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LA SERENA INTELIGENCIA DE KOLAKOWSKI

Y así seguimos mientras cada tarde, mientras sobre la plaza caen las sombras

Claudio Rodríguez

 

El pensamiento de Leszek Kolakowski es profundo, escéptico, atractivo, rebelde y crítico. Hace tiempo que no se habla de él pero sus planteamientos vitales e ideológicos fueron intensamente debatidos, en la segunda mitad del siglo XX, y sirvieron para despertar y sacudir no pocas conciencias dormidas o al menos aletargadas.

Fue un intelectual honrado y un marxista heterodoxo de referencia. Supo hacer frente a los retos del momento histórico que le toco vivir y se enfrentó con valentía a dogmatismos, presiones  y ataques por parte de quienes se creían en posesión exclusiva de la verdad, en tanto que él, lucidamente sostenía, que la verdad se persigue, pero quizás, no se alcance nunca.

Nació en Polonia en 1927 y llegó a ser catedrático de Historia de la Filosofía en Varsovia. Pronto comprendió, sin embargo, que sus planteamientos críticos y sus ideas frescas e  innovadoras no tenían cabida en un universo cerrado y hostil.

En 1968, año vinculado a revueltas estudiantiles: mayo francés, Checoslovaquia, Méjico o las norteamericanas contra la guerra del Vietnam, comprendió que los parámetros ideológicos estaba cambiando, y que la forma de entender el mundo no respondía por más tiempo a los viejos clichés

Tuvo que exiliarse, tras las presiones y hostigamientos del gobierno polaco. Se instaló  en Oxford (Gran Bretaña) y más tarde en Estados Unidos, donde dio pruebas de su independencia de criterio en su estancia en las universidades de Berkeley, Chicago y Yale.

Es importante plasmar los logros y los planteamientos más avanzados de un pensador pero no es de menor relieve, señalar de donde partió.

Fue implacable con el conformismo, el sometimiento voluntario o el cobarde mirar hacia otro lado, frente a realidades tan siniestras como el aplastamiento de la disidencia, los gulags, o la complacencia, con represiones y crímenes que cada vez eran más difíciles de ocultar, criticó con firmeza los totalitarismos, en plural, atreviéndose a denunciar el régimen soviético, denominándolo dictadura, actitud en la que coincidió con algunos miembros destacados de la Escuela de Frankfurt.  Fue capaz de evolucionar desde un marxismo ortodoxo a otro heterodoxo. Se atrevió a defender que el marxismo era compatible con la democracia, abandonando y superando los rígidos esquemas de una visión escolástica y estaliniana de la realidad y rescatando el pensamiento del joven Marx.

Su mirada es escéptica, burlona, crítica y distanciadora. Practica una suerte de relativismo crítico que le aleja del dogmatismo y de una visión cerrada y servil.

Sus ataques molestaban a todos los enemigos de la libertad. Plasmó con valentía los ocultos planteamientos reaccionarios, que se agazapaban tras el fin de las ideologías y, que pretendían acabar con la reflexión política como hecho público y moral, recurriendo a interpretaciones maniqueas bajo disfraces de neutralidad y equidistancia.

Advierte, con sagacidad, la progresiva incapacidad para la argumentación racional y las amenazas y artimañas diseñadas para descalificar y arrinconar a toda forma de disidencia.

Reflexiona con rigor sobre el concepto de tolerancia y es sumamente beligerante con quienes defienden el concepto de dictadura de la verdad, que les resulta muy útil para aplastar todo asomo de crítica. Los grupos que detentan el poder procuran evitar el autoconocimiento de los ciudadanos y despliegan toda una serie de estrategias para incrementar la falsa conciencia y conseguir más fácilmente la sumisión.

Analiza los sofismas bajo los que actúan los enemigos del pensamiento libre, como el de que la verdad tiene prioridad sobre el derecho a la crítica.

Para Kolakowski el conocimiento es necesariamente fragmentario  y quienes presumen de conocerlo en su totalidad están condenados a la parálisis y al inmovilismo. Parecen muy actuales sus puntos de vista sobre corrupción y democracia. Sostiene que donde hay elecciones libres no existen garantías de que puedan elegirse a personas corruptas o arribistas. Es de gran interés el punto de vista desde el que se analicen los hechos. He aquí como Kolakowski plantea el problema. Radica su argumentación en analizar, con rigor, qué sistema, el dictatorial o el democrático, ofrece mayores posibilidades de encauzar y satisfacer las aspiraciones y necesidades de la sociedad. Basta echar una ojeada a cualquier dictadura, con su corrupción sistémica, para orientar las respuestas. Otras ideas de calado de Kolakowski son su defensa de la democracia económica o su oposición a todo planteamiento determinista.

