer? Pues como alguien dijo en Porto Alegre: pasar de la protesta a la propuesta. Ayudar a convertir en política esa reacción rebelde que irrumpe de uvas a peras, mostrándose a veces en toda su magnitud, como ante la invasión de Iraq.
Por supuesto, no es fácil formular propuestas. Ni es fácil transformar en política el desasosiego de tantos. Probablemente estamos en un cambio de época del que no podemos ser totalmente conscientes. Probablemente el sujeto político capaz de afrontar ese cambio desde la izquierda y con posibilidades reales de transformar el sistema, está por inventar. Probablemente.
¿Se puede, desde una revista, ayudar a que se formulen esas propuestas, a que se construya ese sujeto? Sí, en la medida en que se ayude a develar la realidad, en sentido profundo. Sí, en la medida en que ahí se levante el velo de las razones últimas (políticas, geoestratégicas, económicas…) que suelen estar ocultas tras la demagogia y la mentira. Sí, si nos desembarazamos de lo “políticamente correcto” (porque también hay cosas “políticamente correctas” en el seno de la izquierda) y nos enfrentamos a los nuevos problemas con una mirada nueva. Sí, en la medida en que la revista, que no es más que la suma de las opiniones y propuestas de los que colaboran en ella, intente seleccionar, obviamente dentro de sus posibilidades, lo más novedoso, lo más creativo, lo más radical (es decir, yendo a la raíz del asunto) que la sociedad produzca.
Eso ha querido hacer, en esta segunda etapa de su historia, El Viejo Topo . Lo que, con mayor o menor éxito, ha intentado. Lo que pretende, mes a mes, desde sus páginas. Con toda la modestia del mundo, y también con toda la impertinencia. Mirando lo que pasa en casa y lo que pasa fuera. Siguiendo los surcos que trazan los nuevos movimientos sociales. Denunciando una y otra vez los imperialismos (pues no hay uno sólo, por más que ese uno que todos tenemos en la cabeza sea ultrapotente). Observando con esperanza los cambios que irrumpen en América Latina. Preocupándose por el dolor y la muerte, allí donde acontezcan. Incorporándose a las nuevas tecnologías (en la web www.elviejotopo.com el lector hallará un buen puñado de artículos). Profundizando lo tratado en la revista a través de una creciente labor editorial.
El viejo topo cava y cava. Hoza y hoza . El Viejo Topo trata de imitarlo. El viejo topo cualquier día, en el lugar menos pensado, asomará la cabeza. El Viejo Topo trata de hacerlo cada mes.
Aunque hace ya treinta años que se produjo la primera cita, el compromiso continúa.

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