Quiso incidir, especialmente, en que no puede haber socialismo sin esperanza en él. Afirma que no existe certeza sobre su viabilidad pero, tampoco, prueba alguna de lo contrario. Concibe el socialismo como una perspectiva abierta por la que se puede luchar para su realización. También, es de calado su tesis de que los poderes reprimen o suprimen a quienes les molestan, presentando este procedimiento, típicamente totalitario, como una garantía de seguridad mostrándose a sí mismos como los defensores de la seguridad de unos ciudadanos siempre considerados menores de edad.

Kolakowski escribió más de treinta obras, muchas de las cuales, hay que rescatar y repensar porque nos siguen ayudando a sortear muchos obstáculos y nos guían para encontrar la salida a este laberinto en el que nos movemos a ciegas.

Señalaré, como las más combativas: “Hacia un marxismo humanista” donde sus argumentaciones tienen un cierto paralelismo con Albert Camus, “Las preguntas de los grandes filósofos” y, sobre todo, “Las principales corrientes del marxismo” , los tres volúmenes de que consta van desde los fundadores hasta la crisis actual, pasando por lo que Kolakowski llama la edad de oro.

Es quizás, el más completo historiador del marxismo. Realiza su labor con desparpajo, con ironía y no se limita a describir los hechos sino que son de gran valor las valoraciones y los enfoques críticos de los diversos problemas que va analizando.

Por apuntar sólo alguna de las  ideas que siguen haciendo imprescindible o, al menos conveniente, su consulta me limitaré a señalar que: describe el capitalismo como un mundo deshumanizado, analiza con finura analítica la explotación y las contradicciones del capital y se ocupa de la dialéctica de la naturaleza. Aparecen, a lo largo de sus páginas, figuras de relieve y, que frecuentemente han sido silenciadas o postergadas,  como Rosa Luxemburgo o Jean Jaurès, así como el Italiano Antonio Lebriola, precursor de tantas cosas o el austromarxismo o el socialismo ético de los kantianos o neokantianos.  Analiza con penetración el marxismo soviético y las controversias que tienen lugar en su seno y expone, con brillantez, el pensamiento crítico de Antonio Gramsci o los planteamientos de filosofía política de Marcuse. Por último, me parecen de mucho interés las páginas dedicadas a Ernst Bloch y su consideración del marxismo como gnosis, e incluso unas reflexiones, medidas pero de gran valor, sobre la nueva izquierda.

Es obligado hacer algunas rápidas consideraciones sobre la utopía. Formula con precisión que “las metas inalcanzables ahora, no se realizarán nunca si no se formulan ni conceptualizan, cuando todavía son inalcanzables”  dando así carta de naturaleza a la tesis de que la existencia de la utopía es el resultado previo imprescindible para que antes, o después, deje de serlo.

Antes de finalizar, es de justicia, dejar plasmado su “aviso para navegantes” de que cuando un partido político de izquierdas prescinde de su base ideológica acaba siendo inoperante e irrelevante. “Un partido político, que no tenga una auténtica base ideológica, puede existir durante largo tiempo en estado vegetativo, pero se derrumbará como un castillo de naipes, tan pronto como se tropiece con dificultades.

Concede un valor relevante a la duda, “El papel cultural de la Filosofía no consiste en aportar verdades, sino en cultivar el espíritu de la verdad”

Merece la pena que nos hagamos, como colofón a esta liviana aproximación a su pensamiento, al menos las siguientes preguntas: ¿Sigue siendo útil repensar a Kolakowski?, ¿En qué acertó?, ¿En qué se equivocó?, ¿Qué aporta su marxismo crítico y heterodoxo? ¿Qué ideas y análisis merece la pena rescatar y poner en valor?

Me parece obligado recordar que asumir críticamente las aportaciones de un filósofo no supone, en modo alguno, dar validez a la totalidad de sus postulados, muy al contrario, en este momento en que el pensamiento parece desnortado y las ideas críticas brillan por su ausencia es  muy útil rescatar y repensar a pensadores, desechando lo que hay en ellos de trasnochado o caduco, y recogiendo lo que de vitalidad y de palanca para proyectarnos hacia una sociedad más justa e igualitaria hay en sus análisis de la realidad.

Para mi sigue siendo útil volver, con frecuencia, a Kolakowski… y usted ¿por qué no lo intenta?

Antonio Chazarra

Profesor de Historia de la Filosofía

 

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